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Luis Goytisolo: “La novela está dejando de ser la forma principal de contar historias”

Luis Goytisolo

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En esta entrevista Goytisolo habla de su más reciente novela, El lago en las pupilas. En ella se vislumbra su interés por interpretar lo que ocurre en otros lados pero dándole protagonismo a lo aleatorio. Para el autor la creación literaria está atravesando un momento de transformación en el que su destino está aún por perfilarse

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“El ser humano ha conocido tiempos más sombríos; tan bobos, posiblemente no”.

Luis Goytisolo    

Luis Goytisolo Gay (Barcelona, 1935), hijo menor de una familia de escritores. Hermano de los también escritores José Agustín y Juan Goytisolo. En 1958 ganó el premio Biblioteca Breve en su primera edición con Las afueras, libro con el que comenzó formalmente en el mundo de las letras. Su obra, experimental, vanguardista y de marcada ambición literaria, ha gozado siempre del apoyo unánime de la crítica pero no del apoyo merecido del amplio público lector.

En 1973 publicó el primer tomo de su tetralogía Antagonía que lo convierte en uno de los autores de mayor prestigio de la narrativa contemporánea. Poseedor de un humor irónico, provocador y nada condescendiente, no duda en autoclasificarse como conspicuo representante de los escritores del siglo XX, pero también duda de la vigencia de esa ambición.

“Sumido en la tarea de perfilar y definir hasta sus más mínimos detalles el plan general de Antagonía, me sentía no ya un verdadero arquitecto-urbanista del género sino también uno de los representantes más conspicuos de la novela del siglo XX. He tenido que ver publicada Antagonía y haber escrito unas cuantas obras más para que mi seguridad de entonces fuera cediendo paso a la duda. Manteniendo invariable lo de conspicuo novelista, del siglo XX, ¿hacía eso de mí el urbanista soñador al que me he referido o más bien un dinosaurio en vías de extinción?”.

Esta reflexión resume su posición actual ante la literatura, a la que observa con el mismo pesimismo con el que critica la sociedad que la produce. Galardonado con diversos reconocimientos, en 2013 recibió el Anagrama de ensayo por Naturaleza de la novela y el Premio Nacional de Literatura Española.

El lago en las pupilas es su última novela. Allí entrecruza a cuatro personajes: Gloria y Marcel que buscan respuestas a su pasado en la localidad de Riofrío (pequeño pueblo de montaña sacudido por la guerra civil española); Richard, un periodista de paso en Locarno (Suiza), quien sostiene una relación erótica similar a la que mantuviera en los años 60 (y que es el origen de los conflictos de Gloria y Marcel); y el Moro, respetable empresario que redacta sus memorias para limpiar su nombre de oscuros sucesos ocurrido en Riofrío en el pasado. Interrogamos al autor sobre El lago en las pupilas y su visión de la novela.

—En sus primeras novelas es usted el “escritor del realismo social”, luego el de la novela experimental, la novela metafísica, la novela de género. ¿En qué ámbito literario se encuentra ahora la narrativa de Luis Goytisolo?

—Supongo que si algún crítico habló de “realismo social” fue simplemente por la dureza de la realidad evocada. Y si otros me tildaron de “formalista” fue por haber intuido una insólita estructuración del relato. Lo que yo quería expresar con la repetición de nombres en cada capítulo es que lo que le sucede a uno en un momento determinado le está sucediendo a muchos otros al mismo tiempo, en otros lugares. Vamos, el gran teatro del mundo. Esa estructuración no la logré a mi gusto, lo que me llevó a maltratar en el recuerdo a mi primera novela hasta que la releí, hace poco. Y lo cierto es que aguanta perfectamente y va a ser reeditada en los próximos meses. Algo parecido puede decirse del “tono narrativo”, realismo objetivo a lo Hemingway. Pero es que por aquel entonces yo estaba aprendiendo: la empecé a los 20 años y la terminé a los 22, y aún no había encontrado mi propia voz. Para conseguirlo tuve que esperar a los 25, cuando empecé a idear Antagonía.

—En El lago en las pupilas, su última novela, usted narra las peripecias de dos hermanos, que no saben que lo son, y que buscan en su pasado respuestas sobre sus vidas. Ambos llegan al mismo lugar pero nunca se encuentran. ¿Qué le llevó a trabajar sobre esta premisa? ¿Qué hay de Goytisolo en esta búsqueda de sentido del ser aparentemente sin respuesta?

—Ningún problema personal, desde luego. Sí, en cambio, mi interés en expresar la dificultad, de interpretar correctamente no ya el pasado lo que está sucediendo en otra parte, sino de lo que ocurre a nuestro lado, ahora mismo; el hecho de que razones puramente aleatorias puedan hacerlo imposible.

—Volviendo al El lago en las pupilas la historia personal, el deseo, el azar, las creencias personales, parecen decidir el presente y el futuro de sus personajes más que el contexto histórico en el que se desarrolla este pasado. ¿Piensa que son estos elementos los que deciden el camino de nuestras vidas?

