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Papel literario

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Minificción de los jueves: Miguel Gomes

Papel Literario |  Miguel Gomes

Papel Literario | Miguel Gomes

 (Venezuela, 1964) Cuentista, novelista, ensayista. Ha publicado varios libros de cuento, entre ellos: “La cueva de Altamira” (1992), “De fantasmas y destierros” (2003), “Un fantasma portugués” (2004), “Viviana y otras historias del cuerpo” (2006), “El hijo y la zorra” (2010) y “Julieta en su castillo” (2012). En minificción publicó “Visión Memorable” (1987). Acaba de aparecer su primera novela: “Retrato de un caballero” (2015). Estos textos pertenecen a su libro inédito “Sermón del fin de los tiempos”

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Full Fathom Five

A veces, padre, cuando te presiento, pienso que la Muerte no se parece a la madrina monstruosa de la que muchos hablan y escriben. No es un ángel exterminador ni nada del otro mundo: prefiere ser discreta y cotidiana; algo así como un permiso remunerado, o una jubilación radical.

Manifiesto

El fantasma de mi padre recorre el mundo.

Declaración de principios

Denigraron de mí y los de mi especie; insultaron a todos los míos y a mi descendencia; me escupieron, patearon, empujaron. Alguien se lavó las manos después de rozarme. Fui el fracasado, la víctima de siempre, el idiota del barrio. Y me postergaron.

Por eso aprendí a bailar.

Mitologías

La cafeína comienza donde el mito acaba. Un día Narciso se despertó bruscamente mientras se contemplaba en la superficie del café: la imagen que vio allí era la de sus hijos. Iba a asombrarse, pero ni siquiera tuvo tiempo para eso: a las 8.34 a.m., el autobús escolar estaba a punto de pasar. Se bebió la imagen de un trago, tal como se bebería todas las otras, y salió del apartamento, todavía anudándose la corbata, arreando muchachos.

Un difunto a otro

–Fíjate, chico: parece que arriba todavía hay uno que practica el realismo.

Tabla de conversión

Un divorcio equivale a tres incendios, dos temblores y un derrumbe, sobre todo cuando nieva y la madrugada se desploma en el patio.

Brevísima relación

Tanto mintió, mintió tanto, Isabel como Fernando.

Historia de clavos

Un clavo saca otro clavo, sin duda: matrimonio saca amor, divorcio saca matrimonio, cáncer saca divorcio. El cáncer no hay quien lo saque, pero igual es un clavo.

Así nos vamos crucificando poco a poco, y sin derecho a resurrección.

Clase magistral

Prisons are built with stones of Law, brothels with bricks of Religion.

Blake

¡Hermano!: ¿te acuerdas de aquel verso: transfórmase el amante en la cosa amada? Tenía razón el tuerto. Desde ayer, a las 9.00 p.m., ya no soy yo, sino aquella muchachita, Melanie, ¿te acuerdas que te conté?; ajá, una que está bien buena; la que siempre se me sienta en la primera fila y después de clase se me queda metida en el despacho... y que para consultarme dudas sobre el texto que tenían asignado. 

Reunión de departamento

En las reuniones de departamento intentamos invocar a todos los espíritus del aire, el mar y la tierra. Nos tomamos de la mano alrededor de la mesa y cerramos los ojos, como a punto de levitar.

Pero la secretaria que lleva la minuta ha sido la única auténticamente poseída (cada viernes, a partir de las seis de la tarde).

(Los abajo firmantes, un círculo del infierno)

...si se hace justicia, que sea para todos: ¿o acaso al par de italianos ese no debería también aplicársele alguna pena? ¿El voyerismo, señoras y señores, no tiene castigo?

Filosofía del lenguaje

Según Bertrand Russell, “nadie puede comprender la palabra queso si no tiene un conocimiento no lingüístico del queso” (“Logical Positivism”, Revue internationale de philosophie 4 [1950]: 1-18; cf. p.3).

