• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Nuevas y breves luces, nuevas y cortas sombras

Violeta Rojo / Foto: Raúl Romero. El Nacional

Violeta Rojo / Foto: Raúl Romero. El Nacional

Autora de varios libros sobre el minicuento, así como curadora de la sección que el Papel Literario web ofrece cada jueves, esta escritora acaba de publicar un ensayo (Revista Quimera 386, España) que explora las tesis de que Juan Antonio Navarrete y Rufino Blanco Fombona hayan sido precursores del género

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los clasificadores de cosas, que son aquellos hombres de ciencia cuya ciencia consiste solo en clasificar, ignoran, en general, que lo clasificable es infinito y por lo tanto no se puede clasificar. Pero en lo que consiste mi pasmo es en que ignoren la existencia de clasificables desconocidos, cosas del alma y la conciencia que se encuentran en los intersticios del conocimiento.

Fernando Pessoa. Libro del desasosiego

De la psicología se dice que tiene un largo pasado y una corta historia. Quizás lo mismo podría aplicarse a la minificción.  Los antecedentes del género son cada vez más amplios, tanto así que a veces dudamos de sus orígenes: ¿son las Misceláneas griegas, los Libros de Almohada japoneses, el Panchatantra hindú, las Bagatelas de Catulo, los géneros menores, los poemas en prosa de Baudelaire, o acaso Bierce, Papini, Torri, los vanguardistas, los modernistas?

Cada vez es posible encontrar más precursores al género que nos ocupa. En realidad, son muchos los textos muy breves, ficcionales o no, con cierta narratividad y de difícil adscripción genérica que podrían calzar los puntos de antepasados de la minificción.

Entrar en el mundo de la minificción es hacerlo en un bosque brumoso, en el que los linderos son móviles, las formas cambian de acuerdo a las luces y sombras, el terreno es movedizo y hay que andar con cuidado. Hacerlo con demasiada seguridad implica exponerse al ridículo de hablar de cosas sobre las que no hay certeza porque no pueden percibirse claramente, y así un recodo entre los árboles en el que una forma humana nos espera, luego resulta ser una piedra cubierta de musgo y hojas caídas.

Cada vez que se desempolva un nuevo antecedente, cambia lo que se considera la historia de la minificción. Y al cambiar los antecedentes pueden cambiar también los conceptos sobre este género.

Por ejemplo, hasta ahora se consideraba que uno de los iniciadores de la minificción era el gran escritor venezolano José Antonio Ramos Sucre. Los datos apuntaban perfectamente en esa dirección: historias cortas, narraciones poéticas, un ejemplo de la literatura vanguardista. Esta seguridad en nuestra piedra angular del género se cae gracias a los estudios de dos escritores también venezolanos: Roberto Martínez Bachrich y Juan Carlos Chirinos. El primero apunta a Juan Antonio Navarrete como antecedente de la minificción; Chirinos asegura que las Notículas de Rufino Blanco Fombona son un precedente del género.

Roberto Martínez Bachrich lleva años realizando un amplio, enjundioso e inédito trabajo sobre literatura del siglo XVIII y XIX. Allí, destaca la figura de Juan Antonio Navarrete, fraile y bibliotecario del Convento de San Francisco en Caracas. Navarrete nació en Guama (Yaracuy) en 1749 y murió en Caracas en 1814. Se dedicó a la lectura, la lexicografía, la filosofía, la erudición en poesía, retórica, teatro, religión, ciencia y a la escritura de varios libros, casi todos desaparecidos. Su magna obra es su Arco de Letras y Teatro Universal, escrito entre 1800 y 1814. Su subtítulo nos dice mucho sobre ella: “De puntos, cuestiones, noticias, experimentos, secretos, sucesos y varias cosas pertenecientes a diversas ciencias, artes, facultades, asuntos y materias de todas clases”. En el estudio introductorio a la edición completa de 1993, Blas Bruni Celli apunta que Navarrete era un enciclopedista que, con sus lecturas y apuntes quería abarcar todos los conocimientos de su tiempo. Pero no es solamente un libro descriptivo, sino escrito con placer literario. Ya solo los apartados de su obra, que parecen más bien los títulos de novelas que desearíamos leer, nos dan luces sobre ello: Anatomía Sagrada; Electrum Sacrum; Secretos de Esposo; Sol más luciente; El juego de la paz y la guerra; Tratado curioso de la rueda de la fortuna; Libro de Hipócrates escrito a Perdicas, Rey de Macedonia;  Puntero astronómico; Libro único en que se apuntan las cosas notables de este siglo XVIII y XIX; Bando Real y Supremo; Suplemento a los dos Abecedarios supra e infra; Tabla Terenciana y Pauta para la inteligencia de otros poetas.

