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Oscura lucidez

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Cristina Rivera Garza, en La muerte me da, convierte a Alejandra Pizarnik en la autora de una posible novela "trasladada al siglo XXI", como señala Jorge Carrión. Rivera Garza, en el ensayo "El anhelo de la prosa", (capítulo IV), sostiene que "cuando Alejandra Pizarnik anota su anhelo por la prosa lo hace además en la posición del escritor que escribe en-ese-momento.

Ahora mismo. Aquí. Lo que aparece en su diario no es la reflexión abstraída de su materia, sino la materia misma: ¿cómo escribirla?; ¿por qué no puede ser escrita?; ¿Cómo, de poderse, sería posible?". Jonatan Alzuru Aponte, filósofo, escritor, en Oscura lucidez. Arman- do Rojas Guardia (Caracas: bid & co. editor, 2013) emprendería una aventura semejante, en relación con la obra poética y ensayística de Armando Rojas Guardia: "la experiencia de lectura de la obra de Armando durante casi un año, obsesiva, me ha conducido a una indigestión profundísima del alma. Ha sido un terremoto que ha marcado de múltiples formas mi vida cotidiana, para nombrar los datos exteriores (...) mi mirada de Nietzsche en relación con Jesús de Nazareth y la percepción del paciente psiquiátrico. La mirada actual se la debo a él".

Como dice Miguel Márquez, en la palabras preliminares, esta "lectura devota, apasionada, culta, filosófica, lúdica, auténtica, inteligente, rigurosa, metafórica, endiabladamente personal", sobre el autor de El dios de la intemperie, convierte a Alzuru Aponte en "un nuevo autor ubicado en la franja polimorfa que está entre la filosofía, la poesía, el relato, la autobiografía, la fábula, la mitología, la crítica a esta, la crítica a aquella, la crítica a la de más allá". Centrado en una forma excéntrica de leer, de interpretar, que denomina, siguiendo a Nietzsche, la práctica de "un arte no moderno, olvidado, el rumiar como una vaca", Alzuru Aponte, aventura, explora, con riesgo de sí mismo y con resultado incierto, en el pensamiento y la poesía de Rojas Guardia, la "oscura lucidez" extraviada "en sus propios laberintos": "La experiencia del recorrido del cuerpo a través del ensayo lo conduce a la lucidez. Pero ya no será la lucidez como dominio de lo luminoso, de lo claro, despejado del tormento de la locura. El vocablo al que hace referencia es más bien un despertar en medio de la noche, un abrir los ojos en medio de la oscuridad para descubrir las posibilidades de la noche oscura. Es una lucidez desgarrada que se descubre plenitud cargada de sombras. Se trata más bien de la sabiduría que se redescubre al internarse en los sótanos del alma, lenta y pausadamente. Es una lucidez cercana, tal vez, al sentido dado por San Juan de la Cruz a la noche oscura del alma como potencia del cuerpo".

Mediante el diálogo directo con Rojas Guardia, o indirectamente consigo mismo, en un versión libérrima del heterónimo, o a través del diálogo directo con otros (Luis Alberto Bracho) o indirecto (las intervenciones de Alejandro Sebastiani Verlezza y Rayda Guzmán) Jonatan Alzuru Aponte, transita, (se interpela), exhausto, en la quizás más, paradójicamente, novedosa y radical experiencia de lectura de las singularidades rojasguardianas: su condición de sujeto cristiano, homosexual, psiquiátrico y poeta. "Por eso mi deseo: hacerme extranjero para apreciar al alpinista que a veces suele cargar con el peso más pesado de la historia, Rojas Guardia".