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Orgánica

Obra de Isabel Cisneros, parte de “Orgánica” / Foto Centro de Artes Integradas

Obra de Isabel Cisneros, parte de “Orgánica” / Foto Centro de Artes Integradas

La exposición del Centro de Artes Integradas inauguró el pasado 15 de noviembre e incluye los trabajos de cinco venezolanos: Isabel Cisneros, Mercedes Elena González, Cristóbal Ochoa, Ani Villanueva y Mercedes Volante 

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La naturaleza en el arte ha sido tema inagotable desde siglos atrás. Ha inspirado a artistas y poetas. Ha sido motivo de contemplación y de imitación. Se la ha pintado en vistas panorámicas o bien se han registrado detalles de ella. Ha sido escenario de situaciones diversas como en las pinturas de batallas, en las de escenas bucólicas de la vida campestre o bien apreciada en su flora y fauna. Ha sido celebrada como decorado en interiores a través de floreros, bodegones y naturalezas muertas, en fin… son muchas las formas de representación que se ha hecho de ella. Pasan los siglos, cambian los estilos, las motivaciones, las búsquedas, los medios expresivos y todavía sigue presente como tema en la contemporaneidad.

Es desde la perspectiva de lo contemporáneo que nos proponemos apreciar cómo cinco artistas venezolanos trabajan sus respectivas obras en función de lo natural. Es por ello que la llamamos Orgánica término usado en femenino para calificar un tipo de materia proveniente de la naturaleza: la materia orgánica. A través de este término, usado como nombre y no solo como una calificación, buscamos visualizar la relación entre formas, materiales y referencia conceptual hacia lo natural, lo biológico o lo viviente que realizan los artistas Isabel Cisneros, Mercedes Elena González, Cristóbal Ochoa, Ani Villanueva y Mercedes Volante en las obras que presentamos para esta exposición.

Todos, sin excepción investigan y experimentan con los materiales. De alguna forma se han alejado de los medios convencionales de representación y han buscado salidas disímiles para expresar ‘lo orgánico’. Las obras en sí mismas encarnan esta condición: son orgánicas, sea por el modo de trabajar los materiales o como imagen.

Este tipo de obras se distinguen por lo general por la sensorialidad –y sensualidad– de sus formas. Suelen ser informes, rotondas, bulbosas, flexibles, en definitiva, muy heterogéneas. Esta particularidad es palpable, por ejemplo, en las obras de Isabel Cisneros y Cristóbal Ochoa. Las esculturas de Isabel son moldeables. Se distinguen por su flexibilidad e irregularidad formal debido al tipo de material empleado y por la manera como ella lo acumula, teje, enrolla o ensambla. El resultado son piezas objetuales de apariencia biológica que aluden a animales, flores, figuras sensorialmente orgánicas, en resumen, a lo viviente, lo mutable o lo cambiante. Trabaja la cerámica y la porcelana, el textil así como acumula y “cose” materiales diversos de procedencia industrial. La naturaleza le provee las formas y ella utiliza los recursos que la modernidad le provee.

Cristóbal Ochoa, por otra parte, trabaja la arcilla para moldear formas alusivas al mundo orgánico bajo el mar. Trastoca el medio cerámico usando sprays, ahuecando la pieza con palillos y otros materiales, con el fin de buscar formas inusuales y poco convencionales para este medio. Sus piezas tridimensionales se particularizan por su color y por las formas punzantes como las de los erizos de mar mientras que en sus pinturas y dibujos, el claroscuro demarca las formas globulosas y las oquedades de los corales marinos, razón por la que presenta interesantes efectos ópticos.

Los Liliputinos, dibujos de Mercedes Elena González, refieren a los Bichus que la artista expusiera en 2006. Eran obras pluridimensionales hechas con recortes de radiografías que aludían a la biología o a la neurología. Los Bichus son pequeños cuerpos orgánicos presentados como finos filamentos, anudados o entrelazados. Estos dibujos resultan de la proyección de luces sobre estos cuerpos y los efectos de sus sombras sobre la pared o soporte blanco. Resultan también de la visión de un mundo biológico inclasificable que, silentes, invaden la superficie del papel.  

La obra de Ani Villanueva está íntimamente enlazada con la naturaleza. Durante muchos años ha observado su movimiento y transformación en las vegetaciones como en animales, aves e insectos. Incluso, intuitivamente, ha pintado la morfología celular de los cuerpos con colores fuertes y contrastantes. Sus imágenes tanto en pinturas como en ensamblajes son sumamente orgánicas. En estos últimos, asombra su capacidad de relacionar materiales industriales tales como mangueras, varillas, enchufes, abrazaderas, tirros e incluso discos compactos para representar poéticamente sutilezas como hálitos corporales y soplos así como animales e insectos. Todo un mundo natural que surge de atar, ensamblar y adicionar.

La relación de Mercedes Volante con la naturaleza es esencialmente espacial. Su lenguaje es sintético, basado en puntos o bien en formas irregulares que resultan de la acumulación de piezas de rompecabezas. Su visión opera como la del urbanista, el diseñador de paisajes o la del cartógrafo. Sus vistas son aéreas y pudieran leerse como esquemas o codificaciones visuales que sugieren el lugar de los ríos, nubes, mangles, cortes de raíces de tallos, todos vistos desde arriba. Utiliza dos recursos: con la acumulación sugiere vegetaciones y con la perforación crea texturas y diversas topografías.

En esta exposición se busca expresar armonía y consonancia con el ritmo y la condición mutante de la naturaleza a la que, por cierto, pertenecemos y somos parte.

 

Orgánica

Lugar: Sala William Werner del Centro de Artes Integradas (CAI).

Fecha: 15 de noviembre de 2015 hasta el 30 Enero de 2016