• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Minificción de los jueves: Amélie Olaiz

Amélie Olaiz / Foto Ficción Mínima

Amélie Olaiz / Foto Ficción Mínima

León Guanajuato, México. Narradora, diseñadora industrial, diseñadora gráfica. Es la coordinadora del Taller de Minicuentos de Ficticia. Ha publicado: “Piedras de Luna” (2005 y 2007); “Aquí está tu cielo” (2007); “Vampiros transmundanos y tan urbanos” (2011);  “La vida oculta en la caja de nogal” (2013); y junto con Agustín Cadena: “Cuentos pequeños para grandes lectores” (2015)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Aniversario

Al volver del trabajo vi que en la calle estaba mi sillón favorito roto, el jarrón y la vajilla que me heredó mamá hechos trizas. Incluso trozos de muro y vidrios. Por el piso mis libros desparramados entre ropa, zapatos, cucharas, fotos, trastes, aparatos domésticos, tapetes, latas y persianas destrozadas. Lo único que se mantenía en pie era el marco de una ventana bastante maltratada. Por ahí entré a lo que fue mi casa.

–¿Qué carajos pasó?

–Eché la casa por la ventana, mi cielo.


La fuerza del chisme

Letania mantiene informada a la familia, que vive lejos, de lo que pasa por acá y aunque es la parienta que ellos consideran muy tonta, le creen.


Carboncillo nudo

Era la primera vez que lo veía. Irrumpió en el taller de desnudo y me besó en plena boca mientras abría mi blusa sin desasir los botones. Acarició mis senos y se detuvo largamente en los pezones. Midió mi cintura, complacido, bajó por la curva del trasero hasta los pies. Pensé que ahí terminaría todo... pero... subió por mis pantorrillas hasta llegar a los muslos. Lo miré con severidad para que se detuviera. Inútil, el tipo era un cínico. Cuando se disponía a quitarme la falda entendí que no podía seguir trazando. Visiblemente nerviosa cerré el estuche de carboncillos y salí de la clase. Es increíble lo que un hombre puede hacer con la mirada.


Clemencia

En múltiples vidas has sido madre, esposa, puta, reina, hija, bruja, amante, gata, hermana y víctima. Yo he sido verdugo, padre, rey, amante, hermano, macho, hijo, padrote, mago, esposo y mastín.

Hoy, por la transmutación de las almas, soy la mujer que escribe estas palabras, y tú eres mi hombre.


La mudanza

Cuando escribí el título no imaginé que sería premonitorio. A partir de ese momento empezaron a llegar hormigas humanas que se llevaron todos los objetos que había sobre mi escritorio. Yo, aferrada a mi Remington, tecleaba cada vez más rápido para poder salvar algo, cuando menos la historia, pensaba ya sobre los lomos de los bichos que me sacaban de mi apartamento desmantelado. “Lo siguiente son los lectores” oí decir al capataz antes de dejar caer esta hoja en la calle.


La promesa de Tamara

Al sentir cómo deslizaba en su anular una nueva argolla de oro, seis eones después de compartir vida tras vida con él, Tamara recordaría con pesar la promesa que le hizo frente a un fuego extinto: Te amaré siempre.


Pescadora de ficciones

Cada tarde con una atarraya de trama pequeña, Marina, la cuentista, se interna detrás de las olas. Sabe que cuando se terminan las botellas, los náufragos y los viejos marinos sueltan sus historias letra por letra en el mar.


Apodo de mujer

La apodaron Muñeca por su belleza y la hicieron partícipe del juego. Ella desempeñó el papel con temple de porcelana. Cuando sus ojos se volvieron vidriosos y su piel perdió el lustre, la expulsaron del juguetero.


Pegaso

A pesar de haber vivido entre piedras y serpientes, en el momento de ser decapitada por Perseo, Medusa tuvo un pensamiento blanco y alado que brotó de su cuello.


Ideas en tormenta

Deseosa de encontrar silencio y calma arrumbó las palabras en la covacha del pensamiento. Ya no podrían llevarla como hilacho del pasado al presente, al futuro y a la vorágine de preocupaciones que no la dejaban en paz. Amotinadas golpearon la puerta con furia, rompieron cristales y se azotaron sobre el piso. Las dejó volver, aceptándolas como un mal incurable. Ellas salieron en estampida a jugar tijeras y rompecabezas formando las más disímbolas combinaciones. Cariñosa y tierna las atrajo de nuevo. Con toda paciencia fue desarmando una a una en palitos y bolitas. Vistas así, le pareció que podían ser juguetes infantiles.


Confesiones de la piel

Después de dormir con los conquistadores la Malinche sonríe, con la certeza de que esos hombres que apestan a diablos no son dioses.


A la deriva

La barca amaba el mar; por eso levó el ancla de sus prejuicios: para entregarse con pasión al vaivén de sus saladas caricias. Él, en una coqueta demostración de poder, se la tragó.


Dualidad

Entre noche y día, Bien y Mal se amaron con descaro. El Creador, inquieto por el incesto, los separó para siempre.


Renovarse o morir

Entró en el salón de belleza y se acercó a la muchacha de pelo morado, camiseta de tirantes y minifalda entallada, que veía la tele sin parpadear.

–¿Me puedes ayudar?

–¿Qué se le va a hacer? –preguntó la chica sin mirar al cliente y mascando chicle con la boca abierta.

–Teñido de plumas –respondió al quitarse el abrigo y desplegar las enormes alas blancas.


Epílogo

Destruí las palabras, solo quedaron estas, las guardé para avisarte.