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Lupe Gehrenbeck. El teatro, enfermedad incurable y maravillosa

Lupe Gehrenbeck, actriz venezolana / Jonathan Manzano

Lupe Gehrenbeck, actriz venezolana / Jonathan Manzano

En la serie Artistas Venezolanos en Nueva York, Mariza Bafile entrevista a la actriz Lupe Gehrenbeck

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Nueva York

Mujer de energía arrolladora, Lupe Gehrenbeck llega a nuestra cita con la bicicleta a cuestas y sus rizos ondeando con la desfachatez de la libertad. 

Dramaturga y directora de teatro acaba de presentar, con éxito, el monólogo Guardian Angel en el New York Theatre Workshop. Sus primeros pasos en el teatro los ha dado con grandes maestros como Chalbaud, Chocrón y sobre todo Cabrujas. Fue José Ignacio Cabrujas el primero que decidió correr el riesgo y darle un papel estelar en su montaje de la obra Drácula. En ese entonces Lupe era una jovencita que seguía su taller con el entusiasmo y la fidelidad que solamente merecen los amores en los que se nos va la vida. “Pisé las tablas por primera vez con Cabrujas y desde ese momento me enfermé de teatro. Una enfermedad incurable y maravillosa que me ha dado muchas alegrías.”

Recuerdos del pasado se entrelazan con hechos del presente y proyectos para el futuro, en una avalancha de palabras que tienen la fuerza y la energía de una cascada. Nos dejamos atrapar por ese torbellino de mujer dispuesta a compartir con nosotros sus más profundas vivencias y abandonamos todo intento de poner orden en lo que nos va contando. De los recuerdos del pasado brota la espumeante alegría de su primer monólogo, escrito y dirigido tras haber rechazado dos propuestas de películas con escenas eróticas comprometedoras. Descubierta es un cabaret en el cual logra comprometer a músicos como Eduardo Marturet, Alberto Schlessinger, Federico Ruiz, entre otros.

También afloran, intactas, la admiración por Cabrujas y la tristeza por su muerte repentina, pérdida infranqueable que la aleja de la actuación. Mucha la nostalgia por una Venezuela en la cual el teatro se desarrollaba con grandes escenografías, muchos actores, profesores de canto y de actuación. “Nuestro teatro viajaba por el mundo, iba a Spoleto, Guanajuato, Bogotá. A todos los más importantes festivales internacionales. Ahora las cosas son distintas y hay que escribir pensando en producciones pequeñas, casi sin escenografía y máximo con cuatro actores.”

La tristeza se diluye nuevamente en alegría al hablar del montaje que acaban de estrenar en el Teatro Principal de Caracas. Es Bolívar Coronado, segunda obra histórica de Lupe. La primera se llama Gregor Mc Gregor, el rey de los mosquitos. Habla de un escocés que participa en nuestra guerra de Independencia junto con Miranda, se casa con una prima de Bolívar y luego viaja a Centroamérica. Regresa a Inglaterra hablando de un país, Pojais, que describe como un paraíso terrenal. Muchos son los inversionistas ingleses que lo siguen en su fantasía, muchos los que deciden irse a vivir en esa tierra maravillosa y muchísimos los que morirán en el intento. “¿Un soñador o un estafador?”– se pregunta Lupe.

La misma pregunta la formula con su segunda obra histórica que también se basa en una historia real. Habla del autor de las letras del “Alma Llanera”, Rafael Bolívar Coronado, zarzuela que escribió por encargo de Gómez. Al dictador, agradecido porque “había puesto a cantar una nación”, le pide viajar a España. Tras pisar tierra española, Bolívar Coronado critica duramente el régimen de Gómez y empieza a escribir textos que atribuye a otros, incluso a grandes escritores de la historia. Desde los historiadores de la época de la conquista hasta famosos contemporáneos, prestan sus firmas a las falsificaciones del escritor venezolano que usa más de seiscientos seudónimos para firmar lo que escribe.

Recientemente Lupe ha estado trabajando en una serie de tres monólogos que piensa ampliar a cinco. Son una reflexión sobre “los sin techos”, los pordioseros que vagan por las ciudades sin un lugar donde regresar ni una familia que los espere, invisibles al resto de la humanidad. “Quedé impactada, en París, al ver a la cantidad de personas, sobre todo inmigrantes aunque no solamente, que viven bajo los puentes y en las arcadas de la ciudad. Me puse a pensar en quiénes fueron los primeros sin techo y llegué a Adán y Eva tras su salida del paraíso y también al ángel de la guarda que corre de un lugar a otro sin domicilio fijo.”

Lupe crea tres historias que hacen reír y llorar, emocionan y divierten. Las presenta en Francia, España, Estados Unidos y Venezuela. Siempre el mismo libreto pero con adaptaciones distintas, dependiendo del lugar donde se desarrollan. La Eva española es una ama de casa que dedica su vida al marido y a los hijos, la de Francia es una reina con un imponente traje hecho con bolsas de basura, la de Inglaterra está rodeada de cartones y conserva celosamente pequeños objetos que hablan de la necesidad de cobijo. “En Venezuela mi Eva es la señora que limpia el teatro y el Adán el señor al que llamamos el “toero”, ese que arregla cualquier problema pero que nadie ve.”

Con un amor que recorre todo su cuerpo cual rayo de emoción, Lupe habla de Venezuela. “Yo tengo un sentido de pertenencia con Venezuela que es innegociable. Adoro mi país, soy profundamente venezolana y me siento muy conectada con nuestro ser femenino. Admiro la fuerza de las mujeres, la capacidad que tienen de ejercer su poder y determinación con entrañable dulzura. Amo la música venezolana, el humor, la expresividad afectiva. En navidad se me haría imposible la vida lejos de mi casa.”

Luego con semblante repentinamente serio agrega: “Los países no se inventan de la nada, se construyen en su hacer histórico. La Venezuela donde nací, me hizo la mujer que soy. Nuestra historia reciente no es nunca un pasado que avergüenza sino que nos constituye. Siempre hay motivos para quererlo hacer mejor y por eso fui una mujer de izquierda cuando todavía se podía creer en izquierdas y derechas. ¿Pero es que acaso tiene alguna dificultad encontrar argumentos con qué criticar a los gobiernos? Unos mas que otros, sin duda… y siempre que se pueda hacer en libertad, esa crítica nos hará mejores.”

—Lupe, una obra para describir a Venezuela.

—La escribí hace poco. –contesta sin titubeos– Se llama La Guardia mandó recoger los peces de la playa, titular de periódico tan difícil de comprender como todo lo que pasa en Venezuela. Habla del dolor de una mujer adulta que para seguir a la hija emigrante, vende todos los objetos de su casa, sus recuerdos y su pasado, y deja a su otra hija que se queda en el país convencida de que es mucho lo que se puede hacer. Su dolor es el dolor colectivo del destierro.