• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Negociación: palabra clave de las sociedades civilizadas

En “El poder y el delirio” Enrique Krauze afirma que el panorama de los partidos políticos venezolanos que son parte de la oposición democrática conforma “una zona de desastre en lento proceso de reconstrucción”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En “El poder y el delirio” Enrique Krauze afirma que el panorama de los partidos políticos venezolanos que son parte de la oposición democrática conforma “una zona de desastre en lento proceso de reconstrucción”.

Una frase ajustada que ilustra con claridad un cuadro heredado del régimen anterior: el naufragio de Acción Democrática y Copei una vez que cada uno de ellos decidiera respaldar, respectivamente, las candidaturas de Luis Alfraro Ucero e Irene Sáez para darle los toques finales a la banda sonora de su propia tragedia.

Sobre lo dicho por Krauze es necesario excluir al PSUV, el partido de gobierno, debidamente alimentado desde el poder y respaldado por el carisma de Hugo Chávez. Es una organización saludable y con pertinencia social, qué duda cabe, aunque acumule todas las taras estatutarias y organizativas del Pacto de Punto Fijo, junto a otras adicionales, sin ninguno de sus beneficios.

Es absolutamente cierto que sobre los partidos políticos venezolanos se desencadenó una campaña sórdida y con intereses inconfesables que terminó por costarnos muy caro a todos en los años noventa. La paradoja estaba dibujada: en Venezuela todo lo público era por definición corrompido e inservible, salvo prueba en contrario; y toda actividad privada, siempre sacrosanta y legítima. Todavía hoy parece que no lo hemos comprendido: el espacio público es el hábitat natural del interés general, expresado en la palabra política, y la garantía más completa para el desarrollo de la libertad.

El panorama de partidos que necesita Venezuela está funcionando desde hace rato en muchas naciones latinoamericanas: formación de cuadros, respeto a la autonomía de la sociedad civil, debate programático, libros y artículos en los cuales se debata. Mandatos finitos y duración específica en los cargos.

Los 14 años de chavismo han hecho madurar mucho a la sociedad venezolana en torno a la comprensión de criterios fundamentales para la responsable vida en libertad. Hablamos de la comprensión de la política, la necesidad de partidos fuertes y liderazgos creíbles. Resta un trecho por andar en torno a la interpretación adecuada de palabras claves. Una de ellas, especialmente importante, el vocablo “negociación”. En lugar de ser visto como un sórdido reparto de cuotas, como se lo atribuye la antipolítica, se trata del filamento en el cual se estructuran las sociedades civilizadas. No existe parlamento funcional en el mundo en el cual no se discrepe y se discuta sin que se trabaje para acordar en lo fundamental.

Los partidos venezolanos parecen haber comprendido lo que ha sucedido en la Venezuela de este tiempo. El trabajo de actualización, sin embargo, está lejos de quedar completo. Restan materias pendientes: más discusión programática, menos apego a los cargos. Todavía hoy, incluso en la oposición, los liderazgos tienen sesgos vitalicios. Son demasiados y con frecuencia ocupan el mismo nicho ideológico.