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Nussbaum y la educación para la democracia

Martha Nussbaum/ Archivo

Martha Nussbaum/ Archivo

Martha Nussbaum, la filósofa estadounidense que recibió en mayo de este año el premio Príncipe de Asturias a las Ciencias Sociales, es autora del libro Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades un alegato de la necesidad de las Humanidades en la educación y el uso del método socrático como necesarios para la formación de individuo

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El pasado mes de mayo le fue conferido a la filósofa estadounidense Martha C. Nussbaum el premio Príncipe de Asturias a las Ciencias Sociales, como reconocimiento a "una concepción universal de la dignidad humana y de los derechos de la mujer para superar los límites del relativismo cultural", según el veredicto del jurado. Esta distinción reconoce sus aportes al estudio de la filosofía helenística, la ética y el enfoque de las capacidades, pero también en otras como la educación y la defensa de las Humanidades (música, filosofía, literatura, teatro y artes en general) como esenciales para la formación de ciudadanos aptos para la vida en democracia. Precisamente, su libro Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades está dedicado a defender y promover el estudio tanto en la educación básica como en la superior (cualquiera sea la carrera) de las Humanidades y el uso del método socrático como necesarios para la formación de individuos aptos para usar sus capacidades y producir riqueza, pero también ciudadanos capaces de vivir en democracia.

Aclaremos que Sin fines de lucro no es un alegato contra la educación orientada a lograr el crecimiento económico. Esa educación es para Nussbaum necesaria e indispensable. Su crítica es a la tendencia observada en EEUU, Europa e India a valorar sólo la educación para el crecimiento económico, y a reducir o eliminar por "inútiles" la tradición socrática y materias humanísticas que estimulan la crítica y la imaginación, y aportan conocimientos para la vida en común que ni la economía, la informática o la ingeniería pueden aportar: "según esta tradición, la educación no consiste en la asimilación pasiva de datos y contenidos culturales, sino en el planteo de desafíos para que el intelecto se torne activo y competente, dotado de pensamiento crítico para un mundo complejo. Este modelo de educación llegó con el objeto de remplazar un sistema anterior en el que los niños (...) pasaban el día sentados en sus pupitres absorbiendo el material que se les prestaba para luego regurgitarlo. La idea del aprendizaje activo suele implicar un compromiso firme con el pensamiento crítico, que se remonta a la época de Sócrates".

Sin fines de lucro consta de siete capítulos dedicados a "La Crisis Silenciosa" que muchas naciones padecen hoy día: la crisis en materia educativa por el irracional desprecio hacia la formación crítica, deliberativa e imaginativa necesaria para la vida democrática; a la "Educación para la renta y la democracia", que muestra lo errado de valorar sólo la educación para el crecimiento económico y menospreciar las humanidades; al "Educar ciudadanos", en el que apoyada en Rousseau y Gandhi presenta un agudo análisis de los sentimientos morales e inmorales ( empáticos y no empáticos) que están a la base de todo ser humano, y de cuyo conocimiento depende el preocuparse por el propio interés y por la suerte de otros; a "La pedagogía socrática y la importancia de la argumentación", acaso el capítulo central de la obra, en el que se explica junto a Tagore y Dewey por qué la actividad empresarial, las relaciones morales y los hábitos democráticos no pueden conservarse si dependen de la autoridad, del prestigio del líder, de la cultura de los pares (consenso o unanimidad a-críticas) o de la sumisión, en lugar de la capacidad de formular, confrontar y evaluar argumentos a partir de conocimientos fácticos y también de la imaginación, la comprensión y el respeto por la dignidad de los otros; a "Los ciudadanos del mundo" en el que muestra lo imposible que resulta el que problemas mundiales como el calentamiento global, el comercio internacional, el futuro de la energía nuclear, los flujos migratorios, la reducción de la pobreza y la lucha contra los tráficos ilícitos (en especial de personas y animales) puedan ser comprendidos y superados eficazmente sin una educación sobre diversas culturas, idiomas, ciencias políticas, historia y economía; a "Cultivar la imaginación" a través de las artes y la literatura, en el que se muestra cómo la música y las obras de ficción son idóneos para que el ser humano genere "la capacidad de imaginar cómo puede ser la experiencia del otro" ; y, por último, a denunciar el precario estado de la "Educación democrática en el mundo", donde se advierte contra la tendencia a reconocer el "éxito económico" que producen los sistemas educativos de países como China, en los que la democracia y los derechos humanos no cuentan, y reivindica la importancia del estudio de las humanidades y el método socrático como condición para mantener y expandir la democracia y las libertades en el mundo.

Libro de indispensable lectura para quienes en Venezuela tengan interés en contribuir a disminuir el número de quienes sólo "regurgitan", e incrementar el de ciudadanos críticos, imaginativos y comprometidos con la democracia y las libertades.