• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Minificción de los jueves: María Celina Núñez

María Celina Núñez / Foto Twitter

María Celina Núñez / Foto Twitter

Madrid, 1963. Vive en Venezuela. Narradora y ensayista. Es coach de escritura online. Ha publicado en ensayo: Del realismo a la parodia (1997) y Racionalismo y empirismo en Andrés Bello (1991).  Sus libros de narrativa son “La fumatrice y otros relatos” (1999); “Deshabitados” (2001); “Maleza” (2004) y “Los Jardines de Versalles” (2009)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Frontera

Habitar dentro de la frontera de tu piel es como habitar la mía propia. Lejos ya del descampado, hicimos nuestra profesión de fe, en voz  tan baja que solo la escuchamos en los arañazos de la furia enloquecida , que compartimos cada tercer día, así como fueron tres los días que tardó Jesucristo en renacer.

 

Zamuro-Reptil

Cuando aprisionaste mi espalda contra tu pecho y me montaste, sentí todo tu poder y quise desquitarme de tu apetito voraz. Entonces mi mano se volvió zamuro-reptil, te toque donde nadie lo hace  y juntos secuestramos el último gemido de la noche.

 

Enemigo

Soñé que llegaba tu mujer y ya no podía dormir entre tus caderas. Todos estaban contentos. Cuanta algarabía. Fuimos en grupo a la sala de billar y yo traté de ser feliz para no despertar como una perdedora, pero nada pude y me alcanzó la mañana. Todo ocurrió en casa de mis enemigos, donde un día mi padre desposó a mi madre. Segunda traición.

 

Ceremonias

Anoche practiqué las tres ceremonias peligrosas de Gómez Jattin. Pero en lugar de leer poesía, dije adiós; una ceremonia no menos peligrosa. Y tres veces te negaré antes de encontrarnos de nuevo en nuestra paila del Infierno tras el Juicio Final.

 

Precipitar la vida

Hay momentos en que precipitar la vida es la orden, y afortunadamente ante ese mandato no vemos el peligro que nos detendría un paso atrás del movimiento preciso. Es la hora de caminar por la cornisa, sintiendo el vértigo del abismo. Y cuando ya no podamos mas, ojalá castiguemos el vacío a nuestro alrededor con el caudal de una arcada incontenible: seríamos vísceras esparcidas en el pavimento.

Si pasamos la prueba, vivimos y escribimos. Si no, mejor ser animal despedazado  antes que hombre o mujer enteros pero secos.

 

Cuaderno

Durante varias semanas he estado mirando el cuaderno con la esperanza de escribir. Creo que si supiera como poner mi cabeza en juego, el bolígrafo correría ligero sobre las hojas.

Anoche soñé que cruzaba los límites entre tu lugar y el mío, y llegaba hasta tu puerta. No toque, por supuesto. Aún puedo reconocer, incluso en sueños, mi condena de clandestinidad

Hay algo morboso en este ritual de aproximación y distancia: rodeo el cuaderno como a un muerto; el no me responde, tu tampoco.

 

Subterfugios

Subterfugios como los tuyos los conozco de memoria. Olvidas que vivo en una ciudadela custodiada por abejas. Otra mentira como la de hoy y no se, no sabría como tratarte si te viera de nuevo.

Carezco de modales. Me he criado en compañía de seres voladores y yo  sin poder volar.

Todos se acercan a mi por un panal que no es mío y así comienzan las mentiras y los subterfugios.

Estoy algo cansada de todo esto. Detente. Descansa tu también. Una picada. Dos picadas. Tres picadas.

 

Escenario

Deambulo por la ciudad buscándote. Una cerveza tras otra, me niego a aceptar la distancia entre tu ciudad y la mía. Es la primera vez que salgo dese lo ocurrido. Los bares de San Martín están abiertos hasta el amanecer. Las ficheras me tratan como a una hermana. Acepto las canciones de Julio Jaramillo. Ya todas las se de memoria porque me he vuelto obediente al gusto de los demás.

Las luces de la rockola son todo mi escenario junto a los hombres barrigones que beben cervezas, seleccionan las canciones, se sientan en mi mesa y, en tu larga ausencia, tratan de convencerme de salir a bailar.

 

Lista de mercado

Los pájaros que no sobreviven al humo de las chimeneas.

Las píldoras de Anne Sexton.

El encierro de Djuna Barnes.

La traición de Thelma Wood.

Las obsesiones de la fumatrice.

La obediencia al cigarrillo.

El enfisema de mi madre.

La bombona de oxígeno.

La maternidad repugnante.

Las tetas chorreando leche tras el aborto.

El desconcierto después de los días de fenobarbital.

Los hombres que han pasado por mi vida.

Aquella mujer también.

La polvareda que emborrona el sol.

Las pastillas pim pam pum

Los bluejeans desgastados.

Las relaciones tipo bluejeans.

Las botellas de coca cola.

Y los caramelos de menta que limpian la boca