Es evidente el disfrute textual de Navarrete, por tanto no es de extrañar que en un iluminador ensayo José Balza comente que este libro es “alucinante”, y lo describa como “Clasificaciones borgeanas, diccionarios que remiten a lo imposible, exactitud y fantasía, conocimientos, curiosidad sexual”, pero sobre todo indique que “posee esos momentos en que un detalle de la realidad, transfigurado por la escritura (o la fantasía) se convierte en cuento. El padre Navarrete podría ser un puro precursor del cuento venezolano” (Balza, 2008, 92-93).

Y justamente esa afirmación de Balza, de que Navarrete es un precursor del cuento, es lo que ratifica la propuesta de Martínez Bachrich –a la que nos adherimos– de que muchos de los textos del fraile podrían ser un antecedente de la minificción.

Valga un ejemplo:

Amor platónico

Se tiene y estima como un amor lícito, honesto, decente, moderado y virtuoso entre los términos no evangélicos, sino naturales y racionales que solo tiene por objeto las bellas prendas y calidades de la persona que se ama como dignas de estimación. Gaspar Caldera de Heredia en su Tribunal Médico-Magicum, Statio &, art. 1, fol. 25, trata esto de propósito. Se juzga por lo común, hoy en día, que para que el amor platónico se distinga de la amistad, se ha de verificar entre hombre y mujer, no entre dos varones ni entre dos mujeres, pues esto es amistad. Pero Constantini en el tomo 1° de sus Cartas lo juzga por quimérico este amor platónico entre varón y mujer, porque luego pasa a lo ilícito, y la pasión hace su oficio, y el racional pasa a brutal. Léase su Discurso, y desengáñese el que piensa lo contrario.

(Navarrete, 1993, 124)

Este texto de Navarrete recuerda las minificciones eróticas de Marco Denevi, pero al mismo tiempo, el carácter del texto, que oscila entre el recorte y la apropiación, remite inmediatamente a Jorge Luis Borges. También borgeano es, por ejemplo, este otro:

Sanculot

Especie de vestido para cubrir la indecencia de las carnes, alias Sans-Culotes. Vino este nombre de la Francia, que quiere decir sin calzones. Ve el Despertador Cristiano-Político, folio 46, en la cual en tiempo de la revolución de los años de 1791 y 92, se llamaban Sanculotes sans-cullotes, tomo 2, Perfección del clero, folio 23 tomo 3.36, unos de la canalla arrastrada y andrajosa llena de piojos y sin más ropas que unos asquerosos andrajos. Véase folio 67 de la obra Sucesos memorables de Maximiliano Robespierrre.

Y después pasó este nombre a otras cosas.

(Navarrete, 1962, 198)

En estos textos se mezclan erudición, enciclopedismo y comentarios que, a la luz del tiempo nos parecen una humorada. Algo parecido sucede con sus análisis filosóficos, en los que Navarrete alcanza altas cotas de vinculación con lo que ahora consideramos minificción. En ellos también se unen su seriedad en analizar el hecho factual y sus sesgadas conclusiones:

Optimismo

Es una Secta Diabólica que abraza el materialismo, ateísmo y espinosismo. Optimismo por su significación quiere decir: lo que hay de mejor y bonísimo; alude al Crantvalle bona con que aprobó Dios las obras de su creación, Gen. 1:31. Mas dicta secta execranda y abominable llama del optimismo porque blasfemando contra Dios Creador y Espíritu Supremo, le enmienda las obras o se las reprueba: como hizo el blasfemo Voltaire nueva Serpiente infernal de nuestro desgraciado siglo 18. Este compuso un romance intitulado el Optimismo pasto propio de peridiculísimo Marte de Poeta. En él blasfema de todos modos contra Dios por las obras de su creación: niega la perfección del mundo: hace mofa de él: y el Optimismo es la obra más impía y perniciosa de cuantas salieron de su pluma. Véase sobre esto de propósito la obra El Oráculo de los Nuevos Filósofos en la Conversación 10, folio mihi 299, obra de un Abate Guión y otra del Abad Nonnote según el Padre Doctor Nicolás Jamin en su obra: Verdadero antídoto contra los malos libros de estos tiempos, C.10, SS.3. En dicha Conversación 10 del citado Oráculo tienes mucho contra el optimismo de Volter por otro nombre llamado Voltaire.

(Navarrete, 1962, 195)

José Balza en el ensayo anteriormente citado se refiere al carácter “plagiario” y reescritural de los textos de Navarrete. Lo mismo que en teoría de la literatura brevísima se llama la apropiación y reescritura de las minificciones de lector (según el término de Raúl Brasca). Para Balza, “el copista se impone sobre lo original y lo cambia. Ha nacido otra originalidad. Hay una transformación de lo leído. Y este nuevo elemento o hace retroceder el primer texto a otros que nadie presentía o lo impulsa a la novedad de la metamorfosis” (Balza, 2008, 113).

Creo que no hay duda de que el libro de Navarrete será una cantera para muchos estudios sobre los orígenes de la minificción.

El caso de Rufino Blanco Fombona es un poco distinto. Este gran escritor venezolano, nacido en Caracas en 1874 y fallecido en Buenos Aires en 1944 durante unas vacaciones, tuvo una vida apasionante. Fue escritor de una vasta obra que comprende novelas, cuentos, poesía y ensayo. Además fue político, participó en la Revolución Legalista de 1892 y se desempeñó como diplomático y gobernador. Estuvo preso bajo el régimen de Cipriano Castro y posteriormente, sus críticas a la dictadura de Juan Vicente Gómez le valieron prisión y destierro en Francia y en España. Allí fundó la Editorial América, mientras seguía escribiendo. Además, fue cónsul de Paraguay en algunas ciudades francesas (sí, un venezolano) y durante la II República Española fue gobernador de Almería y Navarra (sí, un venezolano). Era un hombre cultísimo y refinado, al mismo tiempo que irascible y peleón. Entre sus muchas obras, se encuentra La lámpara de Aladino. Notículas, publicado en Madrid en 1915.

Según el investigador Juan Carlos Chirinos, el vocablo notícula, como llama Blanco Fombona a las misceláneas de La lámpara de Aladino, “tiene todo el derecho del mundo a ser considerado el aporte de Blanco-Fombona a la teoría que trata de circunscribir conceptualmente los textos breves, pues no se trata solo de que el autor caraqueño le pusiera tan curioso nombre a sus textos por mero capricho, sino que se toma la molestia de explicarnos cómo llegó a él” (Chirinos, 2014). Efectivamente, Blanco Fombona dice que dio el “nombre de Notículas a apuntaciones breves sobre cosas de arte, de literatura, de pensamiento, de sensación, de vida”. (Blanco Fombona, 1915, 574). Y él mismo indica que su libro incluye “sensaciones de viaje, nótulas de arte, aspectos de vida, críticas sociales (no de salones, Dios me libre, sino de sociedades), evocaciones, amores, dolores, sueños utópicos, terribles realidades de lágrimas y sangre; pasiones, injusticias, dicterios, ¿qué no hay en este bazar de letras, en esta quincallería de viejo?” (Blanco Fombona, 1915, 570).

En su ensayo, Chirinos coloca la definición de las notículas de Blanco Fombona como una muestra del carácter des-generado de estos ejemplos, parecidos a los que se dan en la minificción. Ciertamente, en La lámpara de Aladino hay algunos textos muy breves que podrían ser considerados antecedentes de la minificción.