—El protagonismo de lo aleatorio tiene gran importancia en todas mis obras, especialmente a partir de Diario de 360º. En lo que se refiere a El lago en las pupilas, se trata de un paso más respecto a Liberación o a Oído atento a los pájaros.

—En general se le aconseja al escritor que escriba sobre lo que conoce. Las historias transcurren o en la tierra natal del autor o en lugares en los que ya ha estado. Sin embargo, usted dice que escogió Locarno como fondo local de su novela puesto que no lo conoce. ¿Podría hablarnos un poco de por qué prefiere usted escribir sobre lugares en los que no ha estado?

—No me parece obligado que el novelista escriba sólo sobre lo que ya conoce. ¿Qué sería, en caso contrario, de escritores como Daniel Defoe o Julio Verne? El caso de El lago… es para mí una excepción: normalmente escribo sobre lugares que me son familiares. Si esta vez no ha sido así es para evitar, precisamente, cualquier interpretación testimonial. Locarno es precisamente la única localidad de relieve situada junto a un lago suizo o italo-suizo que no conozco.

—Dijo usted que entre sus primeras influencias estaba Faulkner, aunque reconoce que no es positiva para los nuevos escritores, ¿por qué?

—No creo haber destacado nunca otra influencia en mi época de aprendizaje que la de Hemingway o Pavese –ese realismo objetivo antes mencionado–, es decir, antes de dar con mi propia voz. Faulkner fue un gran novelista, pero su influencia suele ser nefasta: los faulknerianos acostumbran a ser eso, escritores devorados por un estilo que se impone al propio. Algo parecido a lo que sucede con Kafka.

Antagonía ha sido valorada como una de las grandes novelas del siglo XX. Ahora que estamos en el siglo XXI, ¿cómo se siente Luis Goytisolo con respecto a la novela actual?

—Sin problemas. Lo importante de una novela, sea del siglo XX, del XIX o anterior, es que “aguante” y creo que mis novelas aguantan. En este sentido, carece de importancia que la novela del siglo XXI vaya por otros derroteros.

—Dice usted que la novela está en crisis, que no son tiempo para ella. Vaticina la desaparición paulatina de la figura del novelista en su tradicional significado de creador literario. ¿Cuál es para usted la búsqueda de este novelista ejemplar y cuales son sus creaciones?

—No vaticino la desaparición de nada, sino sólo su transformación, una transformación acorde con los nuevos tiempos. El resultado de los nuevos hábitos sociales y de la transformación paralela de la creación literaria es algo que aún está por perfilarse.

—Amamos las catedrales aunque ya no se construyan en nuestras ciudades. Ahora se alzan rascacielos y diseños como el Guggenheim o el CCC. ¿No es necesario otro modelo arquitectónico para la creación de la nueva novela del siglo XXI?

—Hace unos años, en una conferencia que di en Nueva York, establecí un paralelo entre los rascacielos y la novela del siglo XX. Con el tiempo, el rascacielos se ha convertido en ese “más de los mismo” que invade las ciudades, en especial de los países emergentes, como China; algo así como el best seller en el ámbito literario. La novela del siglo XXI irá por otro lado.

—¿Qué opina sobre el panorama de la literatura norteamericana después del éxito de novelistas como Jonathan Franzen o Carol Oates?

—No lo encuentro especialmente interesante.

—El escritor Rafael Gununcio opina que “la novela en Europa no está en el centro del debate intelectual y moral. No es así en otros lugares. China, Sudafrica, EEUU, América Latina” y afirmaba que en los barrios de inmigrantes de Londres, París o Nueva York era la novela la forma principal de contar historias. ¿Qué piensa usted al respecto?

—No percibo esa diferencia. La novela está empezando a quedar fuera del centro del debate intelectual y moral en todas partes. Y es que también está dejando de ser la forma principal de contar historias.

—¿No le parece que Austerlitz, 2666, El atlas de las nubes, Tú rostro mañana, Las benévolas o Anatomía de un instante son novelas que sin duda formaran parte de la historia literaria del siglo XXI?

—Me imagino que en 1913 hubiera sido, no ya arriesgado sino imposible, vaticinar cuáles iban a ser las novelas más relevantes del siglo XX. Igualmente arriesgado me parece hacer vaticinios respecto al siglo XXI desde 2013.

—¿Qué piensa usted del estado de salud de las novelas qué se escriben en Latinoamérica actualmente?

—Veo mucho empuje, superior, creo yo, al de cualquier otro lugar, y ese es sin duda el mejor punto de partida.

—¿Nos puede adelantar algo de sus nuevos proyectos literarios?

—Estoy trabajando actualmente en dos ensayos relativamente extensos, lo que me ha obligado a dejar para más adelante las notas referentes a una fábula asimismo de cierta extensión.