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La Paciencia: Diane Arbus, una poética de lo raro

Diane Arbus | Foto Cortesía

Diane Arbus | Foto Cortesía

“Sus orígenes no pudieron ser más paradójicos en relación a lo que fue su línea de investigación”

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El 26 de julio de 1971 Diane Arbus cometió suicidio de una manera radical. No solo ingirió una poderosa dosis de barbitúricos sino que además cortó sus venas. Era inevitable el destino por el que había optado. De este modo concluía la vida de una de las fotógrafas norteamericanas más prominentes de la historia mundial. Un fenómeno sin precedentes en las artes plásticas.

El trabajo fotográfico de Diane Arbus (1923) fue estremecedor. El mismo se enfocó en sujetos límite, en freaks y todo tipo de rarezas de la condición humana. Ciertas marcas estilísticas definieron su obra. En general, la fotógrafa prefería retratar a sus modelos de frente de forma que mediante un abordaje agresivo lograba hacer que éstos perdieran la máscara social, aquel rostro que todos poseemos en los entornos cotidianos. De esta manera, buscando aquellos aspectos del detalle inusual, la artista se aproximó a la totalidad de lo humano.

Sus orígenes no pudieron ser más paradójicos en relación a lo que fue su línea de investigación. Fue así como su infancia transcurrió en el seno de una muy acomodada familia judía. En torno a esto la fotógrafa sostuvo posteriormente que ella creció en un ambiente francamente irreal. Sin embargo, esta atmósfera de sofisticación y de hijos que vivían distanciados de padres pocos afectuosos incidió en el desarrollo de una poderosa veta, tanto en el caso de Diane, como de su hermano, el poeta laureado Howard Nemerov.

Esa farsa o fachada a la que muchas veces se refirió la artista en relación a su padre fue quizá el detonante de su deseo compulsivo por indagar más allá de lo aparente y hurgar en las facetas secretas de la vida, de lo tabú. Fue así como desde joven le gustó ir a “hacer turismo” al metro de Nueva York y a sectores de los submundos donde pudiese ver el lado otro de las cosas que justamente no tenía en su glamoroso hogar.

Muy joven, a la edad de catorce años, inició una relación amorosa con quien luego sería su esposo, el fotógrafo y actor Allan Arbus, de quien tomó su apellido. Asimismo éste inició a la precoz joven Diane en el deleite de la masturbación y el exhibicionismo. No obstante, los primeros tiempos de la vida matrimonial de la pareja fueron, si se quiere, normales. Ambos montaron un estudio de fotografía donde la artista fungía de asistente de su marido. Es de este período una serie de trabajos en torno a la moda para las revistas Esquire, Vogue y Harper’s Bazaar. Sin embargo, la fotógrafa no encajaba en el rol del ama de casa del establishment y estaba montada en su propia experiencia artística, de forma que hacia finales de los años cincuenta comenzó clases con Lisette Model, quien significó una revolución absoluta en su abordaje al fenómeno estético. Se ha dicho que Model fue la responsable de convertir a Diane Arbus en Diane Arbus. Igualmente, por esta época, se produjo la separación de su marido y se concretó el despegue meteórico de una experiencia artística franca y ruda. Entonces sus aventuras en busca de sujetos freaks la llevaron a ir a sitios extremos. En ellos, Diane pudo entrar en contacto con prostitutas, travestis, fenómenos y toda clase de figuras que hasta entonces no habían sido mostradas de forma abierta. Por otro lado, en sus contextos más visibles, estamos en presencia de una artista que asistía a los museos no para ver las obras de artes, sino a los visitantes; para observar ultimadamente la mirada del otro.

A Arbus le interesaba ese lado diferente que no es visto en el mundo ordinario. Así, su icónica foto, Niño con granada de juguete, de 1962, muestra a un niño con una mueca que le hace ver como a un freak; no obstante, cuando se observan las otras fotografías de la sesión se ve que es un niño perfectamente normal. Ultimadamente se nota que la elección de esa foto en sí forma parte de un trabajo muy sesudo de edición. En este sentido la fotógrafa era muy minuciosa y detallista. Era incansable en su labor y sus acabados, a pesar de que en algunos casos pareciera lo contrario. Dicha fotografía, en cuestión, tenía una significación muy profunda si se toma en cuenta que la misma ocurre en medio de la crisis entre John F. Kennedy y Nikita Kruschev, que casi lleva a la debacle nuclear.

La ética vital de Diane Arbus fue frenética, mostrando una sexualidad desenfrenada, que incluso llegó a ser actuada con sus modelos. Para ella era indiferente el género de las personas con las que se vinculaba en contextos íntimos. Sin embargo, las interrogantes e hipótesis últimas en relación a su obra quedarán para siempre en suspenso, más aún por la forma como ésta puso fin a su vida.