• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Minificción de los jueves: Ángel Fabregat Morera

Ángel Fabregat Morera / Foto Universo La Maga

Ángel Fabregat Morera / Foto Universo La Maga

España, 1965. Poeta, narrador. Ha publicado: “Antología d'un Onatge” (1990). Estos textos provienen de su libro “El cielo en ruinas” (2015)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Trascender

Dos jóvenes han pescado un pez y observan cómo da coletazos y boquea luchando por respirar. Mientras uno se ríe, el otro recuerda impresionado el día en que, braceando contra un mar enfurecido, casi se ahoga.

 

Cantos de sirena

Ulises llevaba una semana fuera de casa por razones de trabajo. Después de cenar, unas corrientes nocturnas lo arrastraban a callejear e ir de bar en bar en el trasnochador parchís de la soledad. Una noche bajando por una de las calles del Gótico de Barcelona unas sirenas aullaban moviendo sus caderas. Mientras, en casa, Penélope le zurcía unos calcetines. Apretando fuerte un billete de cincuenta euros que llevaba en el bolsillo, Ulises aceleró el paso para no naufragar.

 

Corazón partío

La vio por primera vez en la biblioteca del barrio devorando un libro de desamores. Él buscaba algo más ilustrativo, como un recetario de cupcakes. Un domingo, sin pensarlo más, la invitó al cine aprovechando que estrenaban Ratatouille. Sin dejar que el tema se enfriara, el sábado siguiente la llevó a cenar a un afamado restaurante. A la mitad del postre, cuando él iba a declararle su amor, fueron sorprendidos por el jefe de sala del local, que odiaba a los ratones. Él murió de un escobazo intentando defenderla. Ella consiguió huir y ahora deambula con el corazón roto por las cloacas de la ciudad.

 

El suceso

Cada tarde al volver del trabajo en el tren de cercanías de las 18:45, veo a mi mujer de pie en el andén alzando cada tanto la cabeza, como si buscara a alguien. Cuando el tren ya ha reanudado su marcha, me acerco a ella y le digo:

–Siento que hayas tenido que esperar tanto, pero hoy iba con algo de retraso… Eh, ¿me escuchas?… Soy tu marido… ¡María! ¡María!…

Ella mira y mira ensimismada, mientras nuestro perro me ladra. Cuando no queda nadie en el apeadero se va entre lágrimas. Así llevamos desde que estalló aquella bomba en el vagón.