Que alguien me explique, entonces, por qué comprendo la palabra infierno.

Lo que Franz no pudo contar (I)

Una mañana el escarabajo amaneció convertido en checo que se llamaba Gregor. Por suerte, la metamorfosis ocurrió luego de la caída del muro de Berlín: el mundo estaba en calma y nadie padecía dolores de conciencia.

A sus exparientes, incluido el oscuro y detestado insecto que era su padre, Gregor les ha echado raciones generosas de ácido bórico. No siente nada cuando los barre y tira a la basura.

Tras un período de transición, Gregor está felizmente casado y es padre de cuatro. Ha prosperado en los negocios. Sabe un montón sobre fondos mutuales, invierte capital en la televisión digital y, últimamente, Microsoft se lo plantea como gerente de una sucursal en el centro de Europa.

Tarde de domingo

Algunas personas se ejercitan en el arte de ser humanas; otras se obstinan en ser parientes.

Santo oficio (Unisex) 

Fue rápido, lógico y criminal. Las monjas eran carmelitas, clarisas; no faltaba una josefina trinitaria. Yo estaba absorto ante el escaparate de la librería, y ni siquiera sentí que el Cadillac se me detuviera al lado. De un tirón me hicieron entrar. Ya en camino, se miraron entre sí y la que parecía dirigir el grupo se persignó con los ojos entornados, como suplicándole al Altísimo, al cabo de lo cual empezaron todas a golpearme con sus puños de ardilla. Seis o siete, enfurecidas, hacen daño. No atiné a defenderme; simplemente me dejé propinar la paliza. El calor, el hedor que salía de los hábitos mezclado con incienso hacían irrespirable el interior del auto; la sangre casi me cegó. Minutos más tarde, pensando que era indigno irse así de este mundo y dispuesto a granjearme un poco de respeto, sacudí los brazos, lancé un par de jabs. Los pies también tenían que servirme de algo. Estoy seguro de que lastimé al menos a una, porque sentí en los nudillos la resonancia hueca de un vientre. El golpe decisivo me lo dio la novicia que iba al volante, de la que recuerdo unos pudorosos bigotes negros.

No sé cuánto tiempo después, desperté justo en el momento en que me arrojaban a una plaza solitaria. Con solo un ojo abierto –y a duras penas–, sin fuerzas para levantarme, pude ver, a lo lejos, cómo el Cadillac doblaba una esquina y desaparecía.

Genealogías

Si hubieses nacido en Grecia, ya serías mitología: el color de ojos de tu abuela; la frente y la nariz de tu padre; la boca de tu madre; las orejas y el cabello, obviamente, de tu tía (que en paz descanse).

Lo más difícil será averiguar si te pareces a ti mismo o si eres, más bien, el monstruo de todos.

Se despide el copista

Con Wittgenstein me junto cada anochecer en los parques gemelos de Tudor City, por los lados de Murray Hill; uno de esos rincones de Manhattan que aún conservan el aire de pueblo. Solemos sentarnos en el mismo banco, bajo los robles; aunque a veces nos da por buscar otro que da al río del Este.

Antes conversábamos; él me preguntaba qué tanto garrapateaba en esta libreta y yo le contestaba que hacía cuentos lentos y novelas rápidas. Cuando me tocaba el turno de hacer preguntas, él se encogía de hombros y me permitía compartir su silencio.

A estas alturas (u honduras) ya somos demasiado amigos para intentar siquiera conversar. Seguimos sentados en el crepúsculo, contemplando los pálidos filosofemas de la noche que van instalándose entre los árboles, entre los edificios, a las orillas del río; las sombras que tripulan el ferry que parte, donde reconocemos vidas que podrían ser nuestras, y no lo son.

Despedirse nunca está previsto, pero nos sucede: él, yo, la Nada que nos junta en una isla. El cosmos que se apaga cuando cierro esta libreta.