• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

La Paciencia: Nan Goldin, una fotografía desde el frenesí

<i>I Remember Your Face</i> | Nan Goldin, 2013

I Remember Your Face | Nan Goldin, 2013

“En muchos casos sus fotografías son desgarradoras y producen estados de choque en quienes las observan”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La vida y obra de Nan Goldin es estremecedora. En efecto, esta fotógrafa nacida en Estados Unidos en 1953 ha tenido una experiencia que más allá de lo artístico, es de culto. De hecho, el contexto familiar del cual proviene esta creadora determinó el carácter tan intenso de su trabajo, de forma que sus padres eran uno de origen católico y el otro judío. Asimismo, su hermana se suicidó cuando ella estaba aún muy joven de manera que le tocó vivir no solo esta tragedia sino la separación de sus progenitores por razones religiosas.

Quizá esa noción tan temprana que la fotógrafa tuvo de lo efímero de la propia vida fue determinante a la hora de que ella comenzara a registrar cada momento y cada vínculo que iba teniendo en el devenir del tiempo. El propio hecho de que luego del divorcio de sus padres Goldin se viera sucesivamente en hogares sustitutos percibiendo toda una geografía de lo humano pudo haber despertado en ella ese tono tan propio del voyeur. Igualmente, la educación de corte hippie que tuvo en el Satya Community School le dio una perspectiva muy poco ortodoxa de la vida. De esta forma, al graduarse de secundaria se enroló en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston donde llevó a cabo sus estudios superiores. Asimismo, la artista frecuentó la comunidad de Provincetown, sitio predilecto de la comunidad gay y de las Drag Queens. Luego de su graduación, la fotógrafa se mudó al barrio de Bowery, en Manhattan, donde inició un registro vertiginoso de sus amistades cercanas, principalmente circunscritas al contexto de las Drags y de la adicción.

Para Nan Goldin lo principal era el carácter documental de su trabajo y los tópicos representados en el mismo, de forma que para ella los acabados eran algo secundario. De este modo la norteamericana ha llevado a efecto una documentación de los espacios íntimos del otro, sobre todo de los grupos vinculados a lo hard donde queda registrado incluso el arribo de la epidemia del sida durante los años ochenta del siglo XX. En muchos casos sus fotografías son desgarradoras y producen estados de choque en quienes las observan.

No obstante, la vida frenética que tuvo esta creadora –quien es abiertamente bisexual–, en lo referido al uso de narcóticos le llevó hacia el año de 1989 a tener que hacer un tratamiento de rehabilitación de sustancias, lo cual significó una vuelta de tuerca, no solo en cuanto a su estilo de vida sino también en relación a la mirada que tenía en torno a su trabajo. Luego de su proceso de rehab, la fotógrafa emergió con una propuesta que sin duda alguna era mucho más luminosa. Luego, ella misma llegó a comentar que prácticamente había dejado de ver la luz del sol y se hallaba sumida, no solo en una oscuridad física sino espiritual.

Asimismo, como parte de su proceso de reinserción social, luego de llevar adelante su tratamiento, Goldin debió aceptar un empleo anónimo en el Museo Fogg de la Universidad de Harvard, a pesar de que ya era una artista reconocida cuyo trabajo era comentado en otros espacios de esa casa de estudios. Todo ello quizá porque para ese entonces en los contextos de las Comunidades Terapéuticas no estaba el trabajo de fotógrafo catalogado dentro de los parámetros de un oficio “normal”. En este instante ya era clara su dimensión de figura de culto.

Hoy por hoy la propuesta de esta artista está en la órbita de un registro sin precedentes de toda una época. Varios libros hay en su haber como parte de un legado único que es objeto de atención de los medios más exquisitos. Entre ellos están los icónicos Devil's Playground (2003), I'll Be Your Mirror (1996) y The Ballad of Sexual Dependency (1986).

Sin duda que la vida y obra de Nan Goldin, con todo y los descensos que su alma atormentada tuvo a los peores infiernos, ha redundado en una obra que denota no solo los aspectos más intensos de lo humano sino también aquellos donde está expresa la fragilidad inherente al Ser. Ultimadamente ha sido su disciplina y perseverancia en el oficio lo que ha permitido que el público pueda observar estas facetas tan peculiares.