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La Paciencia: Porno para mujeres y para hipsters

“Otra figura inscrita en el porno fetish, así como en la estética refinada, es Nina Hartley”

“Otra figura inscrita en el porno fetish, así como en la estética refinada, es Nina Hartley”

“Haciendo una panorámica superficialísima y poco ortodoxa de lo queer, habría que decir que este constructo sostiene que los sujetos devienen más allá de las categorías clásicas en cuanto a heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad y transexualismo”

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Las nuevas modalidades del porno, incluyendo al posporno, han significado una verdadera vuelta de tuerca estilística. Han pasado años ya desde las primeras apuestas serias en este género con el denominado porno chic de los setenta, caracterizado por un intento de emular el cine mainstream, así como por la abundancia de tópicos transgresores y tabú. Paradójicamente, justo durante los años ochenta cuando comenzaba la mengua estética del cine lujurioso, luego del florecimiento inicial, se producían en el mundo académico una cantidad de tendencias que redundarían en el auge actual de la industria. Pienso especialmente en los estudios de géneros y en el posestructuralismo. Asimismo pienso en lo queer, al igual que en las primeras apuestas en el contexto posporno de Candida Royalle, quien habiendo sido actriz fundadora del género, luego se volcó hacia la terapia sexual y a la realización de producciones en donde el eje era la mirada femenina y no lo falocrático. En este caso ya las tramas no concluirían con la eyaculación masculina, sino que apostarían por un abordaje sensual en su totalidad.

Los trabajos de Michel Foucault, en especial la Historia de la sexualidad, al igual que el de otros pensadores como Wendy McElroy, Judith Butler y el mítico filósofo trans y pansexual Paul B. Preciado (nacido como Beatriz Preciado) han contribuido significativamente a la construcción de andamiajes que han permitido elaborar discursos y abrir caminos en torno al cine porno. En este sentido, ha sido providencial la teoría queer que desdibuja las fronteras clásicas, no solo de los géneros, sino del tipo de vinculación entre sujetos.

Haciendo una panorámica superficialísima y poco ortodoxa de lo queer, habría que decir que este constructo sostiene que los sujetos devienen más allá de las categorías clásicas en cuanto a heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad y transexualismo. Estos emblemas son ultimadamente “posiciones” y productos culturales. Entonces solo podría hablarse de lo hetero, homo, bi o trans de un modo efímero según el vínculo que dos o más individuos tengan de manera puntual. En el extremo, podría decirse que una mujer que practique deportes como el rugby o un hombre que haga tareas domésticas podría entrar en la categoría queer. El tipo de propuestas del cine porno que han aparecido recién son muy interesantes y han saltado a la palestra figuras con gran noción de los andamiajes filosóficos y estéticos, tales como la estrella porno trans Bailey Jay.

Del mismo modo, han ascendido al estrellato porno figuras jóvenes con mucha conciencia de la estética y marcadamente nerds o hipsters como Penny Pax, una norteamericana de 27 años cuyas líneas esenciales de trabajo están orientadas hacia el fetish, el bondage y lo tabú. En efecto, esta artista era hasta el año 2011 una socorrista hasta que irrumpió en la industria con una meteórica carrera. En ella se nota el influjo de refinadas tendencias como el Kinbaku, técnica japonesa análoga al bondage, que consiste en la atadura del sujeto de acuerdo a un patrón estilístico determinado  que redunda, sin lugar a dudas, en una propuesta artística per se. Pienso en este caso en la impronta que podrían tener para Penny Pax escritores como Leopold von Sacher-Masoch, cuyo apellido dio lugar al término masoquismo. Oportuno entonces es recordar el célebre fragmento de dicho autor: “Esa es la moraleja: el que se deja dar de latigazos, lo merece”.

Otra figura inscrita en el porno fetish, así como en la estética refinada, es Nina Hartley, quien se inició en la industria en los años ochenta y hoy en día podría estar deviniendo en fenómeno de culto. En este ámbito de las mujeres maduras que se erigen en fenómeno de culto, son importantes Margo Sullivan, Persia Monir, Rachel Steel y Magdalene St Michaels, quien sin duda aglutina lo tabú y el género lésbico.

De manera que en este abordaje donde la totalidad es impronta y cuyo contexto apunta a una mirada plena del fenómeno sensual han aparecido producciones de gran depuración y en el contexto del psicodrama de lesbianas. Aquí el acento está en la tensión erótica más allá de una “escena acrobática”. En este sentido hay escenas de cuarenta minutos en las que dos mujeres aparecen en un excelso salón, impecablemente vestidas y sin tocarse. Lo importante es el diálogo entre ambas en donde la transgresión y el regodeo sostienen la tensión lasciva.

Incluso, en lo relativo al casting, hay producciones alemanas muy interesantes en la que aparecen caracteres que bien podrían ser tomados del mundo cotidiano y que de pronto aparecen en escenas de profunda lujuria. Aquí es importante mencionar a la germana de edad madura, Thea.

Podemos observar con esta brevísima mirada que los géneros y los roles devienen y que cada quien tiene su propio porno, de forma que ese mismo “propio porno” varía según el momento de cada sujeto. Lo importante es el goce que cada uno se permita vivir mediante este tipo de artefactos cuyo fin primordial es excitar, pero con una poderosa carga estética.