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La Paciencia: Érika Ordosgoitti, el cuerpo como significante

Érika Ordosgoitti / Foto tomada del Twitter

Érika Ordosgoitti / Foto tomada del Twitter

“La esencia de su trabajo consiste en la intervención de espacios públicos en los que la artista irrumpe absolutamente desnuda para generar una dinámica en la cual el propio espectador es parte intrínseca de la experiencia”

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El trabajo de la artista plástica y poeta Érika Ordosgoitti es quizá uno de los que posee mayor potencia, honestidad y pureza en el panorama del arte Iberoamericano actual. En efecto, una de las cosas más llamativas de la propuesta de esta creadora consiste justamente en esa intensidad con la que ella irrumpe en la escena pública con una apuesta transgresora y sumamente irreverente. No obstante, no solo hay en ella la contundencia de una obra que golpea al público, sino el sustento de un sesudo andamiaje teórico a la hora de situarse en la constelación de la creación plástica.

La esencia del trabajo de Ordosgoitti consiste en la intervención de espacios públicos en los que la artista irrumpe absolutamente desnuda para generar una dinámica en la cual el propio espectador es parte intrínseca de la experiencia. De este modo, mediante lo escandaloso, el choque o el asco –entre otras emociones– la poeta elabora un discurso que apunta a la libertad del individuo primordialmente. De esta forma, mediante el empoderamiento de su propio cuerpo, la artista irrumpe y reafirma la posesión de ella sobre el mismo, una posesión que es inherente al ser humano, a pesar de que innumerables discursos apunten al enajenamiento del cuerpo individual y a la castración de este en pos de “lo que debiera ser” y no de lo que es el deseo legítimo del Ser. El canto de Érika Ordosgoitti es uno que surge desde la libertad y hacia la libertad, de manera que su instrumento estilístico es justamente la corporalidad, en este caso la “tinta” a partir de la cual surge una poesía salvaje.

La pureza formal que está implícita en el trabajo de esta poeta se refiere de modo singular al hecho de que en ella hay una exclusiva dedicación al oficio del performance y por el contrario no se ha dado en su quehacer ningún tipo de elaboraciones en el territorio de la representación. En este sentido vemos que a pesar de que cada una de sus intervenciones surge de un proceso de sedimentación de la idea que subyace a la obra, al momento de llevar a efecto la propuesta hay un despliegue absoluto de lo real; esto es el cuerpo, la piel y los fluidos como territorio en los que se evidencia lo emocional y la estética per se. En este caso es importante mencionar que la intencionalidad a la hora de producir asco, aversión o chocar con el espectador constituye en sí buena parte del hecho estético.

La vivencia y la obra de Ordosgoitti está inscrita en la misma tradición de poetas confesionales como Anne Sexton, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik o Martha Kornblith, al igual que de las artistas plásticas Diane Arbus o Nan Goldin en cuanto a lo desgarrado e intenso de la propuesta. No es inusual, en este carácter tan sesudo de la obra de Ordosgoitti, que en más de una ocasión su mirada se haya volcado a la vida y obra del poeta francés medieval François Villon, antecedente primordial del simbolismo y en general de la poesía salvaje.

Todavía recuerdo con gran afecto el momento en que conocí a esta artista en oportunidad de entrevistarle para un programa de radio años atrás. Debo decir que muy raras veces he visto una mirada tan impactante y que exprese tal riqueza de un universo interior. Supe, en ese instante, que estaba cara a cara con la atemporalidad.

Los títulos de sus performances son de gran riqueza transgresora. Entre ellos destacan Y se llegó la Policía (2010), Intervención al Monumento del Toro (2011), Escaleras de Caracol en Macarao (2011), y ¿Cómo podría transgredir sin transgredirme? (2011). En todas estas propuestas está patente el quehacer de una artista y una poeta que apuesta por la redención y la liberación de los espacios individuales y ultimadamente del cuerpo mismo. En tal sentido la artista expresa: “Mi compromiso de vida es la libertad. El valor primordial que me mueve. Me dirijo hacia la libertad a sabiendas de que como absoluto no se alcanza nunca. Mis actos son libres, solo a través de actos libres soy libre. La libertad no existe, solo existen actos libres de algunos seres que eventualmente son libres. Las imágenes que hago son creaciones logradas a través del entramado simbólico que en ellas se reúne”.

Asistimos con esta brevísima mirada a la obra de Érika Ordosgoitti al quehacer de una poeta cuyo trabajo tiene una dimensión más allá de nuestras fronteras e incluso una constelación atemporal.