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La Paciencia: Raymond Radiguet, con El diablo en el cuerpo

El diablo en el cuerpo por Raymond Radiguet

El diablo en el cuerpo por Raymond Radiguet

“Solo dos obras narrativas y una serie de poemas dejó Radiguet. En efecto, tanto en 'El diablo en el cuerpo' como en 'El baile del conde de Orgel' hay el recuento de situaciones de seducción transgresoras”

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El 12 de diciembre de 1923 fallecía en París a los veinte años de edad quien sería conocido como una de las figuras más meteóricas de la literatura del siglo XX. En efecto, Raymond Radiguet fue extremadamente precoz y experimentó el fenómeno literario como un clarividente en relación a sus contemporáneos. La conmoción que causó en el grupo de artistas con los que se vinculó durante su brevísima vida fue notable. Representantes de los diversos ismos que estaban apareciendo estuvieron presentes en los eventos fúnebres del joven escritor. La misma Cocó Chanel corrió con los gastos del entierro. Jean Cocteau, quien amó profusamente al joven prodigio, estuvo tan devastado ante la fatalidad que ni siquiera pudo salir de su casa durante varios días. Luego, él mismo comentaría que su propio descalabro con las drogas ocurrió a raíz de esta tragedia.

La historia de esta figura se inició unos pocos años antes cuando ataviado en un estilo muy singular y que denotaba un cierto aire de enfant terrible se presentó ante Cocteau. Este último simplemente se estremeció ante el fenómeno que tenía ante sí. De esta forma, diría tiempo después: en cuanto conocí a Raymond Radiguet puedo decir que intuí su estrella (…) Era menudo, pálido, miope; el pelo mal cortado le caía por el cuello y le ponía patillas. Hacía muecas como al sol. Daba saltitos al andar. Parecía que para él las aceras eran elásticas.

En cuanto a su escritura, no sólo era asombroso el grado de madurez que la misma tenía en relación con la edad de quien la elaboraba, sino su originalidad. Sus planos discursivos incluían un potente drama psicológico. En relación a los poemas de este joven genio, el propio Cocteau expresaba que no tenían nada que ver con ninguno de los de aquella época (…) Más bien iban a contracorriente de la época y no se asentaban en nada anterior.

Solo dos obras narrativas y una serie de poemas dejó Radiguet. En efecto, tanto en El diablo en el cuerpo como en El baile del conde de Orgel hay el recuento de situaciones de seducción transgresoras. La primera –su obra cumbre– apareció a la luz pública a comienzos de 1923, año de la muerte por fiebre tifoidea del artista. La segunda apareció al año siguiente de su fallecimiento. En ambos casos  contaron con el apoyo de Cocteau quien fue clave para que el joven obtuviese el premio Nuevo Mundo, que le permitió vivir sus últimos tiempos de manera cómoda e incluso desenfrenada.

El lenguaje de El diablo en el cuerpo es conciso y sin rebuscamiento. En esta obra es relatada  la relación adúltera de un adolescente con una mujer un poco mayor que él y que estaba casada con un soldado que prestaba servicio durante la Primera Guerra Mundial. El gran logro de esta pieza consiste en el tratamiento despectivo que se da a la situación bélica, la cual aparece en un último plano en contraposición con la historia de amor y transgresión de los protagonistas. Incluso hay referentes a lo que fue la propia estética vital del autor cuando en el texto aparecen comentarios en torno a Baudelaire, Verlaine y Rimbaud. La dimensión psicológica es muy profunda, algo que resulta asombroso para un escritor de  esa edad.

De hecho, nunca faltaron las comparaciones entre la vivencia de Cocteau y Radiguet con el amor loco que experimentaron Paul Verlaine y Arthur Rimbaud. No obstante, a pesar de la vida de disipación que tuvo Radiguet había rasgos sumamente preclaros en él. Cocteau mismo afirmaba que a pesar de su edad, el joven se había convertido en un maestro para sus mayores. Esa lucidez extrema se dio en varias oportunidades, incluso cuando previó su propia muerte. Así, quizá llegó a poner en palabras su propio fatum al referirse a que un hombre desordenado y que va a morir y que no lo duda suele poner orden a su alrededor. Su vida cambia. Clasifica sus papeles. Se levanta temprano, se duerme a buena hora. Renuncia a sus vicios. Su muerte brutal parece todavía más injusta. ¿Viviría feliz?

La propia vida de este autor, algún tiempo antes de morir, pasó en efecto por un período de relativa sobriedad en la que fue prolijo en su quehacer literario. En sus últimos días, aquejado por una fiebre continua y un frenesí constante, el joven no dejó de estremecer a su mentor cuando le dijo el nueve de diciembre de 1923: Escuche una cosa terrible. Dentro de tres días seré fusilado por los soldados de Dios. De esa forma, el doce de diciembre Raymond Radiguet moría.