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Minificción de los jueves: Alberto Barrera Tyszka

El poeta y novelista es también autor de “Chávez sin uniforme” (2004) y “La enfermedad” (2006, Premio Herralde de Novela) / Foto: Alexandra Blanco

El poeta y novelista es también autor de “Chávez sin uniforme” (2004) y “La enfermedad” (2006, Premio Herralde de Novela) / Foto: Alexandra Blanco

(Venezuela, 1960) Narrador, poeta, ensayista, columnista de prensa, guionista.  Ha publicado tres novelas, tres libros de cuento, cuatro de poesía.  “Edición de lujo”, publicado en 1990 por Fundarte, es un clásico de la minificción latinoamericana que, lamentablemente, no se ha reeditado y es inencontrable. Este libro, considerado también como de prosa poética, es una revisión de fábulas, bestiarios y cuentos intertextuales. Todos los textos siguientes pertenecen a esa joya de la literatura mínima venezolana

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Cigarras y hormigas

Durante ese verano, ese otoño y esa primavera la cigarra cantó, leyó libros maravillosos, se hinchó de frutas de comarcas lejanas, fornicó y bebió hasta desfallecer, durmió sobre el humo de las tablas de sauce. Mientras, la hormiga –que sabe leer y conoce la historia– saqueó con su modestia la montaña, llenó de hojas, migajas y restos de vecinos muertos toda su cueva. Meticulosa, la hormiga pasó el año ahorrando para cuando el viento y la lluvia feroz.

Y llegó el invierno (como suele suceder en la literatura y en el mundo) y arrasó con todos los planetas. Del reino sólo quedaron raíces y hojas de plátano, susurros atrapados bajo el hielo, cadáveres simples y pequeños (cigarras y hormigas, por ejemplo)

 

Asuntos delicados de la selva

Un leopardo homosexual puede sufrir mucho. Si decide pintarse los colmillos con las hojas de un rábano, los cachorros lo miran sospechosamente. Si prueba estirarse como una garza, los mayores se burlan con descaro. Si observa durante horas el cuerpo de su amigo (sus músculos tensos, su cabello, su sexo como aceitunas jóvenes), toda la manada lo desprecia.

Un leopardo homosexual (en general) se mortifica. Está siempre al acecho y (en particular) encuentra amantes debajo de los ríos, abrazos rápidos detrás de las sombras de la madrugada.

De tanto andar en estas guerras, algunos leopardos homosexuales terminan por creer que ellos son los únicos que sufren.

 

Los rinocerontes y el amor

Un rinoceronte enamorado es casi una tragedia. Nunca sabe qué hacer. Raspa, durante años, su lomo contra los robles más viejos. Con frecuencia se equivoca. Suspira demasiado, gruñe, espera que salga la luna y se empeña en demostrar que puede mojar con su lengua la punta de su cuerno.

Un rinoceronte enamorado es siempre un homenaje a la estupidez. Olvida su tamaño, su furia, su fuerza.

Y es capaz de repetir el tonto gesto de las serenatas, el suicidio de las simples margaritas. Pasa meses sentado frente a Hiroshima

mon amour, por supuesto.

Un rinoceronte enamorado no asusta a nadie. Tal vez por eso, siempre fracasa.

 

Exégesis

David, el mínimo, nunca supo qué pasó. Con el primer manotazo del gigante, cayó a tierra desmayado,

Al despertar, una multitud de trescientas veintidós personas gritaba feliz. En su mano alguien había colocado una delgada honda.

Cargado en hombros, camino al pueblo, David pudo observar cómo el gigante yacía sobre la arena. En su espalda enorme, junto a la sangre perfecta, trescientos veintidós puñales brillaban cegando por igual a dioses y poetas.

 

Tiempos modernos

Sentado sobre las raíces de un árbol de caucho, Tarzán recuerda mejores tiempos: “Ah, aquellos años en Londres. Los dedos de los hielos tocando la memoria ocre del whisky, el rencor paciente del Támesis, los cuerpos de las muchachas siempre de regreso a casa”.

Pero todo debe continuar, la vida es sólo un río oscuro, tan lleno de bananas y lagartos, tambores, ciudades perdidas, tribus salvajes detrás de la sonrisa amable de cualquier señora que vende boletos en una sucia sala de cine (Detroit, Lima o Berlín)

 

Palabras de Evencio Aguerrevere Salas con motivo de su ingreso a la Real Academia

Seré breve: la venganza, la vanidad y la envidia son los oscuros materiales que mueven la escritura. De todos ellos,sin duda, la envidia es el material más perfecto.

Es un hecho: las mejores obras de la literatura universal fueron (y serán) escritas por gente dedicada a hablar mal de otros escritores, y a escuchar chismes en las tertulias. Profesionales de la burla que sueñan con un solo verso decente para justificar su amor y sus caprichos, sus premios y sus Academias.

 

Apostolado de los cangrejos

Los cangrejos son un ejemplo de constancia admirable: testigos de todos nuestros errores, siguen caminando hacia adelante, mientras el océano y el mundo retroceden, regresan siempre a la primera y única derrota.

 

 

Las cucarachas no existen

Las cucarachas no existen: sólo son grandes escritores disfrazados, buscando material para escribir sus obras completas.

 

La voluntad de la crítica

“Los géneros literarios son sólo una parte de las viejas categorías que dominan a Occidente –dijo seriamente el profesor. Sin embargo –continuó– gracias a los géneros literarios ustedes podrán graduarse, algunos escritores encontrarán la gloria y yo podré, al finalizar este semestre, comprarme una nevera que no haga escarcha”.

 

Oficio narrativo

Siempre he querido escribir una gran novela. La historia de un hombre que se despierta y va al espejo y ve su rostro insípido, simple, animal. La historia de un hombre en un espejo tan profundo como la gloria de una ballena muerta.

Entonces me levanto, decidido a escribir, voy al baño y ¡ah! Un espejo.

 

La política de los grillos

Los marxistas (algunos) y los cristianos (otro tanto) envidian el salto de los grillos. Les admira su gobierno irresponsable sobre la yerba. Admiran su seducción, su baile, su huida ante tantos mundos y tantos enemigos. Los marxistas (algunos) y los cristianos (otro tanto) no saben, además, cómo con tanta brisa y tanto juego, los grillos son capaces de quitarle el sueño a cualquiera (como dicen que es la culpa, el deber o la conciencia)