• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Minificción de los jueves: Alfonso Pedraza

Alfonso Pedraza | Foto cortesía

Alfonso Pedraza | Foto cortesía

(México, 1956). Médico Cirujano, narrador y antólogo. Coordina  el Taller de Minificciones de Ficticia, una de las revistas digitales más importantes de minificción. Ha publicado las antologías: “Cien Fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia” (2012) y “Minificcionistas de El Cuento, Revista de Imaginación” (2014)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Clásico

Teje, desteje. Penélope es otra desde aquel “ahora vuelvo, voy por cigarros”

 

Clásico II

Toda ella elegancia y coquetería, ante la mesa dispuesta para el romántico encuentro, tomaba a pequeños sorbos un mint julep. Al verla pasar las horas en espera del galán, el dueño del viejo hostal la veía con un dejo de ternura y compasión. Era su mejor cliente, por eso nunca se atrevería a recordarle, a la fina anciana, que hace quince años, su Ulises fue herido a media calle y cautivo por la sirena de una ambulancia, nunca se supo más de él.

 

Clásico III

Para volver, Odiseo espera desde hace añales, que la túnica esté completamente tejida.

 

Del amor XIV - Agradecido

¿Sabías acaso lo mucho que has cambiado mi vida?

Desde que te tengo conmigo tornaste mis días de encierro y desesperanzas por otros de alegrías y renovados afanes.

Tan dentro de mí estás que llegas a tocar mi corazón inyectándole vida; haciendo que disfrute nuevamente lo que ya consideraba perdido: de la naturaleza, del sexo, de sentirme intensamente vivo.

Estoy realmente agradecido que será mi última voluntad, cuando yo muera, otro te disfrute plenamente así como lo hago ahora.

¿Qué sería de mí, sin ti, mi pequeño marcapasos?

 

Del amor IV - Ausente

Mi amor: En casa te extrañamos, te necesitamos. Finalmente tu ausencia nos cala los huesos. Nuestros hijos, cuando llegué a casa, tenían una vela encendida frente a la Guadalupana y al lado una foto tuya, la colegiala de la “Manuel Acosta” de la cual me enamoré. Después, cuando todos dormían la apagué para finalmente volver a encenderla por nuestra próxima, eterna unión.

 

Del amor II - Traicionado

Los dos frente a frente, a punto del clásico duelo.

La traición no tiene otra forma de arreglo entre cowboys...

Los ojos fijos el uno en el otro.

Una amistad de infancia perdida al encontrar a Mary en brazos de Paul...

Las manos tensas se acercan a las armas.

Justo después de que Peter y Paul en ese acarreo de ponis, en la pradera, de noche, solos...

 

Sexo Sentido

Supe que estabas allí. Ningún ruido, destello o movimiento me guiaron. Aún en la oscuridad seguí el camino correcto y te hice mía frágil mariposilla. Benditas sean las feromonas.

 

Día de Asueto

No supo si fue a causa del majestuoso sol caribeño brillando en lo alto, el voznar de las garcetas a su derredor, o la fresca corriente del río donde se bañaba; el caso es que por fin le fueron indiferentes: sus odios y temores, el desencanto de un amor perdido, las algas que le enredaban los pies y la salobre agua que inundaba sus pulmones.

 

Desengaño

Me citó muchas veces. Me llamaba con el brazo extendido, se ofrecía. Alabó mi figura y le creí. Enceguecido de emoción iba a su encuentro; él, me tentaba con algún roce fugaz antes de alejarse con altivez.

Ahora, rendido, entregado, descubro su intención real y corro hacia él con rabia, decidido a todo pese al estoque que brilla en su mano.

 

De lluvia, ocios y ausencias

Chirría una y otra vez el catre de Noé. Todas las parejas copulan para perpetuar su especie. Solo la esposa de Noé, irritada por la fría lluvia continua, pasa las tardes y las noches bajo cubierta rumiando amarguras.

–También nosotros peligramos como especie –le decía–, y tú solo comes y haces cálculos financieros.

El catre de Noé, vacío, chirría por el vaivén del oleaje.

 

In Memoriam

Cae la lluvia. El monótono sonido del meteoro divino es un arrullo en todos los recovecos.

El goteo cesa, silencio total en la techumbre del arca. Los primeros en abandonar la nave, la pareja de muningos; enormes roedores verdes, saltaron por la borda buscando tierra. Murieron sin remedio; la barcaza sólo pasaba debajo de un claro en la tormenta.

Herederas de estirpe, las ratas repiten el acto en alta mar al menor signo de alarma.

 

Primeras Quimeras

Evitando la bruma y el frío de la lluvia, pasaban los días bajo cubierta haciendo lo que tanto les placía:

–Para mañana chuletas de Pegaso, después pechugas de ave roc –decía Noé a su esposa, mientras descarnaba a diente limpio unas costillas de unicornio.

 

En paz

Suele refugiarse en este chiribitil, ahí nadie le molesta. Aunque está un poco oscuro, se entretiene con los cucos que pululan en los resquicios. Cuando se aburre, sale a buscar a sus hermanos que ahora, mucho mayores que él, no le hacen caso. Se siente mejor en soledad, nada de “apúrate con la tarea” ni de “¿te lavaste bien detrás de las orejas?”  Y sobre todo se libró de los juegos con su tío, que tenía prohibido contar a nadie.

Todo ha sido felicidad desde la vez que fue y volvió del hospital por beber ese matarratas que, a fin de cuentas, no sabía tan feo.

 

Después del certero disparo al corazón

Al ver cómo me elevaba con lentitud sobre las copas de los árboles, las aves y una capa de grises nimbos, rumiaba: ¿la llegada al cielo no era automática?

 

Eu sei que vou te amar       

Ella partió del hogar la tarde en que la jacaranda del patio trasero se negó a florecer y hasta el follaje perdió. Nunca, en treinta años había sucedido. Se llevó los gatos y mis chancletas que tanto le gustaban. Enrolló mis dibujos al carbón. Los echó a la basura. Salió de casa, no sin antes dejarme una pequeña flor al pie del enorme árbol corito. Justo donde sus raíces ciñen mis huesos.