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La Paciencia: Burt Bacharach o cuando lo pop se vuelve fenómeno de culto

Burt Bacharach

Burt Bacharach

“Su carrera musical se inició hacia finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta de la mano del letrista Hal David, con quien cosechó notables éxitos”

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Ciertamente Burt Bacharach (Estados Unidos, 1928) ha trascendido a la dimensión de lo de culto. Siendo uno de los músicos cuyo éxito sin precedentes, así como cuya influencia ha marcado a las actuales generaciones de artistas, este norteamericano es per se un canon estilístico.

Su carrera musical se inició hacia finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta de la mano del letrista Hal David, con quien cosechó notables éxitos. Muy pronto a esa dupla se sumó la cantante de conservatorio Dionne Warwick, quien terminó de consolidar de forma infalible a la combinación entre Bacharach y David. Hay que tomar en cuenta que para esa época se estaba produciendo la decantación de una nueva estética musical en diversos puntos del globo, de manera tal que en Brasil surgió la Bossa Nova y en el ámbito local venezolano apareció la Onda Nueva de Aldemaro Romero. De modo que estos vasos comunicantes entre diversas tendencias análogas expresaban sin duda una mirada creativa que apuntaba a un franco escape del mundo y sus tribulaciones en pos de una apuesta vinculada a lo paradisiaco y lo idílico.

En el caso de este norteamericano, su dimensión pop tuvo connotaciones extremadamente masivas. La obtención consecutiva de éxitos de cartelera, al igual que de premios dejaban en claro que el artista era la personificación de aquello a lo que el público mundial aspiraba. Incluso, hubo ciertos guiños estéticos con la contracultura psicodélica de los sesenta, como se dio por ejemplo con la película de ese período Casino Royale (1967), para la cual hizo la banda sonora y donde hubo un reparto soñado que incluía a David Niven, Woody Allen, Orson Welles, Ursula Andress y Peter Sellers, entre otros. Este film, sin duda, es una expresión impecable de lo à go go, suerte de barroco circunscrito al ámbito pop contemporáneo. Asimismo, por esa época justamente se materializó la asociación entre Bacharach y Herb Alpert, otra de las figuras trascendentes del entorno masivo que también ha adquirido la categoría de lo de culto.

En el año de 1969 el músico estremeció al mundo con su éxito Raindrops keep falling on my head, que formó parte de la banda sonora de la película Butch Cassidy and the Sundance Kid. De nuevo aquí estamos en presencia de una melódica extremadamente suave, pero que resonaba con el espíritu de un nuevo mundo, una suerte de fuga mundi, también expresada en bandas de la época como La quinta dimensión.

En el contexto personal el artista ha estado casado en cuatro oportunidades, de modo que llegó a ser pareja de la letrista Carole Bayer Sager  y de Angie Dickinson, célebre marca erótica de una generación por su escena en la ducha de la película Vestida para matar (1980).

Si algo caracteriza a Burt Bacharach es el buen gusto y la impecabilidad estética; temas como I say a little prayer, Nikki, Do you know the way to San Jose o la eterna Close to you, inmortalizada por los Carpenters, así lo denotan. Quizá sea ello una de las razones por las cuales las nuevas generaciones de la música han volcado su mirada hacia este creador. Alineaciones  como Oasis o Swing Out Sister, en donde canta la divina Corinne Drewery, se han hecho eco de esta propuesta. Asimismo, la exquisita banda japonesa Pizzicato Five ha dejado bien clara su afinidad por esta estilística. De igual forma, grupos contemporáneos europeos vinculados al fenómeno hipster dan cuenta de eso. Entre las bandas de la disquera Elefant Records hay agrupaciones con esta mirada, tal como ocurre con La Casa Azul de Guille Milkyway, los italianos Fitness Forever, Band À Part o Papa Topo, por ejemplo. Sin duda alguna que la mirada de los miembros de estas alineaciones de actualidad tiene más que ver con una marca generacional y un componente emocional; con el hecho de que para ellos Bacharach era el referente en la infancia, más allá de lo estrictamente kitsch.

Quizá sea válido afirmar, sin temor a incurrir en una exageración, que Burt Bacharach ha sido de lo mejor que le ha ocurrido a la música pop mundial en la contemporaneidad. No obstante, hay muchos más factores implicados en su propuesta; como lo han sido su perspectiva  à go go, así como una ligereza y la aspiración a un territorio nuevo y paradisiaco, esa fuga mundi a la que me he referido más arriba.