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Minificción de los jueves: Julia Otxoa

Julia Otxoa | Fotografía tomada de Internet

Julia Otxoa | Fotografía tomada de Internet

(España, 1953)  Poeta, narradora, ensayista, fotógrafa, artista plástico, poeta visual.  Su obra gráfica es importante y reconocida. Además, ha publicado trece libros de poesía; ocho de literatura infantil  y entre los de cuento y minificción están:  “Kískili-Káskala” (1994), “Un león en la cocina”(1999), “Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee” (2002), “La sombra del espantapájaros” (2004), “Un extraño envío” (2006), “Un lugar en el parque”(2010), “Escena de familia con fantasma” (2013) y  “Jardín de arena” (2014)

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CEREMONIA

Murata Takarai  decidió quitarse la vida,  su amante le había abandonado. Así que comenzó los preparativos de su muerte, convocaría  a sus amigos más íntimos alrededor del té en el jardín para despedirse. ¿Pero...a qué amigos consideraba íntimos?  ¿Qué clase de té sería el adecuado? Conocía más de cien clases diferentes ¿Y el lugar del jardín?

Murata Takarai dedicó el resto de su vida a preparar la ceremonia del té para anunciar su muerte a sus amigos. Murió muy anciano de muerte natural. Hoy se le venera en Japón como uno de sus más grandes estetas.

 

PAISAJE PARA FRAC

Una extraña solemnidad precede al ladrón en el Salón del Rey, un alambicado lenguaje que hipnotiza, una teatralidad bien ensayada en su discurso que diluye toda posibilidad de defensa. Finalmente, cuando el camino del ladrón hacia sus víctimas está por fin disipado de obstáculos, viene la esperada metamorfosis, el instante álgido del simulacro: la transformación del ladrón en garante de la seguridad de sus futuros súbditos: su juramento como primer ministro, su fidelidad a la Constitución, posada su mano derecha sobre  la Sagrada Biblia.

 

JUSTICIA EN SANTA REPARATA

Fue muy duro para Giovanni pensar cuando apretaba el cuello de la muchacha, que aquel crimen que ahora estaba cometiendo le correspondería investigar a él, Giovanni Spechio, único juez de la pequeña población de Santa Reparata.

 

LA ORACIÓN DEL DRAGÓN

Todas las noches cuando llega la hora de las noticias y los políticos empiezan con su verborrea sobre política  nacional, entro en la cocina y quito el sonido del televisor,  me siento a la mesa y pelo cuatro cabezas de ajos, desgrano luego todos los dientes y los machaco lentamente en un mortero de madera, lo mezclo todo con sal, aceite de oliva y un chorrito de limón, golpeando suavemente todo ello hasta formar una masa compacta, entonces meto el dedo la pruebo y si está en su justo punto, tuesto cuatro rebanadas de pan y las coloco en un plato junto al mortero. Me arrodillo entonces entre el frigorífico y la fregadera, y echo a volar todas las cáscaras de ajo por encima de mi cabeza, como si fueran pétalos de rosa cayendo por todas partes, alegre lluvia sobre un templo iluminado por un fuerte olor  a ajos y a pan tostado.

Sólo después de todo esto llega el tiempo de mi gimnasia diaria con saltos y  volteretas por el pasillo, la sala y las habitaciones. Mis ejercicios gimnásticos duran exactamente el tiempo del telediario, sesenta minutos, luego, sudada y exhausta me doy  una ducha, me pongo ropa limpia y  me siento tranquila y  feliz en la mesa de la cocina a comerme las rebanadas de pan untadas con ajo, aceite y limón, regándolo todo con una cerveza rubia y helada.

Después de estos aperitivos salgo al balcón a echar unas cuantas llamaradas con mi aliento de ajos. La noche se incendia ante mis ojos. Y así estoy un  ratito apoyada en la barandilla, contemplándolo todo, imaginándome que vuelo sobre árboles y tejados, sintiendo dentro de mí música de volcanes, las estrellas parpadeando  sobre mi cabeza. En esos instantes pienso que  algo así tenían que sentir en un pasado los dragones  cuando en plena ebullición de sus incendiadas fauces miraban el cielo.

 

MALETAS

En mi caso hacer el equipaje es toda una batalla, tengo pocas cosas pero mal definidas, hasta el punto que desconozco qué poseo en realidad, tan solo sé que algunas pertenencias son ligeras y ovaladas pero éstas a veces se alargan inesperadamente  hasta romperse y vaciarse por completo. Otras en cambio son  pesadas y con solo pensar en ellas modifican su forma, estorban por todas partes, me tropiezo con ellas, tengo las piernas llenas de hematomas, algún día van a lograr que me caiga y me de un mal golpe.

Hay incluso algunas cuya existencia es dudosa, a menudo ignoro si pertenecen al pasado, al presente o tan solo al universo de mis sueños. Así que no es extraño que a la hora de hacer las maletas nunca sepa si voy a tardar mucho o poco, son tantas las conjeturas, las hipótesis...La sucesión de enigmas me rompe los nervios, me fatiga en extremo, me deja sin fuerzas para nada y claro, en esas circunstancias siempre  acabo anulando mis viajes.

 

DESFILE

Todos ellos calzaban zapatos distintos a los de su talla, a unos les venían demasiado pequeños y a otros demasiado grandes, debido a ello la mayor parte cojeaba o avanzaba con gran dificultad, así las cosas el desfile conmemorativo de la victoria en el que participaban resultaba grotesco.

 

EL TOISÓN DE ORO

Los camareros del Toisón de oro parecían flores mustias, servían como quien llora. Todo en aquel histórico café parecía ausente, como si en realidad, las mesas y sillas, y los grandes espejos que cubrían sus paredes, incluso aquellos tristes camareros con sus ajadas chaquetas blancas fueran la mera representación de la nada.