• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Orwell sobre Dalí: un fragmento

“Está claro que lo que reivindican los defensores de Dalí es una especie de privilegio de fuero”, George Orwell

“Está claro que lo que reivindican los defensores de Dalí es una especie de privilegio de fuero”, George Orwell

En este fragmento reproducimos parte del texto “El privilegio del fuero. Algunos apuntes sobre Salvador Dalí”, publicado por George Orwell en 1944 en su obra Ensayos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Dalí es un exhibicionista y un arribista, pero no es un fraude. Tiene cincuenta veces más talento que la mayoría de la gente que podría condenar su moral y mofarse de sus cuadros. Y esos dos conjuntos de hechos, combinados, ponen sobre la mesa una cuestión que, por falta de un acuerdo de partida, nunca se somete realmente a debate.

La clave es que tenemos aquí un ataque directo e incuestionable contra la cordura y la decencia; incluso, dado que alguno de los cuadros de Dalí tienden a envenenar el imaginario como una postal pornográfica, contra la vida misma. Qué ha hecho y qué ha imaginado es debatible, pero en su perspectiva, en su carácter, no existen los fundamentos de la decencia de un ser humano. Es antisocial como una pulga. Claramente, las personas como él son indeseables, y algo va mal en una sociedad que permite que florezcan.

Ahora bien, si les enseñáramos este libro y sus ilustraciones* a lord Elton, al señor Alfred Noyes, a esos editorialistas del Times que se regocijan con el eclipse del ‘intelectualoide’, si se lo enseñáramos, de hecho, a cualquier inglés ‘sensato’ que odie el arte, es fácil imaginar el tipo de respuesta que obtendríamos. Se negarían de plano a reconocerle el más mínimo mérito a Dalí. Ese tipo de gente no solo es incapaz de admitir que lo moralmente degradado pueda ser estéticamente correcto, sino que su verdadera exigencia hacia cualquier artista es que les dé una palmadita en la espalda y les diga que el pensamiento es innecesario. Y pueden ser especialmente peligrosos en un momento como el actual, en el que el Ministro de Información y el British Council están poniendo poder en sus manos. Pues su impulso no se limita a aplastar todo nuevo talento tan pronto como surja, sino que también quieren castrar el pasado. Véase el renovado hostigamiento contra los intelectuales que se está produciendo en este país y en Estados Unidos, con protestas no solo contra Joyce, Proust y Lawrence, sino incluso contra T.S. Eliot.


Pero si hablamos con el tipo de persona capaz de ver los méritos de Dalí, la respuesta que obtenemos no es, por lo general, mucho mejor. Si dices que Dalí, pese a ser un dibujante brillante, es un sucio canalla, te miran por encima del hombro como a un cafre. Si dices que no te gustan los cadáveres putrefactos, y que a gente a la que le gustan los cadáveres putrefactos está mentalmente enferma, se da por hecho que carecemos de sentido estético. Dado que Taxi lluvioso es una buena composición (como sin duda lo es), no puede ser una fotografía repugnante, degradante, mientras que Noyes, Elton, etcétera, te dirían que, dado que es repugnante, no puede ser una buena composición. Y entre estas dos falacias no hay término medio; o, mejor dicho, sí que hay un término medio, pero rara vez se habla de él. En un lado, el kulturbolschevismus, en el otro (si bien la expresión en sí está pasada de moda), el arte por el arte. La obscenidad es una cuestión sobre la que resulta muy difícil debatir con honestidad. La gente está demasiado asustada, bien de parecer escandalizada, bien de no parecerlo, como para ser capaz de definir la relación entre el arte y la moral.

Está claro que lo que reivindican los defensores de Dalí es una especie de privilegio de fuero. El artista debe estar exento de las leyes morales que rigen sobre la gente común. Sólo hay que pronunciar la palabra mágica ‘arte’ y todo está bien; los cadáveres putrefactos con caracoles arrastrándose sobre ellos están bien, darle un puntapié en la cabeza está bien, incluso una película como La edad de oro está bien. Y también está bien que Dalí prosperara a costa de Francia durante años y luego se escabullera como una rata en cuanto Francia estuvo en peligro. Mientras pintes lo bastante bien como para pasar la prueba, todo se te perdonará (…..).

Debemos ser capaces de tener en cuenta simultáneamente ambos hechos: que Dalí es un buen pintor y que es un ser humano repugnante. Una cosa no invalida ni, en cierto modo, afecta a la otra”.


Ensayos

George Orwell

Random House Mondadori

España, 2013