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Minificción de los jueves: Bibiana Bernal

Bibiana Bernal | Foto cortesía

Bibiana Bernal | Foto cortesía

(Colombia, 1985). Es poeta, narradora, editora y gestora cultural. Dirige en Quindío la Fundación Pundarika, la editorial Cuadernos Negros y la revista Minificciones. Ha publicado: “Mujeres minicuentistas” (2006), “8 Cuentistas Quindianos” (2007), “5 Ensayistas Quindianos” (2007), “Minificción Quindiana” (2007), “Silencios de Hadaverde” (2007), “Ellas cuentan menos” (2012) y “Dos veces breve. Minificción de México y Colombia” (2014)

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Viaje de invierno

El rostro dulce y la voz excitada del niño irrumpieron en el estudio.

–Papá, papá, mamá sigue aquí, suena y suena.

–Lo sé, también escucho su violín todas las tardes de lluvia.

–Papá, silencia un momento tu oboe y ven conmigo al jardín. Mamá ahora interpreta Viaje de invierno para nosotros.

La mano del oboísta no alcanzó a viajar desde su instrumento hasta la mano de su hijo. Justo cuando el niño la extendió, su padre se desvaneció, integrándose con la lluvia que caía tras la ventana.

 

Confusión

Mami, anoche soñé que podía volar y recorrer grandes distancias en poco tiempo. Fue un sueño muy bonito. Paseé por todo París durante el tiempo que tardamos en llegar a la escuela en el autobús. Cuando fui a despedirme de ti, estabas vestida igual que cuando te acostaste, yo tenía la misma pijama y también era lunes. Aproveché para visitar a papá. Lo encontré pintando, como siempre. Al verme se sorprendió y preguntó cómo llegué. Le dije que volando pero no me creyó y me encerró en su habitación. Por eso te llamo, mami, para que le expliques que es un sueño y me deje ir.

 

Desahogo

Una mujer que llora, intenta escribir un minicuento. Lo único que se le ocurre es un cuento cuya protagonista llora desde el principio hasta el final. Cuando termina de escribirlo, el llanto de la protagonista cesa. Ahora lo único que a esta le preocupa es calmar el llanto de la escritora.

 

Encuentro

Entra al café, me mira y se acerca. Permanece. Nos saludamos con un gesto. Sonreímos. Le permito sentarse. Trae restos del aguacero que hasta hace un momento yo contemplaba a través del cristal. Ha entrado para refugiarse. También yo... aunque llegué mucho antes de que lloviera. Se acerca aun más y entramos en comunicación. Al cabo de un rato, abandona el lugar, porque alguien hace que salga. Lo hace. Regreso entonces la mirada al cristal, para verlo cruzar la avenida. Allá va, en medio de la lluvia, ha retomado su ruta incierta de perro callejero.

 

Pesadillas

Las pesadillas resultan más angustiosas para quienes están alrededor que para los directamente afectados”, concluyó el hombre después de intentar, en vano, salir de las pesadillas de su esposa.

 

Descontinuado

Después de comprar la cabeza, los brazos, las piernas, el tronco y los órganos, al fantasma le fue imposible comprar la vida.