• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

La Paciencia: Pedro Lemebel, Adiós mariquita linda

Pedro Lemebel

Pedro Lemebel

“Aquí estamos frente a un autor que desde lo gay recrea esa perspectiva otra de la ciudad, replanteando su geografía con una estilística muy personal”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La vida y obra de Pedro Lemebel (Chile, 1952) fue una singularidad de principio a fin. De modo que a pocos meses de su fallecimiento, ocurrido el 23 de enero pasado, es propicia la oportunidad para volver la mirada sobre este artista que significó honestidad, potencia y gran valor. En este caso, la suya fue una propuesta que se dio no solo desde lo literario, sino también desde la plástica mediante el performance. Su propia escenografía corporal era parte intrínseca de este planteamiento.

Siempre en concordancia con una ética libertaria, Lemebel fue claro al momento de denunciar las perversidades del poder, así como para darle voz a los sujetos en el margen. Aquí estamos frente a un autor que desde lo gay recrea esa perspectiva otra de la ciudad, replanteando su geografía con una estilística muy personal. El barroquismo de su prosa es brillante y descarnado, erigiéndose en una lapidaria denuncia y deconstrucción de la doble moral y los andamiajes en los que se sustenta una sociedad profundamente hipócrita.

La irrupción de este creador se dio durante los años ochenta con Las yeguas del apocalipsis, un trabajo performático que llevó a cabo junto con Francisco Casas, mediante el cual hizo intervenciones a eventos culturales del establishment. Recordemos que para la época Chile se hallaba inmerso en la dictadura de Augusto Pinochet frente a la que el artista no hizo concesiones, al igual que no las hizo con los grupo de la izquierda con los cuales se vinculó y quienes también resonaron negativamente con su propuesta gay. Es de este período su texto, Hablo por mi diferencia, un discurso profundamente poético y de una valentía y franqueza sin precedentes, tal como se ve en este fragmento:

Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy

Y no soy tan raro

Me apesta la injusticia

Y sospecho de esta cueca democrática

Pero no me hable del proletariado

Porque ser pobre y maricón es peor

Hay que ser ácido para soportarlo

Es darle un rodeo a los machitos de la esquina

Es un padre que te odia

Porque al hijo se le dobla la patita

 

Sin embargo, las expresiones más poderosas de su trabajo se dieron circunscritas a la crónica y al relato. A ese primer género pertenece su obra Adiós Mariquita linda, compuesta por una serie de textos en los que el escritor desnuda los submundos urbanos y le da voz a los sujetos en condición marginal apelando a una dimensión muy desenvuelta de lo queer. Asimismo, el planteamiento político en tanto canto de las minorías en estado de subalternidad es uno de los aportes primordiales de su trabajo. En este caso el acento está puesto sobre una constelación total de lo humano en la que se resaltan los aspectos perversos de una sociedad enferma del verdadero mal  que significa la homofobia. De igual modo, su pieza narrativa, Tengo miedo torero, es una vertiginosa narración recreada sobre el hecho real del atentado sufrido por Augusto Pinochet en los años ochenta por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. De nuevo la exuberancia narrativa y la construcción de los personajes son de una excelencia máxima. Esta pieza fue publicada por Seix Barral y formó parte del despegue meteórico del artista a nivel internacional durante finales de los noventa, luego del apoyo que recibió por parte de Roberto Bolaño.

La irreverencia fue impronta permanente en la vivencia de Pedro Lemebel. Su preclaridad estuvo presente en una labor que trascendió, no solo a su época, sino a posturas políticas, tal y como se ve cuando escribe:

Quizás, luego de revoluciones populares, dictaduras fachas y transiciones con faja militar, en estos encuentros que avalan el arte y la cultura, se mezclan memoria y amnesia en el mismo trago amargo que sirven los mozos del evento

La diáfana dignidad de Pedro Lemebel, así como la sinceridad al momento de abordar un determinado tópico o su propia dimensión personal fue superlativa. Para el autor su territorio más íntimo fue el espacio donde se sintió más seguro, a pesar de lo intenso que pudieran ser algunos aspectos de su propia experiencia. En su caso estamos en presencia de una palabra iluminada e iluminante, la voz de un escritor que se erigió en un verdadero héroe de la conciencia iberoamericana.