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Minificción de los jueves: Roberto Abad

Roberto Abad, narrador y músico mexicano

Roberto Abad, narrador y músico mexicano | Cortesía

(México, 1988). Narrador y músico. Está incluido en  la antología “Alebrije de Palabras. Escritores Mexicanos en Breve”

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La rebelión de las estrellas

Cada dios tiene su propio universo. Unos lo prefirieron de fondo fulgurante; otros, opaco y tenue; los más tradicionales, blanco. En cambio, el nuestro, lo quiso oscuro, negro, lóbrego (también frío); y la poca luz que se ve, comprueba que incluso las estrellas se rebelan a su mal gusto.

Are you talkin' to me

Qué me ves. ¿Me estás hablando a mí? Más te vale que no. ¿Ah? ¿Qué dijiste? ¿Sabes con quién estás hablando?, ¿sabes realmente con quién estás hablando? ¡Basta, me colmaste la paciencia! Te voy a matar, imbécil, dijo el ladrón, ensayando y cortando cartucho. Entonces sonó una detonación. La bala salió del espejo.

Dos puntos

Hacen el amor, uno arriba del otro; y no importa el género (literario).

El mensaje

Nada se compara con la alegría del náufrago al abrir la botella que vino del mar y leer el mensaje que, después de cinco años de haberlo escrito, ha vuelto a sus manos. Pero ni siquiera recuerda su propia letra. Le da consuelo pensar que en otra isla alguien también desea ser rescatado.

La belleza de la mitología es un mito

El hombre mitad hombre, mitad caballo, no sabe si es más lo primero o lo segundo. Por un lado, desea a una mujer; pero también a una yegua. Por otro, le gusta la carne; pero también la yerba. Simplemente, quisiera estar de un solo lado. Es imposible decidirse, concluye con angustia, y enseguida relincha.  

Máquina de almas

Inventé una máquina que devuelve el alma al cuerpo después de fallecer. Pero tiene una falla, no siempre la regresa al mismo cuerpo.

Un día triste

Pero mira, mujer, cómo cae derrotado ante la obsesión del tiempo: ese gran mierda que nada perdona. No me pidas que me tranquilice, no hay forma. Es terrible lo que está pasando. Lo previne demasiado tarde, o quizá me confié de más. ¿En serio piensas que exagero? Tú sentirías lo mismo. Observa este puñado, tan delgado y casi traslucido; entre tantos millones de ejemplares, vino a ser el último en partir. Cómo me pides que no llore sin saber lo que vendrá. Las burlas, los apodos, las comparaciones. No lo soporto. Mátame, dame un tiro ahora. ¡Que me mates, te digo!.. Cobardes. Eso es lo que somos, unos cobardes. Ni tú te atreves a asesinarme ni yo a detener mis lágrimas. Pero qué día tan triste, tan hijo de puta triste. La resignación es mi única puerta de salida. Tengo que despedirme, seré fuerte. Gracias por estos años, fue un placer cuidarlos. ¿Ves? ¿Alcanzas a ver esta planicie horrenda que es ahora mi frente? Qué importa ya. Adiós, cabellos. Adiós. 

La vida fácil

Se renta vieja musa, aliento fétido, piel arrugada, renca; sexo opaco. Ha pasado por innumerables autores que se dicen necesitados de creatividad, logrando en la mayoría de los casos un gran efecto. Hace sus visitas de noche. Sigilosa, entra en la cabeza como si procurara mantener el perfil bajo; algunos le piden que lo haga así. En el desorden de ideas que halla en cada cliente, existe en automático un avance sólo por su presencia. Aparece como un anónimo y hace lo suyo, y de qué manera. En la juventud acostumbraba ilusionarse con quienes la consideraban en los créditos, pero con el tiempo aprendió a separar el amor del oficio. La experiencia le ha enseñado dos cosas: el ego acaba con el arte, y jamás debe besar en la boca. Artistas, no teman, contraten sus servicios, trabaja sin mañas. No tiene otra ambición más que la de seguir viviendo. Aun así, garantiza la creación de una obra. Cobra poco porque sabe que su aspecto ya no es rentable. Y, sin embargo, inspira.

La primera vez 

Aquel precoz y virginal lector recordaría toda su vida la primera vez que se entregó a un libro por amor.

Futuro sabido 

Sus poderes clarividentes le mostraron que mataría, por eso huyó. También supo que irían a buscarlo, por eso cambió de domicilio. Cuando se enteró de que lo encontrarían, sustituyó su nombre. Al verse muerto, dejó de escapar. Consciente de su destino, optó por poner un puesto de periódicos. Y marchó bien, salvo que todas las noticias le resultaban antiguas.

Soñar con un dalí 

Un reloj sueña con un Dalí que se derrite. Un elefante sueña con un Dalí de piernas gigantes, alargadas hasta el cielo. Una granada sueña con un Dalí que vomita a un pez dorado que, al mismo tiempo, vomita a un tigre. En conjunto, cuando despiertan y las luces del museo se prenden, las pinturas descubren que la realidad es otra. No obstante, cuando termina el día y se quedan a oscuras nuevamente, sienten alivio porque al menos en sus horas de siesta pueden vengar las desfiguraciones –ideadas por un loco–, que los conocedores suelen llamar arte.

Mapamundi 

Al abrir los ojos sintió una patadita por Alaska; luego, un cosquilleo que le cimbró en la India, llegando hasta Europa Central. Pasaron unos minutos y una contracción le vino muy fuerte en México; enseguida, surgió un éter de humedad en Sudamérica, la fuente se había roto. Respiró hondo y se sobó el mundo. Lo que casi nunca, sucedía: estaba por dar a luz. Hizo un esfuerzo estridente y pujó hasta que un temblor en Francia, doloroso pero decisivo, le dio la fuerza para terminar de dar vida. Entonces sintió que los ríos y los mares, las montañas y los campos, las flores y los árboles, los hombres y los animales surgían con fuerza desde sus adentros, donde descansaba la matriz envuelta en magma resplandeciente. No hubo llanto del recién nacido, ni tampoco estimulación de algún tipo. Pero el rumor furioso de los mares dio a entender que el esfuerzo había valido la pena. El nuevo mundo, como si estuviera aprendiendo a caminar, comenzó a girar sobre su propio eje, preparando lo que podría ser el primero de sus amaneceres.