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Minificción de los jueves: Eduardo Albarracín

Eduardo Albarracín

Eduardo Albarracín

Argentina, 1951.  Narrador, poeta. En minificción ha publicado “Incertidumbre” (2014), de donde vienen estos textos 

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Paraíso se ofrece

El mar permanecía en calma y la isla, habitada por una única y bella mujer, era un paraíso en oferta.

En una pequeña botella, Poseidón guardaba la tormenta.

 

Elogios

Me sentía orgulloso de las cosas que decían de mí: Un padre ejemplar, un esposo abnegado, un trabajador infatigable, un excelente compañero, un amigo de fierro…

Lástima que para el sepulturero solo fui el turno número tres.

 

Psicologa precavida

Analizaba los dibujos con detenimiento para elaborar un diagnóstico preciso:

“Hombre caminando bajo la lluvia sin paraguas…. desprotección, necesidad de afecto  –dijo para sus adentros.

“Hombre caminando de derecha a izquierda… fuga, deseos de regresar al pasado –sentenció en silencio.

Mientras su esposo –en simultáneo– cargaba el lavarropas y le cambiaba los pañales al nene, ella, disimuladamente,  le dio dos vueltas de llave a la puerta.

 

 

Noche de trampa

Con la complicidad de la luna, el jardín se vistió de perlas. Una orquesta de violines camuflados entre las hojas tocaba sinfonías antojadizas y, bajo su influjo, bailamos la noche entera. Ella y yo, yo y ella; alma contra alma en la romántica espesura de los sueños. Ella me abrigaba entre sus pechos desnudos, mientras yo apoyaba mi cabeza en su hombro desmembrado; y cruzando mis brazos por detrás de su cintura, le sostenía el ropaje que se deslizaba por su piel húmeda. Así, amarraditos, nos sorprendió la aurora. Presurosos volvimos a ocupar nuestros lugares: ella en la fuente, y yo, al pie del muérdago que trepa la muralla.   

 

Destacado

Había sufrido un grave accidente y como consecuencia de ello, quedó amnésico para siempre.

Como vivía en un país cuyo pueblo cada cuatro años perdía la memoria, el gobierno lo distinguió como ciudadano ilustre.

 

Lamentable error

Era un perro muy inteligente. Cada vez que alguien llamaba a la puerta, él observaba por la mirilla y movía la cola de derecha a izquierda para indicar si debía abrírsele y, de arriba para abajo, cuando era lo contrario.

Erró una sola vez en la vida: Cuando vino el veterinario a cortarle la cola.

Lo que pasa es que los perros no saben de infidelidades.

 

Gustos

La bella soñadora cerró los ojos, contuvo el aliento y besó al sapo. Inmediatamente el batracio se convirtió en el bello príncipe azul que tanto había soñado. Él la abrazó fuertemente y en un impulso sediento, selló su boca besándola con frenesí. Ahí fue, entonces, cuando ella se convirtió en la rana verde que a él tanto le gustaba; especialmente sus ancas con arroz a la andaluza.

 

Gajes del oficio

A veces me resulta pesado leer cuentos que otros escriben, sin reparar que lo mismo le pasará a otros leyendo lo que yo escribo. Aturdido en esa dicotomía, he resuelto escribir cuentos como si yo fuera  otros y leérmelos a mí mismo. Pero todo fue en vano, pensando que los cuentos leídos eran míos y que yo soy los otros, aburrido, acabo durmiéndome. Sin embargo, no todo es pesadumbre en la vida de un escritor/lector. Caer en tan profundo sueño suele tener sus gratificaciones: Acabo de soñarme escribiendo un cuento que le ha gustado a todo el mundo. La historia dice así: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.