Tal es el caso de:

La vida que pasa

Oigo una voz que dice:

–Es criminal el modo como estás pasando la vida. No lees, no escribes, no piensas, no sueñas. Tu existencia no es de contemplación, ni de ocio fecundo, ni saboreo de la vida; es la hora que se fuga en la charla pueril o en el amorío trivial. Tu juventud, tus energías, vuelan, sin que tú te apercibas, y vuelan para no volver; vuelan llevándose la savia y la flor de tus abriles, vuelan dejándote, ¡ay!, mustio, carcomido, estéril.

Y oigo otra voz que responde:

–No te quejes de malgastar la vida: la estás viviendo.

(Blanco Fombona, 1915, 121)

De acuerdo con Chirinos, entonces, podríamos pensar que Notícula sería “otra forma de decir minicuento”. Coincidimos con Chirinos en que en estos textos está el espíritu des-generado de la minificción, pero también existe la posibilidad de que los pensemos como otras formas minificcionales en las que se unen relato, ensayo y reflexión, como este:

Policía de letras

La policía, aunque institución antipática por cuanto coarta la libertad individual, presta servicios de monta. No es malo que Sherlock Holmes acose a Raffles. Cuanto a los simples pasantes, si sorprendemos a un caco infraganti, debemos gritar: «al ladrón»; de lo contrario, el pillo continuará revuelto con los transeúntes, y en el sujeto de buena facha que nos pide o nos presta la candela podemos encontrar al pickpocket que nos sustrae el reloj. El egoísmo es defensivo. El sentimiento de solidaridad social es conservador y, por tanto, útil. La crítica suele ser la policía literaria. No es oficio envidiable. Pero suele ser de benefacción.

(Blanco Fombona, 1915, 141)

Otros de los textos de La lámpara de Aladino, por su parte, son más cercanos al aforismo:

Lección de esgrima

Tomar una lección de esgrima antes de ir a batirse equivale a tomar una lección de gramática antes de ponerse a escribir.

(Blanco Fombona, 1915, 144)

Dado el carácter misceláneo de gran cantidad de antecedentes de la minificción, sería posible considerar los textos de Rufino Blanco Fombona como otro de los antecesores del género.

Lo que me parece importante destacar es que estos nuevos aportes comprueban una vez más que los estudios literarios, sobre todo los que tienen que ver con la minificción, implican la negación de lo definitivo. Thomas Gradgrind, el insoportable y pesado profesor de la novela Hard Times de Charles Dickens, insistía cansonamente que “In this life, we want nothing but Facts, sir; nothing but Facts!” y no aceptaba hablar de nada que cambiara su visión de ellos. Pues bien, en los estudios de minificción, hay muchos hechos, cantidad de datos que pueden ser computados, pero cada uno de ellos, al cabo del tiempo, podrá ser visto de otra manera, analizado desde diferente perspectiva, dejado de lado por un tiempo y quizás posteriormente recuperado a la luz de nuevos descubrimientos. Nada permanece en la minificción, como no sea su carácter breve y anfibológico, que quizás corresponde a la naturaleza del género.

El caso es que ahora ya sabemos que hay dos nuevos antecedentes en la minificción y mientras tanto, todas nuestras seguridades quedan en entredicho y nos ponen en la magnífica posición de reevaluar ideas, reconsiderar teorías y comenzar a ver el género como nuevo, una y otra vez.



REFERENCIAS

Balza, José (2008) “Una imagen: Juan Antonio Navarrete”. En: Pensar a Venezuela. Caracas: Bid&Co.

Bruni Celli, Blas (1993) “Estudio preliminar”. En: Juan Antonio Navarrete. Arca de Letras y Teatro Universal. Caracas: Academia Nacional de la Historia.

Calcaño, José Antonio (1962) “Estudio Preliminar”. En: Juan Antonio Navarrete, Arca de Letras y Teatro Universal. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1962.

Chirinos, Juan Carlos (2014) “Las notículas de Rufino Blanco Fombona –otra manera de decir minicuento-”.  Conferencia dictada en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, Madrid.  También en Papel Literario de El Nacional. 14 de junio 2015.

Navarrete, Juan Antonio. Arca de Letras y Teatro Universal. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1962.

Navarrete, Juan Antonio. Arca de Letras y Teatro Universal. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1993.