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Minificción de los jueves: William Guillén Padilla

William Guillén Padilla / Foto IV Festival de Poesía de Lima

William Guillén Padilla / Foto IV Festival de Poesía de Lima

(Hualgayoc, Perú, 1963). Poeta, narrador, editor y fotógrafo. Ha publicado cuatro libros de cuentos, dos de poesía. En minificción, sus libros son “Los Escritos del Oidor” (2006); “Lo que yo Barman oí” (2010); “Cuaderno de Almanaquero” (2011);  “Microcuentos”, Antología personal (2011); “77+7 nanocuentos” (2012); “Historias heredada”s (2013);  “Mínimos de Kokín” (2013);  “Abrazo Divino” (2013); “100 Minis 7D/De fantasmas y entes afines” (2014) y “Zoomínimos” (2014) 

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Monólogo inusual

En la escuela nos han dado de tarea de conjugar el verbo croar. Mi madre que no aguanta pulgas (así se dice por estos lugares a los que son rectos y protestan contra actos injustos), se va directamente a la maestra y le dice.

–Señora profesora, cómo se le ocurre que el verbo croar se puede conjugar… ¿O usted puede decir: yo croo, tú croas, el croa...?

La maestra se avergüenza. Pide disculpas por el error. No lo había pensado: es un insulto pretender conjugar el verbo croar si consideramos que somos moscas, enemigas desde siempre de las malditas ranas.

 

La salvación: El río

Nada escapaba al incendio. Ni nadie. Todo era una inmensa hoguera y la salvación –única y milagrosa–  era el río.

Como grandes mechones de fuego cruzamos las calles y la extensa pampa para dar al gran río.

Llegamos a tiempo, aún nuestros cuerpos soportaban las sofocantes llamas.

Pero el río, el amado y aliviante río, ni una gota de agua tenía.

 

Contador de palabras

–Solo tres palabras pueden resumir lo que era el compañero que ahora la muerte se ha llevado. Tres palabras que lo describen y sustentan: Fe, unión, acción, disciplina. Muchas gracias.

Miles aplauden a Eleodoro, dirigente del partido político más grande de Paitaó. Y yo no puedo evitar, en el silencio del descanso, corregir su discurso.

–En realidad, Eleodoro, dijiste cuatro palabras: Fe, unión, acción, disciplina.

Con su mano derecha se toca el mentón. Levanta la cabeza con lentitud y me mira fijamente a los ojos.

–Lo siento, compañero, solo sé contar hasta tres... y le aseguro que todos los que me escucharon solo hasta dos.

El homenaje continúa. Me alejo apenado, pensando que no debí haber hecho semejante corrección, después de todo yo solo sé contar hasta cinco.

 

Sabiduría

–Si hubiese sabido que mi tercera mujer molestaba tanto como la segunda, me quedaba con la primera –dijo Julius Zamura y apagó su pipa.

–Sí, pues –le dije–, por eso ya no quiero ser la cuarta. O si no ¿con cuál me compararías? ¿Acaso con la quinta a quien acabas de ofrecerle matrimonio?

Julius calló. Prendió nuevamente su pipa y se quedó así mientras yo me alejaba vestida de blanco a llorar al río.

 

Ateo

Desde que lo conocí –no tengo en mi memoria la fecha exacta– me declaró que era ateo. ¿Quién era yo para refutarle?

Hace breves momentos lo encontré y sigue siendo ateo: no tiene Dios.

Ciertamente nadie podría discutirle, pues todos aquí en el Cielo lo llamamos Dios y tiene un solo hijo llamado Jesucristo.

 

La última cena

–Uno de ustedes me traicionará –dijo Jesús y todos nos miramos.

–¿Seré yo? –le pregunté.

–Tú tienes la respuesta –me contestó.

Antes de terminar la cena compartió su copa de vino con todos sus apóstoles. Yo estaba al final.

Al momento de tocarme beber me di cuenta de que la copa ya estaba vacía. Entonces salí molesto.

La llené luego con vino que compré con una moneda de las treinta que cobré por traicionarlo.

Luego –tan borracho como una botija de vino– me maté.

Él, como es, me perdonó y yo no dejo de admirarlo.

 

Sin retorno al bar

–Vamos a cerrar por unas horas –dijo el Barman.

Entendimos el mensaje: abrimos nuestras alas y regresamos a las calles.

Nunca más volvimos, pues bien sabemos lo que significa la palabra “fumigar”.

 

Despertar

A media noche abrí los ojos: el sismo estaba fuertísimo. Los volví a cerrar; pero ya eternamente.

 

Teoría literaria

En la Isla del Gallo escribí: Pues señor gobernador / mírelo bien por entero, / que allá va el recogedor / y acá queda el carnicero.

No solo fue la primera copla de la conquista, sino el primer microtexto en América; entonces, como hoy, nadie sabe mi nombre ni este es mi último escrito.

 

Serenata

Después de cantar, intentó levantar las manos para llamarla. No pudo hacerlo: la tonelada de pétalos de rosas húmedas, que ella le lanzó, lo aplastó como el débil insecto que era.

 

Contraste

La mujer más hermosa que llegó por poquísimos días al pueblo se casó conmigo: el hombre más feo que existió.  Ya casados venimos a vivir en este pueblo de loros y fabuladores.

Antes de morir le pregunté por qué me eligió para ser su esposo.

–Porque fuiste el único que se atrevió a proponerme matrimonio –me dijo.

Callé. No le habría gustado mi respuesta: yo era el único que sabía hablar en nuestro pueblo de habitantes sordomudos.

 

Hallazgo

Nunca te busqué, pero te encontré. Eras la aguja en el pajar; yo el viejo y suertero imán.

 

La soga

Se rompió en el momento culminante y nadie aplaudió.

El hombre fue perdonado y, por primera vez, uno de los condenados se salvó de la horca; pero no del linchamiento.