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Nuevas voces de la crítica literaria. Estudiantes, más allá de la batalla

Algunos de los participantes de la XI Jornada de Jóvenes Críticos, y autores de las ponencias que publicamos en “Papel Literario”. De izquierda a derecha: Luisányela Mogollón, Alejandro Arturo Martínez, Nila de Falco, María Fernanda Toro, Georgina Embaid y Ricardo Andrade / William Dumont

Algunos de los participantes de la XI Jornada de Jóvenes Críticos, y autores de las ponencias que publicamos en “Papel Literario”. De izquierda a derecha: Luisányela Mogollón, Alejandro Arturo Martínez, Nila de Falco, María Fernanda Toro, Georgina Embaid y Ricardo Andrade / William Dumont

Una de las virtudes que atesora la juventud es la voluntad. Con ella consigue reflexionar, decir, opinar, trazar caminos. Esa voluntad, cuando es cultivada, surte logros. La XI Jornada de Jóvenes Críticos, organizada por el Centro de Estudiantes de la Escuela de Letras de la UCAB, es un reflejo de ese cultivo de voluntad. Papel Literario dedica este dossier dominical a estas Jornadas. Hemos hecho una selección de ponencias que brindan un abrebocas de lo que se expuso. Además incluimos la crónica de uno de sus organizadores, Alejandro Arturo Martínez donde da cuenta de cómo, a pesar de las imposibilidades de la ciudad, el evento se llevó a cabo gracias a esa ineludible necesidad de estos jóvenes de hacer crítica literaria

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Para María Betania Caldera

Abril sigue siendo el mes más cruel. Acababa de empezar ese mes y me preocupaba que llegara mayo. La convocatoria de la XI Jornada de Jóvenes Críticos había comenzado en enero y todavía no habíamos recibido el título de ninguna ponencia. No era de extrañar, lo vivido en el país hacía creer que el tiempo del pensamiento y la reflexión había terminado.

Alejandro Arturo Martínez | William Dumont

Tradicionalmente, la Jornada de Jóvenes Críticos de la UCAB sólo había recibido ponencias de estudiantes de esa universidad. Se trataba casi de un acto de clausura de cada año académico, en el que muchas de las presentaciones eran el resultado de los trabajos finales de los seminarios de la Escuela.

Este año (justo este complejo y abrumador año) desde el Centro de Estudiantes de Letras nos propusimos abrir la convocatoria a estudiantes de todo el país. Pero no recibíamos respuesta. Casi estábamos resignados. Tendríamos que suspender el evento.

No fue hasta la segunda semana de abril que empezaron a llegar las primeras letras. María Betania, presidenta del Centro de Estudiantes de Letras, tenía la certeza de que se inscribirían estudiantes de todo el país. Yo, aguantando cada noche el terror de la represión en Chacao, no sentía que hubiera el ánimo para participar en una actividad dedicada a la crítica literaria. Los estudiantes estaban en las calles. La política parecía el único movilizador de los venezolanos de mi generación.

Las inscripciones empezaron a hacerse realidad. Recibimos un total de treinta y nueve ponencias, de treinta y ocho jóvenes de seis universidades del país (UCAB, UCV, ULA, LUZ, UNEARTE, USM).  Recuerdo que la primera que llegó fue la de Miguel Chillida, estudiante de Letras de la UCV, cuya ponencia se titulaba Jorge Teillier o el poeta de este mundo. A pesar de que trabajar poesía es una de las actividades críticas más complejas, recibimos más de ocho ponencias sobre este tema. Quiere decir que, a pesar de las dificultades, la joven crítica del país no quiere dejar de lado el género poético como objeto de análisis, y no sólo se propone estudiar a los grandes autores sino rescatar a otros como el caso de Jaime Yáñez (Letras, UCV) quien trabajó la poesía de un venezolano casi desconocido: Salustio González Rincones.

Día D

Son las cuatro y treinta de la madrugada del jueves 15 de mayo. En una hora debemos estar ya en el auto para salir de San Antonio de los Altos rumbo a la Universidad Católica Andrés Bello. Hemos dormido sólo unas tres horas –si es que se puede dormir con tanta ansiedad–. La sala de la casa está llena de cajas. Libros, las carpetas para los ponentes, certificados, panes, cupcakes, cámaras, trípode… Cualquier pensaría que llevamos años haciendo esto. El desayuno está servido, pero sólo puedo tomar un sorbo de café. Subimos las cajas al auto. Ya casi son las seis de la mañana. Tenemos que salir lo más pronto posible. En todo ese tiempo, no he dejado de ver Twitter, ritual de las expectativas.

