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Niños BAE, Niños Oliva, Niños 8610

Gustavo Hernández Díaz

Gustavo Hernández Díaz | Foto: Archivo El Nacional

“El artículo 29 de la Convención establece que se debe ‘Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia’. Los niños no pueden ser objeto de manipulación política ni psicológica”

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Niños disfrazados de agentes de la Brigada de Acciones Especiales. Uniforme de combate, chaleco antibalas, carnet policial, radio portátil. Ametralladora a lo Rambo pende en el cuello de una infanta de cinco años. Niños verde oliva, boina roja, brazaletes tricolores, orden cerrado y posición de firme; rigor castrense que desentona con la risa y la inocencia de los rostros infantiles. No falta el telón de fondo. Corazón rojo de madera y close up de Chávez, violentan el imaginario infantil.

Niños en actos políticos. El presidente Maduro carga a un niño con boina roja y uniforme de camuflaje paracaidista. Es el Día de los Niños y Niñas. Se celebra el tercer domingo de julio de cada año. No es efeméride de alguna épica nacional ni el gobierno festeja el ignominioso golpe de Estado del año 1992. Es un día que nos invita a meditar sobre los derechos de los niños en Venezuela y el mundo.

Niños 8610. El estudiante Kluiberth Ferney Roa, del liceo Agustín Codazzi, con apenas 14 años, es asesinado por parte de uno de los efectivos de la Policía Nacional Bolivariana, en el Estado Táchira. La resolución 8610, gaceta oficial 40.589, aprobado por Maduro y el Ministro de la Defensa Vladimir Padrino López, se estrena con disparo de trayectoria criminal, macabra y premeditada contra un niño que clamaba por su vida. Según el Ministro López la 8610 es un “documento hermosísimo de profundo respeto a los derechos humanos, a la vida y a los manifestantes”. En cambio para el niño Kluiberth fue su último reclamo: “dejen ya la represión”.

La propaganda oficialista ejerce un efecto perverso en la población que se identifica con el proceso revolucionario. Ya es habitual en las festividades carnestolendas que padres y/o representantes disfracen a los niños de militares revolucionarios o de policías nacionales blindados de armamentos. Como si no fuese suficiente disfrazar a la infancia de represión y de unión cívico-militar; los gobiernos de Chávez y de Maduro han utilizado a niños, niñas y adolescentes en sus actividades proselitistas, transgrediendo la  Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas de 1989, la Ley Orgánica para la protección de niños, niñas y adolescentes de 1998 y la Constitución Nacional.

La Convención de los Derechos del Niño enfatiza que la familia es el grupo fundamental de la sociedad para el crecimiento espiritual, moral e intelectual de todos sus miembros y muy en particular de los niños. El artículo 29 de la Convención establece que se debe “Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia”. Los niños no pueden ser objeto de manipulación política ni psicológica.    

La propaganda gubernamental ha incitado la polarización política en el país. Las familias se han distanciado, las amistades se han quebrantado y el reino de la intolerancia se ha entronizado. La polarización es una forma de estereotipo que banaliza y tergiversa el devenir histórico y sociocultural. Los estereotipos se expresan mediante comportamientos emocionales que, a su vez, se apoyan en ideologías colmadas de prejuicios raciales, políticos, religiosos y hasta mágicos. Desde el estereotipo chavista, el Estado venezolano no está conformado por ciudadanos con derechos y deberes constitucionales; el Estado es una dicotomía social constituida por patriotas y disidentes apátridas, bolivarianos e imperialistas, chavistas y escuálidos.

La propaganda oficialista no debe confundirse con la comunicación política. Ésta sólo es posible en gobiernos que respeten el diálogo, la libertad de opinión, la diversidad cultural así como el acceso y participación en los asuntos públicos. En cambio el Estado venezolano utiliza la propaganda no sólo para promover sus logros sociales sino para crear un clima de incertidumbre en la sociedad apelando a discursos que criminalizan la disidencia y fomentan sentimientos chauvinistas y xenofóbicos.

La democracia requiere de espacios de opinión para que los partidos políticos compartan puntos de vista sobre el funcionamiento y mejoramiento administrativo del Estado. La comunicación política puede ser incluso hasta pedagógica ya que debería orientar a la ciudadanía sobre los valores democráticos. El simple hecho de que los políticos conversen de manera constructiva sobre problemas sociales y posibles soluciones representa un ejemplo de educación democrática.

La propaganda oficialista pudiera considerarse como un gran problema de polución ambiental. Ha invadido medios de comunicación, redes sociales, vallas públicas, y grafitis. Ha generado procesos psicológicos de proyección e identificación hacia la figura de Chávez. Ha propiciado el lenguaje de la polarización y del odio con simbologías diversas, la mirada de Chávez y su firma en edificios, libros escolares que ilustra a un niño sentado en el regazo del comandante y la Constitución Nacional con la figura del caudillo.  

La polarización política arengada por el mismo gobierno ha influido de manera negativa en la conducta de una parte importante de la población que aún no pierde la esperanza en el proceso revolucionario. Preocupa que padres y representantes transfieran a los niños sus expectativas, resentimientos y frustraciones personales con el propósito de idolatrar al comandante Chávez. Disfrazan a los niños de “chavecitos con boinas rojas” porque asocian a este militar con la imagen de Bolívar. La muchedumbre se identifica con Chávez para imitarlo en su manera de pensar, actuar y sentir.

Identificarse con alguien de manera exacerbada es asumir en cierto sentido el comportamiento de otro que no se es. Quien se identifica hasta el punto de idolatrar a una persona o cosa simbolizada, suscribe un modelo de vida que se basa en prescripciones ideológicas provenientes de un ser ajeno a nuestra personalidad. Nuestras convicciones morales quedan suspendidas hasta nuevo aviso, esto es, hasta que despertamos y reparamos que se ha rendido culto a una representación, a un dogma, a un error histórico.

Urge la educación para la democracia en nuestro país como propuesta pedagógica contra autoritarismos, sectarismos y resoluciones como la 8610 de la Fuerza Armada que delega a componentes militares y fuerzas del orden público la libre subjetividad y arbitrariedad en el uso de armas letales para el control de manifestaciones públicas. La Constitución Nacional es muy clara al respecto en su Artículo 43 “El derecho a la vida es inviolable. Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte, ni autoridad alguna aplicarla".