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Minificción de los jueves: Pedro Guillermo Jara

Pedro Guillermo Jara | Cortesía

Pedro Guillermo Jara | Cortesía

Fundador y director de la revista Caballo de proa. Estudió Literatura. Narrador con una amplia obra publicada, más de doce libros en los que se incluye cuento, teatro y minificción, entre ellos: Para Murales (1988); Relatos in Blues & Otros Cuentos (2002); Cuentos Tamaño Postal (2005); De Trámite Breve (2006); El Korto Cirkuito (2008). Es editor y cultor del libro-objeto: ha publicado libros postal, libros casaca y afiches literarios

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La tierra hueca

“A 321 Km. del círculo polar existe una abertura de 125 Km. de diámetro. La gravedad se pierde a medida que se desciende. A los 8 Km. dentro de la tierra se pierde peso. A los 16 Km. todo comienza a ser más ligero. A los 160 Km. las plantas y los animales crecen más grandes. Entre los 1.126 y los 1.171 Km. se alcanza una gravedad cero y uno flota. Se ha formado un sol debido a la mecánica de los electrones suaves y otras fuerzas de equilibrio”.

Luego de la conferencia de prensa, los autodenominados Andromedanos fueron detenidos y enviados al psiquiátrico por orden del ministerio del interior por provocar alarma pública. Después de algunas horas quedaron en libertad por falta de méritos.

Ahora, el fiscal de turno no sabe qué hacer con esta aceituna del tamaño de una sandía que le han dejado los Andromedanos como regalo.

El enano Luis

En el pueblo la vida transcurre en calma. Parece dormido a esta hora de la tarde. Sus habitantes cabecean en las bancas de la plaza. De pronto, el enano se coloca de pie, se despereza, alza sus cortos brazos y exclama como un pequeño mago:

–¡Pueblo, deslízate!

El pueblo coloca en marcha sus engranajes, poleas y rodamientos y se mueve bajo las piernas arqueadas, como la curvatura del universo, del enano Luis.

Como en una correa sin fin se deslizan los pequeños negocios de abarrotes, de ropa usada, heladería, el burdel, la iglesia, la ferretería, la botica, la plaza con sus héroes de piedra, las nubes y un pequeño sol que cierra el desfile. Los perros ladran y mueven su rabo de otoño.

El enano Luis sonríe, de pie, sin moverse en este extraño pueblo que no figura en las cartografías del mundo.

Re encuentro

Después de 14 mil años, en un terminal de buses del sur de Chile, él y ella se re encuentran. La última vez que se vieron fue muy temprano, en Beringia. Ella no lo pudo seguir pero le entregó el cuenco de barro con el fuego. Sus miradas se cruzaron y ambos alzaron sus manos en señal de despedida mientras él arrastraba un trineo, su arco, las flechas, su lanza cruzada en la espalda, el fuego sagrado y su cuerpo protegido con los cueros de reno.

Juan Aliwenko, de pie, cargando una mochila, espera el arribo del bus. Es de mediana estatura, de amplia caja torácica, piel oscura, cabello grueso, ojos negros; viste de jeans, una parka, bototos, envuelto en su solemnidad ancestral.

Aiko Tanaka desciende desde el bus. Es menuda, cabello corto, erizado, de varios colores, tez amarilla, de gafas. Una cámara fotográfica pende desde un costado y arrastra una maleta con ruedas. Mientras avanza por el pasillo, a la distancia, descubre a Juan Aliwenko. Su andar se hace más lento. En el cruce entre ambos Aiko detiene su marcha un par de segundos. Sus miradas se entrecruzan, se observan. Los 14 mil años retornan al punto de origen en un resplandor de luz que los envuelve. Aiko Tanaka le pide fuego. Juan Aliwenko le enciende el cigarrillo.

Una dulce profecía

Aquella mañana no había flores pese a que la primavera se había anunciado el día anterior en grandes titulares de la prensa escrita, radial y televisiva.

En cadena nacional el ministro del interior expuso la grave situación: “Conciudadanos: Producto del indiscriminado uso de  herbicidas por parte de una industria alimenticia mundial, las abejas han desaparecido como polinizadores. Recuerden que muchos de nuestros alimentos dependen en gran medida de la polinización natural realizada por insectos, un servicio clave que abejas y otros polinizadores prestan al ecosistema. Sin la polinización realizada por las abejas, aproximadamente un tercio de los cultivos que consumimos tendrían que ser polinizados por otros medios o producirían una cantidad de alimento significativamente menor. Hoy día se ha firmado un decreto-ley en donde todos los ciudadanos tendrán que asumir el rol de polinizadores para lo cual el Estado los capacitará”.

Al día siguiente nos capacitaron. Nos enseñaron a utilizar un cepillo muy fino con abundantes pelillos, un par de antenas olfativas y luz ultravioleta conectados a un pequeño ordenador portátil. De este modo fuimos de flor en flor realizando la polinización. Era obligatorio el uso de un buzo amarillo con franjas negras y nos enseñaron a danzar el Baile del ocho y a cantar el himno “La miel que endulza el paladar, camaradas”.

El carterista ilustrado

Mientras esperaba el cambio de luz del semáforo el tipo deslizó sus dedos en mi bolsillo. Me percaté, tomé su brazo, se lo doblé tras su espalda, luego el otro brazo y lo inmovilicé con mis esposas de cartón piedra. Lo giré, extraje mi placa de aluminio que imitaba a una placa de la policía española y se la exhibí frente a sus ojos. Luego, extraje una Magnum del 44 de plástico y se la coloqué en el cuello. Le escupí en el rostro:

–Escúchame badulaque, te mueves y te perforo con mis balas de corcho, por favor, hazme feliz. El tipo estaba estupefacto.

–¡Pero jefe, farfulló, qué onda con usted!

Respondí indignado:

–¡Cómo qué onda conmigo, ladrón de mierda, si te pillé con las manos en la masa! 

–¡No puh jefe, si yo sólo pasaba por aquí, no me malinterprete!, me dijo.

–¡A ver… a ver carterista de mierda, dime una cosa… ¿Qué más sabes hacer además de robar?

–Tengo en una maestría en literatura de la Complutense, puh jefe y un post grado en gestión cultural en la Universidad Austral, me dijo.

–Permíteme reír, le comenté mientras presionaba con mi Magnum su gaznate. ¿Y qué más haces?

–¡Soy escritor, puh, jefe!

–¡Jajaja!, reí.

–¡Claro que soy escritor, puh jefe, y usted no existe en esta realidad, me dijo, usted sólo existe en el papel, usted es la creación que ha surgido desde mi imaginación, enfatizó.

Me coloqué lívido y regresé a un cuento en donde un carterista intentaba robarme y en donde yo era un detective privado.