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Papel literario

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Minificción de los jueves: Armando Alanís Canales

Armando Alanís Canales / Foto Cortesía

Armando Alanís Canales / Foto Cortesía

(México, 1956). Narrador. Ha publicado las novelas “Alma sin dueño” (2003); “La vitrina mágica” (2007) y “Las lágrimas del Centauro” (2010); el libro de cuentos “La mirada de las vacas” (1994) y el libro de minificciones “Fosa común” (2008). Varios de estos textos son inéditos

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Verdugo

–Seré breve –dijo el verdugo, y dejó caer el hacha sobre el cuello del prisionero.

La estrategia del peón

En la rigurosa jerarquía palaciega no estaba bien visto que él, un simple peón, le diera mate al rey. Así es que se convirtió en dama.

El domador

Como se habían prohibido los animales en el circo, el domador de fieras viajó al África para reencontrarse con sus viejos amigos en su hábitat natural. Dicen que se lo comió un león.

Ataúd

Aquel avión era en realidad un ataúd. Pero los pasajeros que lo abordaron por la mañana, sonrientes y esperanzados, no lo sabían.

Huida

Quiso huir de quienes lo perseguían. No comprendía que ya estaba muerto.

El monstruo del espejo

Estaba convencido de que en el espejo del baño vivía un monstruo que se asomaba al mundo cada mañana con cara de desvelado.

En el cementerio

Paseaban por el cementerio del pueblo.

–Qué solos se quedan los muertos –dijo él.

–Qué solos se quedan los vivos –dijo ella, y desapareció.

Libros prestados

Juré matar al próximo amigo que no me devolviera un libro prestado. Llevo tres muertitos en tres meses. No es mi culpa.

Canas y tintes

Nunca representaba su verdadera edad: si se pintaba las canas parecía diez años más joven; si no, diez años más viejo.

Sala de espera

En la sala de espera, mientras otros hojean revistas, la Muerte lee el directorio telefónico.

En el mercado

Vi a la Muerte en el mercado. Mientras otros escogían frutas y verduras, ella escogía a sus víctimas.

Presumida

Se paseaba desnuda por la calle porque quería presumir su nuevo sombrero de ala ancha y plumas multicolores. Solo que nadie miraba lo que traía puesto encima de la cabeza.

Actor

Siempre le asignaban papeles secundarios, pero esa vez le propusieron el papel principal en una obra de Beckett.

–Serás Godot –dijo el director.

Entrevista al boxeador retirado

–¿Cuál fue su rival más duro?

–Mi ex mujer.

Breve historia de amor entre escritores

Fue más cuento que novela.

El preso

Cuando la puerta de la cárcel se cerró a sus espaldas, tanto los muros altísimos como el patio desolado le parecieron familiares: los había visto muchas veces en sueños.

Tedio

Aburridos, ni los futbolistas ni el público ni el árbitro se dieron cuenta cuando el balón se metió en un hoyo. Siguió el partido, sin balón. No hubo goles.

Nubes

Las nubes son las volutas de humo de un dios que allá arriba, nervioso por lo que pasa abajo, fuma un cigarro tras otro.

Una tarde en la playa

Enterraron al padre, dejando la cabeza fuera. Una ola más alta que las otras lo cubrió. Ahora los hijos cavan en su busca, mientras la tarde cae y la marea crece.

Los últimos minutos

El juego estaba tan aburrido que apagó la tele y siguió con el poder de su imaginación los últimos minutos. Entonces cayó el primer gol.

Náufragos

En la lancha a la deriva, a los doce náufragos les dio de pronto por reír a carcajadas. Pelaban los dientes. Estaban todos muertos.

Fobias

Sufría tanto de claustrofobia como de agorafobia, de modo que no podía estar a gusto en ninguna parte.

Ruego

­–Déjenme solo –les rogó.

Pero no se fueron. Esa cabeza era su casa.

Amantes

Él voyerista y ella exhibicionista: eran la pareja perfecta.

Como la vida

El ajedrecista se distrajo y perdió la dama. Se dio un tiro, harto de que el ajedrez se pareciera tanto a la vida.

Mujer en el cristal

El metro entra en el túnel y yo me enamoro de la mujer que se refleja en el cristal. Llegamos a la estación. La mujer desaparece.

Palíndromo shakesperiano

Ser res o no ser res.

La más bella

Me enamoré de una mujer de una belleza sin tacha: era invisible.