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Minificción de los jueves: Antonio Cruz

Antonio Cruz / Foto Cortesía

Antonio Cruz / Foto Cortesía

(Argentina, 1951).  Narrador, poeta, médico.  Ha publicado dieciséis libros entre poesía, narrativa y antologías. En minificción sus libros son: “Tío Elías y otros cuentos” (2004), “Escritos diminutos” (2008), “Cuaderno de microrrelatos” (2010), “Cuaderno de microrrelatos II” (2011), la antología “El microrrelato en Santiago del Estero” (2011) y “Noche de brujas. Antología personal” (2013). En la actualidad dirige la revista de cultura Tardes Amarillas. Los textos que siguen son inéditos

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Falsificaciones acerca de Alicia

I

El conejo de ojos rosados corrió cerca de Alicia diciendo “Dios mío, Dios mío, voy a llegar tarde”. Alicia lo siguió y cuando el conejo se metió en la madriguera, sin pensarlo dos veces Alicia hizo lo mismo. Alicia cayó por el túnel a los tumbos y llenando su vestido de tierra en algo que le pareció eterno. Al llegar al fondo vio al conejo subir una escalera; por supuesto ella le siguió para ir a dar en un escenario donde un mago de levita y galera reprochaba al conejo por su tardanza. “Tuve que recurrir a las palomas” dijo el mago y el conejo agachó su cabeza y sus orejas se doblaron. En aquel instante, el mago vio a Alicia. “¿Y ella quién es?” preguntó, pero el conejo solamente levantó los hombros… “No la conozco” respondió despacito. Ni lerdo ni perezoso, el mago hizo una reverencia e invitó a Alicia a ser su ayudante. Así llegó Alicia al país de las maravillas.

Desde aquel día, los magos siempre tienen ayuda de una bonita mujer porque creen que de esa manera, el público se entusiasma más.

II

Cuando Alicia comenzó a caer por el túnel, no tuvo miedo sino más bien curiosidad. Cuando llegó al fondo vio al conejo subir una escalera. Alicia le siguió y en la parte más alta de ella encontró un túnel aún más estrecho. En medio de una oscuridad inescrutable, Alicia, apoyando sus manos y sus pies se dio maña para seguir subiendo y salir al exterior. Cuando la luz se hizo se vio a sí misma saliendo de una galera mientras un mago la miraba atónito y los presentes estallaban en una ovación.  

III

Cada noche, cuando todo queda a oscuras, Alicia se mete debajo de la cama, levanta una tapa de madera y se mete por el agujero. Comienza a caer y cuando llega al fondo, encuentra al conejo de ojos rosados que, casi como rutina, le dice que llega demasiado tarde. No obstante, siempre, guía a Alicia en su recorrido por un hermoso lugar dónde ella lo pasa bomba. Hay juguetes, comida, dulces y, sobre todo, amigos.

Eso es lo que le da fuerzas por la mañana cuando trepa apresurada por el túnel obscuro y finge despertar con los primeros gritos de su padrastro que, desde que murió su madre, la maltrata, abusa de ella y la envía, cada día, a pedir limosna por la calle.

IV

Después de ganar el concurso regional de magos, Alicia se fue volando hacia su casa. Ya en ella, después de darle una generosa porción de zanahoria, acompañó al conejo hasta el hoyo que estaba disimulado al costado del tronco de un árbol, Se abrazaron y el conejo se metió raudamente. Desde aquel día, Alicia nunca más pudo verlo, pero sabe que el conejo está bien. Alcira, la otra mujer que habita su cuerpo, le trae noticias todas las noches.

V

Alicia, miró al juez con temor. El hombre la taladraba con sus ojos pero ella solamente pensaba en su madre y se preguntaba ¿En qué momento se había derrumbado su mundo de maravilla? “Tu madre irá a la cárcel por terrorista” dijo él y ella se preguntó “¿Por qué?” Al fin y al cabo, el único pecado de su madre había sido asistir a una marcha pidiendo por la paz, la cordura y en contra del hambre y las persecuciones. Comenzó a llorar mientras rogaba que llegara el conejo del reloj o el gato de la condesa pero ellos nunca vinieron.

Desde aquel día, Alicia vive en otro país de maravillas, que no ha hecho olvidar aquel mundo que había conocido. Sabe que no tenían nada de lo que ahora tiene pero este hombre y esta mujer que no son sus padres. A pesar de que la miman y le compran juguetes, a ella poco le importa porque extraña terriblemente a su madre que, según ha escuchado, murió en la cárcel de una manera que ella ya conoce y que algunos adultos llaman tortura.

VI

Alicia sabe en su interior que en ella conviven dos personas pero no se hace trampas. Ella sabe que la Alicia que cada noche se encuentra con el conejo y viaja por un país de fantasía, abandona su cuerpo por las mañanas y deja paso a la otra Alicia, esa que tiene que ser dura, despiadada, cruel y muy egoísta para sobrevivir en este mundo que vive y que no es ninguna maravilla.

VII

Alicia, a pesar de la pobreza en que vivía, tenía su propio mundo de maravilla. En la villa, todos la conocían, jugaba con sus amiguitos, le gustaba ver los conejos que criaba Matías y jugar con su gato antes de dormir.

Todo se vino abajo cuando llegó a la pubertad y sus tíos, con el silencio cómplice de su madre, la obligaron a salir a buscar el pan de cada día (no con el sudor de su frente sino con otros sudores)

Por eso, ahora que el Rafa, jefe de la mafia que domina la villa, se ha enamorado de ella y la ha llevado a vivir con él, siente que las cosas han vuelto a su lugar. A pesar de su fama de feroz, el Rafa, es cariñoso, le compra linda ropa, la mima y la protege cuando por las noches sale a ejercer el oficio más viejo del mundo. Lo único que falta para que su mundo sea perfecto es que le compre un gato, que le permita tener conejos aunque sea en una jaula y esperar que el Rafa no la abandone cuando sea un poco más vieja y sus atributos físicos hayan decaído.

VIII

Mientras camina por ese paisaje cuadriculado y lleno de reyes y reinas, de alfiles y caballos de torres y peones, Alicia se pregunta enojada “¿Para qué se me habrá ocurrido cruzar del otro lado del espejo?... Ni siquiera me gusta el ajedrez”.

Por la mañana, despierta de su sueño y su padre le recuerda que después del colegio debe concurrir a su clase de ajedrez y ella, baja la cabeza mientras asiente con desgano tratando imaginar cómo será la próxima pesadilla que habrá de asaltarla por la noche.

Por lo que ella recuerda, ninguno de sus amiguitos es obligado a estudiar ajedrez. Claro… Ninguno de ellos tiene de padre a un jugador frustrado que, a pesar de su empeño,  nunca logró superar la mediocridad.