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Noticias prévias del gran rio Orinoco

Edición de “El Orinoco ilustrado”, del padre José Gumilla

Edición de “El Orinoco ilustrado”, del padre José Gumilla

Nació en Cárcer, España, en 1686. Fue sacerdote y misionero jesuita, cuya obra puede considerarse pionera en la indagación científica del Orinoco. Entre 1716 y 1750 viaja por el Orinoco y adelanta su acción misionera. El fragmento aquí escogido pertenece a una edición publicada en 1791 (Gumilla había fallecido en 1750, en San Ignacio de Betoyes, Colombia), con el título de “Historia natural civil y geográfica de las naciones situadas en la riveras del rio Orinoco”, que es la misma que había sido publicada en 1741 con el título de “El Orinoco ilustrado, historia natural, civil, y geográfica de este gran río, y de sus caudalosas vertientes: govierno, usos, y costumbres de los indios”

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El primer Européo que vió el Orinoco, y toleró la rapidéz de los hileros, que son canales de agua del mismo rio, que rompiendo camino por el Golfo, arrebatan las Embarcaciones, aunque sean de alto bordo, fué (como ya dixe) el célebre Almirante Colón, en el año 1498; en cuyo Diario apuntó, que atravesando el Golfo Triste, desembocó por los Dragos, y pasó por la Isla Margarita; y como consta del Plan, no pudo atravesar dicho Golfo, sin costear á vista de las bocas de Orinoco, dexando al Golfo el nombre de Triste, porque desde su centro no ofrece resquicio para hallar salida; y á la única y estrecha que tiene, llamó Bocas de los Dragos ó Dragones, por el mal pasage que le diéron, y dan todavía á los navegantes, que en cada nuevo monte de agua temen un naufragio.

Despues de treinta y siete años de este primer descubrimiento fué Diego de Ordáz el primer Español que se atrevió á tantear las bocas del Orinoco, año 1535; pero todo su afan paró en desgracias, pérdidas de gente y de Embarcaciones. No por eso perdió el ánimo Alfonso Herrera; el qual, excediendo los brios de Ordáz, venció las bocas, penetró y superó los raudales furiosos de Camiseta y Carichana, que en cada escollo amenazan muchos naufragios: dió fondo en la boca del rio Meta; y perdida casi toda su gente, ya en los convates con los Indios, ya por falta de Bastimentos, como latamente se ve en Herrera y M. Laet, se retiró tan perdido como Ordáz.

Poco despues, en el año 1536, creciendo la voz y fama del Dorado, esto es de cierta Provincia de Enaguas ó de Omaguas, que en los Mapas se apunta con nombre de Manoa, y que se ideaba (y aun hay fundamento para ello) llena de grandes tesoros, se arrestáron á descubrirlos Pizarro desde el Perú, Pedro de Ordáz desde Quito, y Gonzalo Ximenez de Quesada desde el Nuevo Reyno despachó á Don Antonio Berrió: éste llegó al Orinoco; perdió casi toda su gente, y murió en la demanda. No fué mas feliz el éxîto de los enviados, así de Quito como del Perú, porque muy pocos de ellos saliéron con vida: ciega los ojos el amor á las riquezas, para que no se vean los peligros.

Después, en el año 1541, habiendo el Adelantado Pizarro dado la Presidencia de Quito á su hermano Gonzalo Pizarro, hizo éste reclutas para descubrir el Dorado; cuya fama crecia como espuma: él mismo con parte de las tropas tomó su rumbo por los Andes y Páramos, que dan paso muy árduo para la Provincia de los Mojos: con el resto de la gente destinó en Gefe á Don Francisco de Orellana: el Presidente Pizarro, perdida su gente, rico de trabajos y miserias, salió á Quito: Orellana se llevó la Piragua, y sin acordarse mas de Pizarro, se dexó llevar de las corrientes del rio Marañón con grandes fatigas y trabajos; con las mismas costeó la Cayana, hasta que se encontró con las bocas del Orinoco y Golfo Triste en el mismo año 1541, sin mas utilidad de tan árduo viage, que haber demarcado (como mejor pudo) el rio Marañón.

