• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Narrar desde los resquicios

La escritora venezolana Victoria de Stefano / Manuel Sardá

La escritora venezolana Victoria de Stefano / Manuel Sardá

Si bien en este libro la autora se muda de sujeto enunciador, no se muda del terreno reflexivo

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Detrás de la fragilidad de una paleografía también hay un olvido ruinoso; con esa precaución me acerco a la novela más reciente de Victoria de Stefano. A las ruinas las encuentro, asisto a ellas como espectadora lejana, pero también hallo resquicios de luz. Si bien en este libro la autora se muda de sujeto enunciador, no se muda del terreno reflexivo. La inagotable introspección de Victoria de Stefano se hace presente una vez más, como parte de un discurso narrativo que la escritora ha ido abonando desde sus inicios, a pesar de los cambios que un escritor puede experimentar en su oficio, como lo plantea ella misma en una entrevista: “Yo tengo ya 70 años; cada diez, uno cambia sus certidumbres, algo en la vida viene a desmentirte y debes volver a plantearte las cosas. Los golpes en tu vida, los cambios a tu alrededor te obligan a hacerlo, y si no lo haces, si te aferras a tus ideas sobre las cosas, estás perdido. La realidad se le impone a uno y hay que ponerle atención. Todo el mundo ha tenido crisis” (El Librero, 44, pp. 50-52).

Si hay algo presente en sus personajes, es ese punto de quiebre que los hace interrogarse, en una ansiosa búsqueda de respuestas, en el vacío de lo no respondido. El devenir, la soledad, la enfermedad, la muerte son parte de esos estadios conflictivos de crisis que padecen algunos de ellos. El universo narrativo de Victoria de Stefano está poblado de sujetos para quienes retumba siempre la resignada convicción de saberse náufragos en la inmensa tristeza de no saber nada.

En la obra de la autora, más que un continuo fluir, hay un detenerse impelido por una escritura reflexiva. Todos estos rasgos en conjunto le dan una notable particularidad dentro de la novelística nacional, tan dada, con ciertas excepciones, al acotamiento geográfico y sociopolítico, a una militancia referencial inmediata. Al contrario, en de Stefano el tiempo y el espacio se difuminan; por eso, al leerla, me asumo como alguien que va cruzando un puente en un instante y lugar imprecisos; me siento como alguien que se para a escuchar el sonido repetido del agua bajo ese puente; que se queda a pensar en los seres que ya han transitado ese mismo lugar. Su escritura es una invitación a ese constante sondeo.

Cuando leo a Victoria de Stefano, me invento una voz que habla en tonos suaves, bajos, sin estridencias. Esa voz no se atropella ni se corta, ni siquiera cuando narra al perro moribundo que busca a tientas una muerte a oscuras; tampoco cuando relata el último ocaso del tío Fermín, la más vieja paleografía de las historias contadas. El último, porque ya los anteriores significaron la vejez y la enfermedad. La muerte es, por supuesto, el punto final, el que aplasta los intersticios de luz, el íngrimo desmoronamiento de las ruinas que aguardaban en silencio. De Stefano, justamente, construye sus ficciones desde la profundidad de esas grietas.


Paleografías

Victoria de Stefano

Alfaguara

Caracas, 2010