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Luis Enrique Pérez Oramas. Lo que cuentan las sombras

Luis Pérez Oramas / Miguel Rajmil

Luis Pérez Oramas / Miguel Rajmil

En su serie Artistas Venezolanos en Nueva York, Mariza Bafile entrevista al curador de arte latinoamericano del MoMa, Luis Enrique Pérez Oramas

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New York

“Las cosas tienen nombre

en la sombra que proyectan.”

 

En estos primeros versos de la poesía “Segundo poema de las cosas” de su libro Prisionero del aire encontramos la esencia del pensamiento y los sentimientos de Luis Enrique Pérez Oramas frente al arte y sobre todo frente a la vida.

Curador de arte latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York, (MoMA), posición creada gracias a una donación de Estrellita Brodsky, Pérez Oramas no se cansa de desentrañar lo que cuentan las sombras, las penumbras, las sutilezas casi invisibles. “Lo importante no es tanto leer el negro de las letras sino el blanco que está entre ellas” dice recordando la frase que el filósofo Gershom Scholem escribió a su amigo Walter Benjamin y no se cansa de buscar más allá de lo obvio para captar “lo que vemos de reojo y queda atrapado en el canto del ojo, lo que llega fragmentado a nuestro campo visual”.

Luis Enrique sigue entregado al arte con la voluptuosidad de quien no ha perdido la curiosidad hacia lo imprevisible. Siente que la experiencia artística “nos ayuda a vivir con la dimensión de la incertidumbre e inminencia que tiene la vida” y con cada libro, cada exposición, cada verso, se entrega a lo desconocido con la avidez propia de quienes no le temen a la vida o quizás de quienes saben que la vida llega a pesar nuestro.

“La función crítica del arte lejos de ofrecer certezas, nos sumerge en la incertidumbre, nos lleva a dudar de nuestras propias posibilidades cognitivas al enfrentarnos con situaciones que no conocíamos o para las cuales no estábamos preparados.” Piensa que ese regalo solamente  lo ofrece el arte a los que están dispuestos a “entregarse, abrirse, desarmarse” y confiesa su inmutable agradecimiento hacia una experiencia que “nos enseña a vivir con la fluidez de las cosas.”

La búsqueda incesante de lo que cuentan las sombras, de lo que queda en el canto del ojo, de la palabra que, única, describe un momento y un sentimiento, se refleja en cada trabajo de Luis Pérez Oramas, como curador e historiador de arte y como poeta. Fue el norte que inspiró su curaduría en la Bienal de Brasil y más recientemente, la de la gran retrospectiva de Lygia Clark, que acaba de inaugurar en el MoMA. Exposición que envuelve y perturba. Amplios salones blancos acogen el afán creativo con el cual Lygia Clark habló de sus fantasmas y de sus fantasías y en cada detalle descubrimos la búsqueda del blanco entre el negro de las letras escritas con láminas, telas y cintas, que Pérez Oramas realizó a lo largo de cinco años.

Luis Enrique llegó al MoMA de la mano de Reverón, maestro que no se cansa de admirar y al cual están ligados algunos de los momentos más importantes de su vida. Estela de felicidad le han dejado los años en los cuales, tras haber estudiado y enseñado en Francia, regresa a Venezuela y asume la docencia en el Instituto Universitario Armando Reverón. Luminoso es el recuerdo de la última gran exposición sobre Reverón que organizó en Venezuela, luego llevó a la Bienal de Brasil de 1998, y finalmente al MoMA.

Venezuela es el país donde han crecido y se han formado tres de los artistas que Pérez Oramas no se cansa de amar y de estudiar y a quienes quiere dedicar un libro: Reverón, Gego y Bárbaro Rivas. “Creo que tanto Reverón como Gego y Rivas han sido como genios de las contrafiguras, del contrapunto. En el momento en el cual toda la primera pintura moderna venezolana se enfocaba en el color y en los relieves de la montaña, Reverón hacía una pintura plana y blanca; mientras toda la abstracción venezolana se preocupaba por el dinamismo y por el ojo máquina, Gego hacía unas estructuras precarias e inestables con materiales muy pobres y Bárbaro Rivas, con su pintura que podríamos definir analfabeta, pintaba la historia de Venezuela cuando ya el arte moderno en Venezuela había concluido”.

Nos explica que lo que más lo atrae de estos artistas es su posición de contrafiguras, “son como contraluces que proyectan una sombra enriquecedora. Siempre pensé que Reverón no es tanto el pintor de la luz como el pintor de las sombras. Lo que le interesaba era ponerse en contraluz, y pintar lo que quedaba de ese eclipse. Lo mismo puedo decir de Gego y de Bárbaro Rivas”.

La poesía es otra de sus grandes conexiones con Venezuela. Confiesa que sus versos pueden brotar solamente en español, idioma de las profundidades de su ser, de los matices de sus contraluces. Esas palabras que nos develan el alma que se ha estado nutriendo de arte y de belleza, surgen de una intimidad arraigada a la tierra en la que nació y al idioma que lo conectó a la vida. “Escribir un poema para mi responde casi a una necesidad orgánica. Y me gusta que sea así, no me interesa la construcción arquitectónica de la poesía, prefiero considerarme más bien un cancionero.”

Luis Pérez Oramas, aún sumergido en el arte como está, no ha perdido su agudeza de comentador político que ha animado muchos de sus escritos en diarios nacionales.

Hondos son su dolor y preocupación por lo que está pasando en Venezuela. “Hoy debo asumir con humildad que es muy difícil hablar de Venezuela. Me parecería hasta un impudor opinar desde mi tranquilidad de Nueva York sobre lo que está pasando y aún más sobre lo que se debería hacer, mientras hay tanta gente batiéndose, sufriendo cárcel y maltratos. Hablar de un país, de una sociedad, de un colectivo humano es muy complejo. Quizás todos deberíamos aprender a hablar menos de nosotros mismos y a dejar de lado nuestros egos”.

—¿Qué pueden hacer los artistas para ayudar a Venezuela?

Pérez Oramas nos contesta recordando lo que decía el filósofo francés Merleau-Ponty acerca del “vivir con la adversidad”.

—La experiencia artística no solamente ayuda a vivir con las incertidumbres sino también con la adversidad. El artista también es ciudadano. No hay ningún privilegio en su posición sino más bien una gran responsabilidad.

—Un verso para Venezuela

Recuerdos de poesías cruzan su interioridad. Luego casi en susurro

—Son de Drummond de Andrade y creo que indican una buena misión para estos días. –Luego recita:

“El encuentro de mí

en mi silencio

la anulación del tiempo en tiempos varios.”