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Papel literario

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Minificción de los jueves: Homero Carvalho Oliva

Homero Carvalho Oliva | Foto Daniela Lovera. Cortesía

Homero Carvalho Oliva | Foto Daniela Lovera. Cortesía

(Bolivia, 1957). Narrador, novelista y poeta. Ha publicado más de veinte libros. Ganó dos veces el Premio Nacional de Novela de su país con “Memoria de los espejos” (1996) y “La maquinaria de los secretos” (2009). En el 2012 obtuvo el Premio Nacional de Poesía boliviano con “Inventario Nocturno”. También ha publicado “Ajuste de cuentos” (1999) y “Cuento súbito” (2004).Estos textos han sido tomados de “La última cena y otros cuentos” (2015)

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Origami

Tomiashe Arakaki tardó una vida en descubrir todas las formas secretas que encierra el papel. Cuando, por fin, creyó que había dado forma al último de los animales de la creación, supo por un sueño que aún le faltaba un mamífero bípedo. Con la experiencia ganada en setenta años, dobló y plegó, hábilmente, la hoja y, en segundos, fueron apareciendo las extremidades, el tronco y la cabeza del hombre. Satisfecho con su obra lo dejó sobre la inmensa mesa en la que, a lo largo de siete décadas, había ido acumulando sus seres de papel y se fue a descansar. Al día siguiente, descubrió asombrado y abatido que varios de sus más hermosos animalitos habían sido cazados y destrozados.

 

La luna

Mi abuela que descendía de los indígenas movimas de la Amazonía boliviana, afirmaba que la verdadera luna no es la que está en el alto cielo nocturno, sino la que se estremece sobre las ligeras olas de la laguna.

 

Ingratitud

Con los años el verdugo adquirió tanta experiencia, que de un tajo, limpio, certero y sin dolor alguno, cortaba la cabeza de sus víctimas. Sin embargo, nunca recibió de ellos una palabra o un gesto de agradecimiento.

 

La última cena

Y, entonces, acabada la cena, el Conde Vlad Drácula, alzó su copa llena y la pasó  a sus discípulos, diciendo: tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre. Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres. Haced esto en conmemoración mía.

 

Ganador

Cuando estábamos en la universidad nos gustaba la misma mujer, pero yo era tímido así que él la conquistó y en un par de años se casó con ella. Los volví a encontrar después de tres décadas y me dí cuenta que salí ganando, porque mientras él seguía con ella, envejecida y amargada, yo continúaba amando a la bella jovencita de diecinueve años.

 

El ángel

Nos nació un ángel. No lo digo por usar esta hermosa palabra con la que los padres nos referimos a nuestros hijos recién nacidos. En nuestro caso nos nació un ángel verdadero con alitas y asexuado. Nuestro bebé nació ayer a la medianoche y cuando se deslizó por entre las piernas de Silvana, mi esposa, ni el médico, ni la enfermera, ni yo, podíamos creer que en la espalda se movieran unas pequeñas y tiernas alas. Cuando el doctor lo tuvo entre sus brazos pude ver, con temor y frustración, que no tenía sexo, no poseía un pene y tampoco una vagina, era igual a esos querubines que tanto hemos visto en pinturas, en revistas, en publicidades y en el cine. Silvana lo tomó entre sus brazos y, sin sorprenderse, me dijo: te dije que sería un ángel.

Antes de abandonar el hospital les hicimos prometer al médico y a la enfermera que guardarían el secreto. Han pasado algunas semanas y vemos como crecen las alas de nuestro ángel; sin embargo no sabemos qué futuro le espera. Queremos creer que seguirá creciendo hasta llegar a ser un ángel adulto. Muchas preguntas me acosan, preguntas que no comparto con Silvana, porque ella está tan feliz que no quiero preocuparla. ¿Qué dirán los otros niños? ¿Creerán que es un ángel de la guarda? ¿Los científicos querrán raptarlo? ¿Qué posición tomará la Iglesia Católica? ¿Querrán canonizarlo? ¿Los dictadores los buscarán para que dirija sus ejércitos?     

 

La magia

Se han preguntado dónde se van los objetos que desaparecen de su casas, llaveros, relojes, dinero, conejos y esas cosas. Pues aparecen en el sombrero de un mago, desaparecen aquí y aparecen allá, de otro modo la magia no sería posible, pero no se lo cuenten a nadie para que siga siendo magia.

 

Blancos por decreto

Las cosas no han cambiado. Antes, en la Colonia la raza no fue un color sino un estado económico –les explicaba Miguel de Mendizabal a sus descendientes–, cuyos antepasados habían logrado adquirir un “Certificado de blancura” tramitado por el Corregidor de la Real Audiencia de Charcas ante el Rey de España. Y desde la obtención del certificado la gente blanca no lo volvió a ver como un despreciable indio del altiplano. Nuestro antepasado cambió su apellido aymara por el que hoy llevamos y, con los años y las generaciones, tras varios matrimonio con damas y varones rigurosamente blancos, nuestra familia fue aclarando la piel y acercándose a su ideal social. Ahora, con el actual gobierno indígena, que está exaltando hasta el paroxismo los valores étnicos, es lo mismo pero al revés; ahora nuestro dinero nos sirve para recordarles al mundo que fuimos indígenas, pero eso si de sangre noble, descendientes de los señoríos andinos.

 

Naufragio

A esas horas de la madrugada, el bar estaba desolado, como si un tifón hubiera pasado por allí dejando todo devastado, vasos, botellas, ceniceros, sillas y mesas tiradas por todo el lugar; más allá, cerca de los baños, un par de borrachos, abandonados de la mano de Dios, se tambaleaban como barcos a la deriva.

 

Monoteísmo

Para evitar el caos religioso en el que habían caído los humanos, los dioses se reunieron y decidieron elegir a uno de ellos para que pusiera orden en la Tierra y, deidades y hombres, pudieran gozar de sus propios cultos sin ser atacados por bandas de fanáticos rivales. Viéndose con poder, Dios, único y todopoderoso, decidió que lo mejor era destruir a los demás y, como lo que se hace en el cielo se refleja en la tierra, a medida que eliminaba a sus divinos hermanos y parientes, en la Tierra caían las estatuas y los templos dedicados a ellos.