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Minificción de los jueves: Alberto Sánchez Arguello

Alberto Sánchez Arguello / Foto YouTube

Alberto Sánchez Arguello / Foto YouTube

Nicaragua, 1976. Psicólogo, escritor, tuitero e ilustrador. Fundador del colectivo microliterario nicaragüense y de Parafernalia ediciones digitales. Sus minificciones han sido incluidas en varias antologías en Argentina y España. Además, ha publicado en varias revistas literarias en español

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Posesión

Cada día, al regresar de la escuela, me detengo en el parque a un par de cuadras de mi casa. Está lleno de juegos rotos y hojas podridas cubren el lugar, excepto por un pequeño carrusel que ya no puede girar.

Ahí fue donde lo encontré. Estaba sentado en un caballito sin cabeza. Tenía casi mi tamaño, con la piel oscura y escamosa. Me dijo que estaba solo y que se quería ir conmigo. Yo le tomé su mano de uñas largas y le di un abrazo con los ojos cerrados. Cuando los volví a abrir ya no estaba ahí.

De vuelta en casa mi madre me sirvió la comida y me mandó a hacer tareas sin notar ninguna diferencia. Al caer la noche, cuando todos estaban dormidos, me puse frente al espejo a platicar con él. Le pregunté si ellos provocan que las personas guarden secretos oscuros y hagan cosas malas a sus hijos. Me dijo que no.

Ahora sé que mi padre no está poseído por un demonio, al menos no por uno como él mío.

 

Vergüenza

Era noche de luna nueva cuando Esther fue interceptada por tres hombres a una cuadra de su casa. Se la llevaron a un callejón y la violaron repetidas veces antes de acuchillarla. Un par de horas más tarde Esther se levantó y caminó hasta su hogar. Entró en silencio, se cambió de ropa, cocinó y sirvió la comida.

En el comedor su esposo le notó un goteo rojo en el abdomen y la condujo de inmediato a emergencias. Los médicos intentaron suturarla, pero no pudieron contener la hemorragia. La sangre se fue acumulando en pasillos y cuartos hasta inundar el hospital y luego el barrio. Llegaron los bomberos y comenzó la evacuación.

Los canales locales de televisión mostraron las corrientes escarlatas que entraban a las casas y centros comerciales. Un mes después, helicópteros militares rescataban sobrevivientes en todo el territorio y el presidente cerraba un trato migratorio con países vecinos.

Los últimos testigos que vieron a Esther, dicen que estaba en el techo del hospital, pidiendo disculpas, muerta de vergüenza.

 

Descasarse

Recogió en rincones, baños y corredores, todas las lágrimas que había llorado por su muerte. Lo sacó del féretro y le sacudió la naftalina del traje. Lo tomó de la mano para regresarle los últimos treinta años de rutinas y aburrimiento.

Le devolvió las frases hirientes y los actos humillantes a cambio de todos los cuidados y comidas que le había preparado con esmero. Tomó los vestidos y regalos de los aniversarios y se los dio junto con las rosas marchitas del jardín.

Empequeñeció a sus hijos, hasta lograr meterlos en el fondo de su vientre. Luego quitó de las paredes las fotos y arreglos primorosos de una vida dedicada al hogar. Se limpió las cicatrices de los golpes y vomitó las amarguras de incontables noches de espera cuando él salía de juerga con otras mujeres.

Solo le restó invitar de nuevo a todos los amigos y familiares, arrastrar su cuerpo a la iglesia, y ante la pregunta del sacerdote responder con voz bien alta:

–¡No quiero!

 

Victoria

Victoria se está mirando los dedos de los pies. Siempre ha pensado que el dedo gordo izquierdo es más grueso que el derecho. Además le parecen demasiados anchos, como si fueran unas espátulas de pizza. Endereza la mirada y recorre la sala de espera del hospital. Se topa con los ojos desnudos y ojerosos de su madre, la encuentra vieja y desagradable, no soporta verla sin maquillaje.

Una enfermera regordeta les invita a pasar con el doctor; mientras lo hace, mira con desaprobación a Victoria; ella se da cuenta pero no le hace caso: jamás ha considerado válido el juicio de gente que esté más allá de la talla siete.

El médico internista, graduado en la capital, les hace un ademán para que se sienten y rompe a hablar sin mayores preámbulos:

–Lamento informarle que los resultados son positivos; si la hubiese traído hace un mes podríamos haberla tratado. Si le sirve de consuelo, sepa que esto es muy común: en las zonas urbanas una de cada diez adolescentes se vuelve fantasma.

La madre se levanta lívida, agradece al especialista y se marcha. Victoria se va detrás, flotando ingrávida por los pasillos.

 

La virgen

Una virgen debe ser solidaria, temerosa de Dios. Ahí tiene a Chimalma la abnegada madre de Quetzalcóatl, o a Semíramis que vengó el asesinato de Nimrod engendrando sola a Tammuz, al igual que Isis vengó a Osiris engendrando a Horus. Y por supuesto, María y su complaciente esposo José.

Pero ya ve a esta Mariela, chavala de barrio, trabajadora de maquila, negándole la entrada al ángel de la segunda anunciación, denunciando a Dios ante los juzgados por acoso sexual. Un escándalo televisado y una vergüenza nacional para nosotras las creyentes.

Ahora el cristo nacerá en quien sabe qué país de pacotilla y perderemos la gloria merecida de ser la nueva casa del señor. Todo por una virgen egoísta, atea y feminista.

 

El inmigrante

–Y usted, ¿para qué va al norte?

–Para morir mejor.

 

Sonido blanco

Cuando puso la caracola en su oreja, escuchó el mar y muy al fondo, el sonido de los violines del Titanic.

 

Efectos inesperados de la radiación

Cuando la tripulación del submarino atómico intentó emerger, descubrieron que estaban en una pecera.

 

La versión de la serpiente

Adán y Eva salieron horrorizados del Edén, cuando se dieron cuenta de que Dios también estaba desnudo.

 

Clase de Biología

Le grito que me bese, que soy su príncipe. Pero la niña solo me entiende croar, mientras me abre los intestinos.