Durante todo el recorrido sigo atento a las redes sociales. Recibo mensajes de algunos ponentes, como Gladys Mazloum, que ya se encuentran despiertos y nos desean suerte. Sólo deseo que el evento empiece.

Llegamos a la universidad como si hubiésemos entrado a un espacio de alta seguridad. Más vigilantes de lo habitual, y algunos espacios de estacionamiento se encuentran cerrados (aquellos que dan hacia la avenida). Nos estacionamos justo detrás de la biblioteca y descargamos las cajas (y más cajas) con todo el material para el evento. Mientras María Betania, Daniel, Rennyer y Gabriela organizan las mesas de inscripción y refrigerio, entro al auditorio para instalar el trípode con la cámara, y la laptop para las presentaciones. En eso recuerdo: mi ponencia. Estoy en la primera mesa y todavía siento que debo realizar otra revisión de mi texto. Mientras corrijo, algunos estudiantes empiezan a tomar asiento.

Rodrigo Blanco Calderón, quien aceptó dar la conferencia inaugural del evento, llega temprano. Algunas estudiantes del tercer año de Letras de la UCAB, emocionadas, me preguntan si el escritor de Los invencibles firmará autógrafos.

Casi las nueve de la mañana y ya han llegado personas a escuchar. Estudiantes, ponentes, profesores. No todos son de la UCAB, también hay gente que viene de afuera.

Llega la hora. Rodrigo y María Betania se sientan en la mesa principal. Algunas personas que quedan afuera se apuran para entrar.

María Betania da la bienvenida a la XI Jornada de Jóvenes Críticos. Se toma un momento para recordar a los jóvenes estudiantes que en 2003 tomaron la iniciativa de crear la Jornada de Jóvenes Críticos. Muchos de los que estamos escuchando estábamos todavía en el colegio y posiblemente ninguno tenía la idea de escribir, en el futuro, una ponencia sobre literatura. Hace once años, la relación con la literatura, para algunos, seguía teniendo un hálito romántico.

Luego, toma la palabra Rodrigo Blanco. Su lectura es acorde no sólo al espacio sino al contexto que hemos estado viviendo durante los últimos meses.

Cuando él termina, inicia la primera mesa dedicada al lenguaje. Leo mi ponencia y simultáneamente voy corrigiéndola en el acto de leer.

Algo sucede fuera de nuestro espacio de encuentro crítico. Otro tipo de encuentro ocurre en la llamada “Plaza Mickey” de la universidad. Mientras converso con Nila y Orianna, miembros del CEL, a las afueras del auditorio, un estudiante de primer año de Letras llega a paso rápido, entre agite y miedo por lo que había acabado de escuchar.

—No sé si se enteraron, pero vengo a avisarles que un grupo de estudiantes quiere salir a trancar la universidad. Algunos tratan de detenerlos, pero están ya por salir.

Ya las autoridades de la UCAB estaban al tanto de la situación y en tan solo minutos recibo una llamada de Giannina Olivieri, directora de la Escuela de Letras, para informarme que, lamentablemente, se suspenden todas las actividades en la universidad.

Regreso rápido al auditorio para avisarle a María Betania sobre lo ocurrido. Extrañamente, tengo la seguridad de que al día siguiente sí se llevarán a cabo las actividades con normalidad. ¿Cómo haremos para reprogramar? ¿Qué ocurrirá con el conversatorio con Yolanda Pantin? En eso, recibo justo una llamada de la poeta. Ya se había enterado de lo ocurrido en la UCAB y quedamos en posponer el evento. “Yo ya estaba preparada para quedarme a dormir dentro de la universidad”, dice entre risas, quien fuera hacía años estudiante de Letras en esta casa de estudios.

Queda poco para que finalice la segunda mesa, la última del turno matutino. Entre Lazo Martí y Ramos Sucre –dos formas quizá opuestas de concebir la poesía– y al terminar esta, se dio el anuncio de que se suspenderían las actividades ese día. Recogimos todo en veinte minutos. Al momento de salir, la universidad estaba casi desierta. Sin barricadas, sin manifestantes, sin estudiantes.