Entretanto, ya Diego de Orgáz que como dixe, fué el primero que recejó y venció las corrientes del Orinoco, habia vuelto de España con los poderes del Señor Emperador Cárlos Quinto, para que solo Ordáz y no otro, corriese con el descubrimiento del Dorado y de todo el Orinoco: el qual magnífico aparato paró en la desgraciada fundacion de Santo Tomé de la Guayana; fabricada de casas pagizas en la boca del rio Caroní, enfrente de la Isla que se le dió á Fajardo, que hasta hoy retiene el nombre de su Amo. En su mayor auge tuvo dicha Ciudad ciento y cincuenta casas: las abundantes cosechas de tabaco, y el ganado mayor, que multiplicó mucho, daban vastante útil á los Fundadores; pero sonó en Inglaterra el eco de Orinoco y del Dorado; y luego partió en su busca Monsieur Ralego, y entró en dicho rio con mano armada, año 1545, para ser testigo de sus pérdidas y desgracias, y no mas. El año siguiente 1546, otro Inglés, llamado Keymisco, envidiando los tesoros, que suponia en manos de Ralego, se armó, navegó y se asomó á la Guayana: temió, y se retiró sin honra y sin dinero.

Pero Ralego, encaprichado con su Dorado, armó al Capitan Mathamo, año 1547, con tal desventura de vientos y borrascas, que ni aun llegó á ver las bocas del Orinoco. Entretanto, Ralego estuvo catorce años preso en Londres; y por salir de su prision, hizo tan factible á su Rey en varios memoriales la conquista del Dorado, que consiguió libertad y poderes para aviarse, como lo hizo, armando cinco Naos á costa de sus amigos, esperanzados con una rica recompensa: llegó al Golfo Triste, llevando consigo á Keymisco por práctico, á quien Ralego envió bien armado á la Guayana, y con él á un hijo único, para mas asegurar el lance. Era ya Gobernador de la Guayana Don Diego Palomeque, quien á causa de los ataques pasados, habia agenciado y conseguido del nuevo Reyno ciento y cincuenta hombres de socorro, á tan buen tiempo, que Keymisco fué vigorosamente rechazado con pérdida de mucha gente, y muerte del hijo del General Ralego, el qual gastó el resto de su vida llorando sus infortunios, la muerte de su hijo y el parto infeliz de sus mal concebidas ideas; cuyo fatal éxîto fué causa de que los Ingleses no pensasen mas en Guayana ni en el Dorado; del qual trataré en el capítulo último de esta primera parte.

No así los Olandeses; porque estos entabláron en Guayana el trato del tabaco con tanto calor, que habia año que subian y baxaban nueve ó diez Fragatas cargada. Pero como despues se hubiese publicado la Real Cédula, en que su Magestad prohibió todo género de tratos con los Estrangeros, el Capitan Jansón, año 1579, socolor de cobrar la deudas atrasadas, se puso á vista de la Guayana con una Fragata armada en guerra, ocultos los Soldados baxo de la escotilla, para que los vecinos no los viesen; y al anochecer asaltó, saqueó y pegó fuego al Lugar. De los fundadores y vecinos, unos se refugiáron á Cumaná, otros se esforzáron á reedificar la Guayana en el lugar que tiene hoy, diez leguas mas abaxo de Caroní; para cuyo resguardo se fundó el Castillo, que despues fué saqueado por los Franceses juntamente con el Lugar, con tan poco útil del Corsario, que á costa de varios mercantes de la Martinica se habia armado, que él y ellos quedáron destruidos; porque en la nueva Guayana no habia otra cosa que saquear sino desdichas; y así, su misma pobreza fué su mayor resguardo y defensa. Es verdad que despues se animáron los vecinos y gentes de la Guayana; y de los Llanos de Cumaná y Barcelona traxeron ganados y yeguas, de que han resultado crias, que dan jugo y utilidad. Fuera de esto, se restableció la siembra del tabaco y otros frutos, lo qual junto con el camino real que se abrió y se trajina á los Llanos de Cumaná, se ha hecho habitable y llevadero el sumo retiro ó destierro de la Guayana.

