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Minificción de los jueves: Arnaldo Jiménez

Arnaldo Jiménez / Foto Cortesía

Arnaldo Jiménez / Foto Cortesía

Venezuela, 1963. Poeta, narrador y ensayista. Ha publicado, entre otros: “Zumos” (2002), “Chismarangá” (2005), “La raíz en las ramas” (2007), “Tramos de lluvia” (2007), “El silencio del agua” (2007), “La honda superficie de los espejos” (2007), “Cáliz de intemperie” (2009), “Caballo de escoba” (2011) y “Orejada” (2011). Estas minificciones pertenecen al libro inédito “Otros pormenores”.

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Emergencia

Sus manos se deslizaron por el rosado cuello como dos medias lunas que se buscan dejando a un lado el latido y la tibieza, como dos serpientes que certeras dejan las marcas del grito grabada en la piel. ¿Habría hecho bien? ¿Saldría todo como lo había previsto? En su interior latía un destino, su propia vida llena de bondades sin sacrificios; alcanzó el cuchillo que había preparado para la ocasión y cortó su hermosa barriga, en ese momento ella se movió y él hundió hasta el fondo la filosa hoja, desesperado, no le quedó más remedio que terminar de abrirla y allí, para su pesar y su eterno arrepentimiento, constató de que en efecto, las tripas de la gallina eran de oro. 

El rito

El hombre volvía a llegar a la cueva, con el canto del alba y un pez casi agónico en la mirada, se fijó en el fondo como indagando por primera vez lo que todos los años constata con monótona ritualidad: se desplaza hacia el interior y advierte el cuerpo ausente sobre la piedra, sonríe y se va.

El soborno

–Dime, cuánto tienes para ver si te dejo o te quito la enfermedad.

–Tengo tanto.

–Bueno, está bien, pero te la quito por un tiempito nada más, oíste.

Dijo la muerte y enseguida se metió en la casa de al lado.

Textualmente

Mis días son un texto continuo una escritura sin comas ni acentos ni puntos y seguidos aun los suspensivos no suponen para nada una detención del fluir de mis horas del pasar de las noches y las llegadas de nuevos días y continuar y seguir por eso solamente por eso yo mismo me dispuse a escribir el punto final.

Carnaval

Tienen quince años buscándose dentro de la casa. Cuando en algunas ocasiones, por casualidad se encuentran, el colorido del silencio no los deja entenderse y enseguida uno de los dos se percata de que no era a ése a quien andaba buscando; entonces cambian de disfraces y se vuelven a perder.

Desprendimiento

Sé que no pueden andar muy lejos, sé que todavía están aferrados a la tierra. Fui yo quien se desprendió de mis pies para siempre.

Y así se vive

Otra vez llegaba el atardecer, ella lo volvía a llevar al jardín para que se distrajera. Sentado en su silla de ruedas, permanecía viéndose en el pasar de los cauchos de los carros sobre el pavimento; al rato comenzaban a caer uno tras otros los cabos de cigarrillos.

Como en el principio

En el espejo veía su otro rostro de mujer asombrada y arrepentida por lo que acababa de hacer. Se acostó y se deslizó, hermosa y desnuda, por el cuerpo de su amante que yacía inerte sobre la cama. Allí dejó la dispersión de sus escamas brillantes.

Una persona cualquiera

Elvia pasó toda su juventud presa en la frase: yo quisiera ser. Su adultez en cambio la vivió pensando, yo aún estoy a tiempo de... Y su vejez estuvo enrejada en la oración, si yo hubiera sido...Solo con la muerte logró situarse en un tiempo.

Bolero

Ella está tan cerca de mi corazón, tan íntimamente cerca de  mi corazón, que puede matarme en cualquier momento, por eso te ruego, te suplico, que me saques esa bala lo más pronto posible.

Pesca

El gran pez llegó vivo a la orilla, los pescadores se acercaron y vieron que algo se movía por dentro del animal. Lo abrieron y entonces salió Ernest Hemingway más rejuvenecido y más fuerte.

Aclaratoria

Nosotros, los lobos, queremos aclarar que si a un hombre le salen pelos en el cuerpo y unos colmillos y se pone aullar en noches de luna llena, eso no tiene nada que ver con nosotros, realmente es un gorila, porque como todos sabemos, el hombre no proviene de los lobos.

Magia

Desde su inocencia surgió el monstruo y no se separó de ella ni un solo segundo, solo ella lo veía en las miradas ajenas, solo ella lo atisbaba desde lejos, cuando lo sentía irrumpir en el fluido de sus palabras, frente al engaño o inmersa en las verdades conseguidas por sorpresa; cuando los pensamientos la asaltaban o estaba a punto de desear lo opuesto de lo que quería hacer; hasta que abrió las compuertas de su ser más íntimo y ahí se metió el monstruo y ya solo podía alimentarse de ella.

Relojes y palas

Admiraba los cuadros del surrealismo, sobre todo esos donde los relojes se transforman en palas y cavan poco a poco, segundo a segundo, el cuerpo de las personas.

La esquela

Todos los días revisaba las esquelas de los difuntos en varios periódicos, veía sus edades, se fijaba en sus sonrisas detenidas, sus miradas fijas en otra mirada; los mensajes que los vivos les envían a través de los centenares de periódicos que publican en un día y se lamentaba para sí mismo, con tristeza y resignación, que la vida no le hubiese alcanzado para aprender a leer.