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Notas de ciudad: Ruedalibre. Crónicas inoxidables

Rueda libre: Crónicas inoxidables, de Salvador Fleján

Rueda libre: Crónicas inoxidables

“Venezuela no es la misma y tampoco creo que vuelva a ser la de antes”, francamente, y qué maravilloso escenario se ha desvelado por esto para los narradores como Salvador Fleján que con pluma en mano, se convierten en los nuevos cronistas de una Caracas incontrolable. “Ruedalibre. Crónicas inoxidables” es el aperitivo que despierta nuestros sentidos como lectores a toda la literatura sobre una ciudad perdida bajo el caos

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Normalmente en estos días, escuchar hablar de Caracas a los caraqueños es como escuchar al enfermo hablar de todos sus males: siempre les duele algo, se les rompió alguna tubería o muchos se han rendido y hablan de inducir un coma para apartarnos de todo el dolor de ver a la ciudad caer en el desespero. Pocos son los que se atreven a buscar esperanzados una cura que, todavía muy débil, se esconde entre las esquinas. Pocos, como Salvador Fleján, se empeñan en contar la historia de otra Caracas, una llena de vida y de graciosas ocurrencias que anda rueda libre lista para convertirse en la megalópolis que soñamos sus habitantes.

La experiencia de Fleján como narrador convertido al género de la crónica se refleja en una colección de 21 cortas notas llenas de humor y naturalidad sobre las impredecibles cosas que se encuentra el caraqueño que se atreve a pasearse por su ciudad. Leer Ruedalibre. Crónicas inoxidables es tener el placer de recordar los andares de una ciudad llena de personajes caricaturescos, o de eventos organizados para combatir el caos perenne; es, sobre todo, leer sobre las aventuras de una cultura capitalina palpitante y emocionante.

“Cosas vistas en la calle”

La historia de un viejo rockero, de los típicos locales de arepas de Las Mercedes, o la de un coronel con un sueño frustrado son algunas de esas cosas que Salvador Fleján se encontró por las calles de Caracas. Más que cosas vistas, se trata de los personajes, los caraqueños que crecen, se pasean y envejecen rodeados por espacios rotos de la ciudad. Rodeados de bulla y escombros, los portales, los locales y los centros comerciales se han convertido en el sumidero de las ideas de la capital, y es ahí donde ahora se encuentran sus personajes icónicos: ejecutivos que han perdido por fin algo de pudor machista y se sientan algunas horas frente a una chica que les pule las uñas; los famosos plataneros que disfrutan de su fama; una pequeña que se prepara para su debut; Alfredo Naranjo y, por supuesto, el difunto presidente Chávez son los escogidos para convertirse en los protagonistas, en los símbolos de la nueva Caracas, la de estas “Crónicas Inoxidables”.

“Cosas vistas en el estadio”

Poco hay que hayamos hecho más nuestro que el béisbol. No es sólo por el espectáculo “desde la tribuna” sino porque –aventura Salvador Fleján– es un juego que descubre quienes somos, o en quienes nos hemos convertido: eternos adoradores de un héroe individualista que, contra toda probabilidad, todavía –creemos–  la puede sacar de homerun y salvar el juego.

Escribir de Caracas sin hablar del Universitario es falta grave; así que entiendo que Salvados Fleján empiece su homenaje al béisbol sentado en la tribuna. Desde el estadio, después de las largas colas de seguridad, y con el marcador a favor del otro equipo, los personajes únicos de nuestro “deporte nacional” son los protagonistas de una segunda tanda de crónicas: “Mánimal”, cervecero, el verdadero amo del estadio, los vendedores de comida del estadio, Guillén y Café Martínez, y, claro, los eternos rivales que protagonizan casi cualquier historia de béisbol en Venezuela.

“Notas mundialistas”

“Llama la atención cómo un evento al que nunca hemos asistido como selección puede desatar todo un torbellino publicitario y mercadotécnico en los medios locales y, con la misma rapidez, desaparecer tan rápido como suene el silbatazo final de la Copa del Mundo”. Así comienza “Cuñas del Mundial” tratando de explicar la fiebre mediática que ataca al mundo entero cada cuatro años y que a los venezolanos poco nos afectaba hasta que nació el “golazo Maltín Polar” –ahora “golazo Pan” por eso de prohibir comerciales de licores–, y también desde que hace algún tiempo nació el “orgullo vinotinto”. Los caraqueños somos del Caracas Fútbol Club, sí, pero los héroes del fútbol, y de las crónicas de Fleján, son casi todos importados: Diego Maradona, y la selección nacional de Brasil, por ejemplo.

Las historias de Ruedalibre resumen al caraqueño tal cual: el que espera al viernes de quincena para pasearse por las calles, tomarse la cerveza obligada, entrar al Universitario y estar pendiente de los héroes importados, los de las Grandes Ligas o los de la Liga Europea de Fútbol. Es que hoy en Venezuela todo se importa pero en Caracas todavía nacen historias.