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María Eugenia Maury. Romper silencios que matan

Logo de la organización Aid for Aids

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María Eugenia Maury, junto a Jesús Aguais, llevan adelante la organización Aid for Aids, que desde hace diecisiete años está luchando por apoyar tratamientos de VIH-Sida en América Latina. Mariza Bafile en esta entrevista habla con la filántropa venezolana

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Nueva York

Tras su apariencia delicada y frágil, María Eugenia Maury esconde una personalidad fuerte y determinada. Sobre todo cuando se trata de luchar por algo en lo que cree. “Si haces las cosas con pasión y corazón superas cualquier obstáculo”, dice con firme convicción.

Y efectivamente, gracias a su apoyo, la organización Aid For Aids que creó otro venezolano, Jesús Aguais, hace diecisiete años, ha logrado crecer y hoy en día regala calidad de vida a personas que, por la carencia de medicinas en sus países, estarían destinadas a morir. El VIH requiere de medicamentos muy específicos que, hoy en día, permiten no sólo evitar la muerte sino tener una buena calidad de vida.

Salvando vidas una a una es el lema de Aid For Aids y para hacerlo hay un grupo de personas que, bajo la dirección de Jesús Aguais y María Eugenia Maury, se ocupa de recolectar medicinas en Estados Unidos para enviarlas a personas conVIH en países donde esas medicinas escasean.

América Latina y el Caribe son metas prioritarias de sus envíos, “porque todo el mundo habla de las pandemias que en África matan a pueblos enteros pero nadie habla de América Latina y de todos los problemas que deben enfrentar las personas con VIH. La actitud discriminatoria que estigmatiza a quienestienen esta situación de salud, obliga al silencio y en este caso el silencio mata”. Profunda es la indignación de María Eugenia frente a una realidad de ignorancia que persiste en muchos países. Mentalidad que inhibe losgrandes avances que ha hecho la Medicina en los últimos años. “Hoy en día, aún siendo una persona con VIH, puedes tener una vida normal, tu pareja puede hacer un tratamiento preventivo y los niños de madres positivas pueden nacer sanos. Es injusto y doloroso que todo esto sea inalcanzable por falta de medicinas o, y quizás sea aún peor, sencillamente porque esta realidad se vive en silencio, como una vergüenza. El dolor de la discriminación de la sociedad, de los amigos y muchas veces de las familias, es algo que algunos no están en condiciones de enfrentar. Y entonces se encierran. Hay que romper ese silencio.”

María Eugenia mantiene muy vivo en su memoria el recuerdo del día en que conoció a Jesús Aguais. “Me invitaron a escuchar una charla suya y debo admitir que el hecho de que fuera venezolano fue una motivación adicional para ir. Aid For Aidstenía tres años de vida y el trabajo que Jesús había realizado era de verdad impresionante”. Eran años difíciles en los cuales el VIHsignificaba un boleto hacia la muerte.

Hoy, después de diecisiete años, Aid For Aidsse ha transformado en una organizaciónconocida y respetada mundialmente. Tiene oficinas en siete países de América Latina incluyendo naturalmente a Venezuela, organiza capacitacionesen los colegios con el fin de disminuir el estigma y la discriminación y desarrollar herramientas de prevención integral entre los jóvenes, ofrece ayuda y sostén a los inmigrantes, muchos de ellos clandestinos y latinoamericanos, que viven en Estados Unidos y son VIH positivos.

De padre venezolano y madre puertorriqueña María Eugenia creció en una familia donde la palabra solidaridad se transformaba cada día en acciones reales. Desde el primer momento supo que no sería nada fácil asumir el reto de la presidencia de la junta directiva de una organizaciónde la cual depende la vida de muchas personas. El compromiso personal, afectivo debe ser muy profundo. Y así lo vive.

Su emoción es evidente cuando recuerda algunos casos que siguió más de cerca. Casos que involucran a niños “que no pidieron nacer y no tienen la culpa de nacer con el virus”, así como el de una señora que en Santo Domingo quiso conocerla para agradecerle la vida que le habían regalado. “Son muchas las mujeres con VIH, algunas ni lo saben hasta tener un bebé.”

Cada año María Eugenia y Aid For Aids organizan una gala para recolectar fondos. Cuentan con el apoyo de un grupo de amigos, muchos de ellos artistas, con quienes organizan cada detalle y subastas silenciosas. Este año el evento de gala será un reto porque María Eugenia, gracias al apoyo de otros patrocinantes, logró obtener espacio en el Metropolitan Art Museum. Allí, entre arte y belleza, en uno de los espacios más importantes y representativos de Nueva York, María Eugenia, Jesús y su grupo celebrarán la vida, “nuestro trabajo es duro porque hay mucha gente que sigue infectándose y sigue muriendo. Por eso nuestras galas tratan de enviar un mensaje positivo y optimista.” Una amiga que trabaja en Christie’s le abrió las puertas de la famosa casa de subastas para vender las obras que recolecten.

Vital, persistente, María Eugenia cuenta con el apoyo de su familia, las hijas Karina, Camila y Manuela que considera sus grandes tesoros, y su esposo, William Haseltinereconocido científico quien fue uno de los primeros en llevar adelante investigaciones para combatir el Sida.

Ama el arte, la música y su mayor interés es que la creatividad latinoamericana tenga el reconocimiento que se merece en Nueva York. Es uno de los miembros más activos y comprometidos de la Junta Directiva del Museo del Barrio, que recientemente lahomenajeó junto a su esposo con el Premio Joseph Unanue. Ella, en su totalidad, expresa alegría al anticipar la exposición que será dedicada a la artista venezolana Marisol “que no ha tenido el reconocimiento que merecía”.

María Eugenia busca la Venezuela de su infancia en cada uno de los venezolanos que encuentra en su camino en Nueva York.Con ellos la empatía es inmediata: son su familia, sus raíces. “En Venezuela viví una infancia y adolescencia felices. Esos recuerdos son la base de mi vida. Hoy sigo conectada con familiares y muchos amigos.”

—¿Si te digo Venezuela qué es lo primero que sientes?

La mirada se pierde en recuerdos, se ensombrece.Los sentimientos y las emociones dibujan el rostro de María Eugenia y no le permiten mentiras.

—Tristeza. Siento tristeza por un país que se ha diluido, un país desquebrajado.