Llegamos a San Antonio sin saber si tendríamos actividad al día siguiente. Esta vez, era yo el que sentía la seguridad de que sí podríamos terminar nuestras Jornadas. En eso, recibimos la llamada de Analy Trejo, estudiante de la ULA, quien nos dijo que los vigilantes no la querían dejar pasar a la UCAB. Le explicamos lo ocurrido por teléfono (ella no había podido revisar las redes sociales para informarse), y quedamos en avisarle en cuanto supiésemos si el viernes seguirían las Jornadas.

El cansancio nos da un salto temporal. Tras llegar a las dos de la tarde, cierro y abro los ojos cuando ha oscurecido. Casi las siete de la noche. Reviso el celular, y encuentro un mensaje de hace unos minutos. Habrá clases el viernes. Tendremos Jornada de Jóvenes Críticos.

Actualizo el programa. Las ponencias que faltaron esta tarde son reprogramadas para el viernes. En vez de empezar a las 9:00, comenzaremos media hora antes. Se reduce el tiempo de los refrigerios y el almuerzo. Y terminaremos un poco después de lo previsto. Sí, tendremos un día maratónico.

Día V

Llegamos a la UCAB una hora antes del inicio del segundo día del evento. Luego de todo lo vivido, ¿tendremos público?

Llega el primer ponente del día. Ronald Pérez con su ponencia sobre la lengua japonesa. Orianna Camejo, la segunda ponente, entra a la sala un poco después de iniciada la mesa. Ya algunas sillas del auditorio están ocupadas por madrugadores estudiantes y profesores. Algunas caras no me son conocidas, lo cual me alegra: tenemos, nuevamente, visitantes de otras universidades.

Me toca moderar la siguiente mesa: poesía venezolana. Pude compartir el espacio con viejos conocidos: Jaime y María Fernanda, y con Luis Perozo y Cristina Gutiérrez. Quizá el momento más difícil para un moderador es el de avisarle al ponente que su tiempo está por terminar. Ocurre con Perozo Cervantes y su ponencia sobre el poeta Carlos Ildemar Pérez.

Termina esta mesa, y viene el refrigerio. Sin patrocinantes, fueron nuestros propios fondos los que usamos para la variedad de refrigerios que ofrecimos. La profesora Ana Teresa Rodríguez, quien ha asistido a la mayoría de las jornadas, nos comenta: “recuerdo cuando antes esto era sólo galletas de soda, y el evento sólo duraba una mañana”. Si me preguntan si valió la pena invertir en este evento, sólo responderé con las fotografías del ambiente que se vivió durante los dos días de la actividad.

Cuando todo va bien y llega la mesa de Arte, se va la luz. Justo las ponencias que requieren el uso de video beam, se ven desprovistas del mismo. Ignoro si es un problema temporal, relacionado sólo con la universidad, o si ocurre a un nivel mayor. La llamada de un amigo me saca de duda: en Macaracuay él tiene luz pero no agua.

Luego de que la electricidad regresa, la actividad se lleva a cabo con normalidad. Para ser un evento de crítica literaria, un viernes por la tarde, después de lo ocurrido ayer con la suspensión de clases, hay bastante asistencia. Logro escuchar, casi por completo, la mesa dedicada a la literatura latinoamericana y norteamericana. Rennyer González trabaja la novela La trama nupcial, de Jefrrey Eugenides, en relación con el problema de la lectura. Ricardo Andrade, por su parte, lee su ponencia sobre la cuentística de Julio Ramón Ribeyro, mientras que Luisányela Mogollón nos da un adelanto de su tesis sobre la novela Ciencias Morales, de Martín Kohan.

El evento cierra con un brindis. Estudiantes de diversas universidades comparten e intercambian sus correos. Aunque el evento ha finalizado, la discusión crítica no termina.

...

A pesar de que estoy a meses de graduarme, sigo pensando  en la edición número doce de la Jornada de Jóvenes Críticos, a celebrarse en el 2015. Este año fue una lección. A pesar de la crisis que vivimos, pudimos notar la asistencia de estudiantes de todo el país quienes, además, le han dedicado el tiempo y la reflexión necesaria a las investigaciones que presentaron. Hay lucha en la calle, pero también hay una lucha diferente en la academia: la lucha de pensarnos. Si hay algo que aprender de estos jóvenes universitarios, es que el tiempo de la crítica y la reflexión debe ser una lucha constante si queremos lograr el progreso.


NOTA

*Alejandro Arturo Martínez es estudiante del quinto año de Letras de la UCAB. Realizó un año de intercambio en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente se encuentra trabajando en su tesis sobre la novela 2666, de Roberto Bolaño