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Marcelo Añez. El aire al vibrar es un sonido

Marcelo Añez / Fotografía  tomada de su perfil de Twitter @MarceloAnez

Marcelo Añez / Fotografía tomada de su perfil de Twitter @MarceloAnez

Marcelo Añez es ingeniero de sonido. Con sus mezclas, que ya atesoran más de dos décadas, ha merecido cuatro Premios Grammy y ocho nominaciones. Mariza Bafile, en su Serie Artistas Venezolanos en Nueva York, plasma un encuentro con este músico que no pierde oportunidad para desarrollar proyectos: reúne trabajos para comerciales de TV, ha hecho sonido para  teatro y cine y además siente y ejerce pasión por la fotografía

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Nueva York

Es tan arrolladora su pasión por los sonidos que, tras hablar un rato con él, los distintos ruidos que nos envuelven se transforman, se vuelven únicos, se distinguen uno del otro y asumen personalidad propia.

Marcelo Añez, venezolano que vive en Nueva York, transcurre su tiempo entre sonidos; sonidos que construye, imagina, direcciona, para darle contenido y vida a discos, obras de teatro, cine, comerciales e instalaciones artísticas.

Crecido entre la música clásica que el abuelo amaba escuchar sin parar, siendo niño de apenas siete años descubre, por sí solo, que la música es producto de la vibración que produce la aguja al pasar por las arrugas del vinil. En esa etapa de la vida en la cual la niñez no le tiene miedo a la imaginación, distingue formas en los sonidos, percibe la vibración del aire y todavía ahora ve el sonido vagar por su habitación en sueños o mejor aún en duermevela, momento en el cual la racionalidad pierde su predominio.

Al llegar el momento de decidir una profesión, el padre lo ayuda a seguir el camino de los sonidos. Consigue una pasantía en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño. Allí vivirá momentos felices. La pasión de Marcelo puede desarrollarse plenamente. Aprende muchísimo gracias a un jefe generoso que vuelca en él sus conocimientos. Es el comienzo de una carrera que ha ido “in crescendo” año tras año. Una beca de la Fundación Beracasa le permite hacer una pasantía en el Festival de música de Montpellier organizado por Radio Francia, y con un préstamo de la Mariscal de Ayacucho viaja a Orlando para cursar estudios en la prestigiosa Full Sail University. Una pasantía en el estudio de Gloria Estefan, en Miami, se transforma, al mes, en una oferta de trabajo y en una visa. Allí se queda 12 años, acumulando éxitos y experiencia. Marcelo nada entre el sonido con la alegría de un pez que vaga libre y feliz en el océano. Con Gloria Estefan gana su primer Grammy, tributo que la industria otorga a quienes, tras bastidores, permiten a un cantante dar lo mejor de sí.

Ese mismo año gana el segundo con el MTV Unplugged de Shakira. El tercer Grammy lo recibirá al año siguiente con Thalia.

Muchos son los cantantes famosos que confían en la habilidad de Marcelo Añez para las grabaciones de sus canciones, desde Shakira hasta Ricky Martin, desde Jennifer López hasta Placido Domingo, Carlos Vives, David Bisbal, Cristian Castro, Celia Cruz, Thalia, Alejandro Fernández y Los amigos invisibles. Los sonidos le hablan y le confiesan sus secretos. Descubre que al oprimir la voz con un compresor se le confiere mayor fuerza emotiva y se evidencia la tristeza. Un despecho le hace entender que esa opresión de voz es similar al apretón de pecho que da el dolor del alma.

Cuando el Internet y la piratería hunden el mercado de los CD, Marcelo decide cambiar de ciudad y buscar otros caminos para su desarrollo profesional. Se muda a Nueva York, y el grupo venezolano Los amigos invisibles le regala uno de los momentos más felices de su vida. En un estudio de antaño, uno de esos donde el sonido de los viejos cantantes queda impreso en el recuerdo de las paredes y la música logra una calidez particular, se encierra con ellos durante cuatro días para grabar el CD, Commercial. Con ese CD Los amigos invisibles ganarán su primer Grammy y Marcelo el cuarto.

Otro venezolano, Juan Souki le abre las puertas del teatro. Marcelo descubre, fascinado, la potencialidad creativa que ofrece elaborar sonidos para dar consistencia y vida a las palabras y los gestos de los actores en un escenario. Trabaja en forma estable con el grupo de teatro 3LD, y cuida el sonido de otras muchas obras exitosas. Nos cuenta anécdotas que nos llevan de la mano al mundo fascinante de los sonidos. Entendemos cuán inmensa e invisible es la fuerza con la cual invaden nuestras intimidades y como el posicionamiento de un sonido en el teatro pueda ser fundamental. “En una obra de Chéjof, al final, el personaje caminaba al fondo del escenario mientras las luces bajaban y el teatro se iba a negro. En esa total oscuridad se escuchaba el sonido de un disparo que indicaba que se había suicidado. En los ensayos el disparo sonaba falso, alejado del personaje. Entonces escondí una corneta pequeña, detrás de una rejilla de aire acondicionado, en la pared hacia donde caminaba el actor. Y todo cambió. Ese disparo en la oscuridad hizo que los espectadores brincaran en sus asientos y percibieran la tragedia del suicidio.”

Venezuela lo acerca al cine gracias al director Zach Kerschberg quien transforma en largometraje un corto empezado años atrás sobre el mundo de las mises venezolanas. Otro venezolano, Carlos Porte, le pide construir el sonido para su película Sólo para tus ojos que se desarrolla sin diálogos. El sonido es fundamental y Marcelo lo elabora durante meses con esmero y meticulosidad.

Un estudio sobre ruido ambiental en Times Square le ofrece nuevas oportunidades. Un grupo musical irlandés lo contacta para grabar en vivo desde la escultura sonora que el artista Neuhaus ha dejado en la famosa plaza y el artista Adam Frank le pide el diseño de sonido para Performance, una instalación que juega con sonido, luz y movimiento. No hay reto que Marcelo no acepte. Desde hace más de un año está creando el diseño de sonido para una presentación del estilista Michael Kors que va a lanzar, en mayo, su colección en Shangai.

Juan Souki quisiera realizar, con él, un proyecto en Venezuela. Marcelo lo cuenta y una nube oscurece la alegría y el entusiasmo que hasta ese momento han animado nuestra conversación. “Venezuela es el país en el que quedan atrapados importantes recuerdos de mi vida. Pero mis padres y mi hermana viven ahora en otros países. Regresar sin ellos me haría sentir desnudo. Sin embargo me gustaría pasar mis conocimientos a los jóvenes que, como yo, aman el sonido.”

—Un sonido para describir Venezuela…

Titubea, parece tener miedo de hablar.

—Es duro lo que te voy a decir pero, cuando pienso en Venezuela, lo que oigo es el sonido de un disparo. ‒Pausa‒ Un sonido que oyes desde tu casa y te llena de angustia y de impotencia.