Por aquel mismo tiempo los Padres Ignacio Llauri y Julian de Vergara, despues de haber hecho mucho fruto en San Joseph de Oruña, Isla de la Trinidad, domesticáron reduxéron á vida civil á la Nacion Guayana; fundáron cinco Iglesias, y pusiéron todo esfuerzo en doctrinar aquellas gentes, como consta de los mismos libros de Bautismos, que hoy tienen en dichos Pueblos los RR. PP. Capuchinos, y yo los he visto y leido; pero como con la invasion del dicho Corsario quedó todo saqueado y destruido, muriéron muchos al rigor de la hambre; y entre ellos el Venerable Padre Llauri, Varon de abanzada edad y de conocida virtud, de quien hace mencion la Historia General de mi Provincia. El Padre Julian de Vergara tuvo órden de restituirse á las Misiones de Casanare, como lo executó despues de haber entregado los Pueblos Guayanos á un Religioso del Gran Patriarca Santo Domingo, y á un Padre Recoleto del Doctor de la Iglesia San Agustin. Poco despues tomáron posesion los RR. PP. Capuchinos, que hasta hoy cultivan aquella Nacion, sin que jamás hayan pensado los Misioneros jesuitas volver á dichos Pueblos, y mas estando en manos de tan fervorosos y Apostólicos Operarios. La verdad cierta es ésta; y todo lo que se ha dicho en contrario, son palabras que se lleva el viento. Y mas quando media un compromiso hecho por los Superiores de las Misiones de Piritu de Padres Observantes de San Francisco, por el Prefecto de los Padres Misioneros Capuchinos y por el Superior de las Misiones de la Compañia de Jesus, con autoridad de su Padre Provincial Francisco Antonio Gonzalez; el qual compromiso autorizáron los Señores Gobernadores Don Cárlos de Sucre, que entraba, y Don Agustin de Arredondo, que salia de aquel Gobierno, año 1734. El qual aprobó la Magestad del Rey nuestro Señor, como muy conveniente al servicio de ambas Magestades; porque en dicho compromiso se señalan los terrenos y términos, á que cada uno, de los tres Cuerpos de Mision se debe, y puede estender en el cultivo y bien de aquellos Gentiles. Van dichas divisiones demarcadas y rotuladas en el Plan que puse al principio; y ojalá (como dixo allá Moysés) todos fuéran Profetas, para que todas aquellas Naciones entrasen quanto ántes por la puerta de la Santa Iglesia.

Al tiempo que el Venerable Padre Llauri y su Compañero doctrinaban la nueva Guayána, trabajaba apostólicamente al Poniente del Orinoco aquel gran Siervo de Dios y Venerable Padre Caravantes, Religioso Capuchino, con los prodigios y fruto espiritual que se ve en su vida, que anda impresa con general edificacion; pero debemos venerar los ocultos juicios de Dios; porque como gran parte de aquellas gentes, que convirtió y bautizó S. Luis Beltrán, gloria de la esclarecida Religion de Predicadores, en la Provincia de Santa Marta, se volviéron despues á su bárbara gentilidad, en que hoy persisten rebeldes á Dios y al Rey nuestro Señor: así en Orinoco apénas quedó rastro ni memoria del fruto, afanes y sudores del Venerable Padre Caravantes; y prevaleció la cizaña.

Pero ya es hora de dar á conocer el gran rio Orinoco, sus caudalosas corrientes las vertientes que recoge, su altura Polár y grados de longitud.

NOTA

Este es un fragmento del capítulo III de Historia natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riveras del río Orinoco. Texto disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.