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“Música para bailar joropo”

Magdalena Sánchez, cantante folklórica, fotografía de 1964 / Archivo

Magdalena Sánchez, cantante folklórica, fotografía de 1964 / Archivo

Presentamos un fragmento del libro “Manual de folklore” (Monte  Ávila Editores, 1972) de la etnomusicóloga Isabel Aretz. En este capítulo, “Música para bailar joropo” (págs. 169-171) la autora repasa los ritmos a partir de una “bibliografía [que] da cuenta de los trabajos realizados (…) de Luis Felipe Ramón y Rivera"

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El corrido

La melodía del corrido transcurre a la manera del canto llano, sin saltos, insistiendo sobre ciertas notas. Su exposición es descendente y puede ser mensual o amensual, sobre escala mayor o menos, sea melódica o antigua. Se canta con textos de romance, a veces en contrapunto, o el acompañamiento repite, por lo general, la fórmula inicial, que puede ser rasgueada en el cuatro o punteada en el arpa.

El galerón

De esta especie se conocen dos formas, una moderada, que se canta, y otra más movida, que se baila. El galerón se canta siempre con acompañamiento de cuatro o de “guitarra grande”. Es amensural por su melodía y ésta marcha con independencia respecto del acompañamiento, que se repite siempre una fórmula. Sus giros melódicos son amplios, con saltos hasta de séptima, y de tipo descendente. Termina en el quinto grado de Do (escala hipofrigia). Sus motivos melódicos constan de dos o cuatro incisos repetidos con variantes. El texto tiene la forma de glosa.

El pasaje

Es antiguo como forma. Su melodía es mensural, independiente del acompañamiento, y a veces amensual. Sus giros libres obedecen al texto y forman períodos irregulares de tres o más motivos básicos. En esta especie se aprecian variaciones, contrapunteos con el instrumento cantante (sea arpa o bandola) y modulaciones a tonos vecinos. Se canta con texto de coplas, pero también puede ser puramente instrumental. A veces se dan verdaderas series de pasajes con los nombres de Pasaje, Yaguaso, Guabina y Marisela, u otros.

El golpe

Esta especie es más moderna. Estructural, a dos partes igualmente, como el vals; lleva ritmo sesquiáltero a veces. Ofrece cadencia frecuente sobre  el quinto grado. En su melodía se aprecian variaciones y repeticiones de incisos que mi esposo distingue con el nombre de repercusión. El golpe puede ser instrumental o cantado. En este caso el texto suele llevar el nombre de Décimas, aunque no corresponda a dicha especie poética. Muchas veces se designan los golpes con nombres particulares, como Chipola, Camalión, Refalosa, Carnaval, y otros.

El tamunangue

Se compone de una serie o suite de piezas diferentes, algunas de las cuales, aisladas, tienen amplia dispersión, como el Seis por Ocho y el Galerón; pero así, en su conjunto, se ejecutan solamente en una parte del Estado Lara. En casi todas estas piezas se observa cierta persistencia por el ritmo en seis por ocho, que alterna en algunas con el tres por cuatro. Es también común el paralelismo de terceras; como en La Bella, cuya melodía marca cuatro corcheas por compás, en tanto el acompañamiento persiste en seis por ocho. La Batalla¸ con que se inicia la serie, es, en cambio, una pieza casi sin paragón en Venezuela; se parece por su ritmo a ciertos carvavalitos y pasacalles del norte argentino y de Bolivia. Melodía y acompañamiento transcurren en compás de dos por cuatro, prefiriendo la fórmula de corchea ‒dos semicorcheas. La melodía se produce en dúo de terceras, son la intercalación de alguna cuarta, quinta o sexta. Este dúo alterna con el canto del coro, también a dos voces, que corea el estribillo, forma que sí es típicamente venezolana. El Chichivamos, la Juruminga, la Perrendenga y el Poco a poco, se caracterizan por la alternancia de solo y solo. Esta última pieza consta de dos movimientos: el primero muestra alternancia de grupos de tres y dos corcheas (o su contracción) en el canto y en el acompañamiento de los compases impares, y ritmo en tres por cuatro en los pares. El segundo movimiento, más veloz, sobre acompañamiento en seis por ocho, muestra otra vez en la melodía la alternancia de compases de seis por ocho y tres por cuatro (ritmo sesquiáltero). El Seis por ocho lleva acompañamiento permanente en seis por ocho y melodía rítmicamente libre, que se entona a dúo o en forma alternada entre dos cantores, según las partes. Completa el Tamunangue el Galerón, al que nos referimos con anterioridad. (169-171)


MANUAL DE FOLKLORE

Isabel Aretz

Monte Ávila Editores

Caracas, 1986