• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Martinica round trip. Metáfora de la posmodernidad criolla

En “Martinica round trip” Vélez utiliza elementos autobiográficos

En “Martinica round trip” Vélez utiliza elementos autobiográficos

La primera novela del escritor caraqueño, Mauricio Vélez, es tratada en esta nota de José Antonio Parra, para quien “Martinica round trip” es un libro marcado por lo insólito y con matices de humor al estilo de Ignatius J. Reilly

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Pocos textos de ficción describen con tal exuberancia lo cotidiano de la posmodernidad venezolana como lo hace Martinica round trip. En efecto, Mauricio Vélez (Caracas, 1970) nos aproxima al país promisorio en el cual creímos y que aparatosamente se hundió en el gran descalabro que sobrevino a raíz de las intentonas militares de los años noventa, con toda la cultura del fascismo y desolación que hasta el presente ellas han significado. El artificio del cual se vale este narrador es precisamente una historia de amor centrada a comienzos de la mencionada década en una nación que, si se quiere, aun poseía algo de ingenuidad. La secuencia de esta aventura amorosa corre paralela a la vivencia misma de Venezuela dado que está signada por la precipitación y lo irreflexivo, de modo que queda servida la mesa para adentrar al lector en el día a día e idiosincrasia criolla.

Todo en relación a este libro pareciera estar marcado por lo insólito, incluso los oficios del mismo autor, de los cuales destacan –entre muchos otros– el de chofer, agente de viajes, albañil, vendedor puerta a puerta, guía turístico, mecánico y asistente de brujo. Es de esa forma cómo, con un amplio conocimiento de los estereotipos venezolanos de la actualidad, se teje una rica trama.

Centrado en la despedida de los amantes, Rodrigo y Nicole, en el aeropuerto de Maiquetía se inicia la historia de lo sucedido. Azarosamente se conocen estos jóvenes cuando ella visitaba Caracas con un grupo de turistas franceses provenientes de Martinica y él era justamente su guía durante el recorrido por la ciudad. El texto está en primera persona, de manera que los hechos se dan desde la subjetividad del narrador. En este caso resulta obvio que hay una fuerte dosis autobiográfica hiperbolizada por sucesos ficcionales. El relator, mientras nos sitúa en el contexto de la Caracas de los noventa, va tejiendo la intriga al momento que decide partir en busca de su amor perdido rumbo a Martinica. El nombre mismo de uno de los personajes principales de la novela, Odiseo  –un chofer maracucho de autobús–, es indicativo de que lo que vendrá es literalmente un gran viaje. Así parte el protagonista hacia lo intricando de la geografía criolla desde el “selvático” Nuevo Circo de Caracas a bordo de un autobús destartalado conducido por un enano. En el camino por los pueblos del interior la narración ahonda en los biotipos autóctonos, tales como los “budas de carretera”, en alusión a los hombres sentados en las afueras de las viviendas de los caseríos con la barriga al aire. De igual modo está el primo de Rodrigo, Felipe, un militar que participó con la mejor de las intenciones en el fallido golpe del 4 de febrero y cuyos orígenes se remontan a cuando era un encapuchado durante los ochenta.

Sin embargo, y como suele suceder en la vida, comienzan a aparecer obstáculos frente a los cuales no le queda otra al narrador que adoptar una postura “zen” y fluir con las circunstancias para poder concluir el periplo en busca de su amor perdido. A medida que va ocurriendo cada una de estas trabas el lector quiere saber con gran interés qué ocurrirá y si por fin Rodrigo alcanzará a su amada. Así suceden un sinnúmero de peripecias como la acontecida en la casa de una poderosa bruja del oriente del país, donde no sólo se dan hechos de naturaleza risible, sino que Vélez apela a una aguda forma de recrear los aspectos “mágicos” del devenir.

Quizá, este humor tan sabroso tiene ciertos matices en el espíritu de un Ignatius J. Reilly de La conjura de los necios. No obstante, no hay que olvidar que la trama de la historia de amor corre paralela a lo que ha sido la vivencia del país que hemos experimentado quienes nacimos entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Así pues, quizá la novela termine siendo más una moraleja y una invitación a la reflexión por encima de los evidentes encuentros y desencuentros de los protagonistas.  En síntesis, este artefacto vertiginoso que es Martinica round trip culmina el mismo 4 de febrero de 1992, dejando la marca de una época que termina y de un tiempo que apenas comenzaba.


MARTINICA ROUND TRIP

Mauricio Vélez

Oscar Todtmann Editores

Caracas, 2014