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Líneas tardías: La sorpresa en el cine que da Me Before You

Me Before You

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La película actualmente está en la cartelera venezolana. Para disfrutarla, hay que dejar a un lado los prejuicios que suelen existir ante un drama romántico

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En la película iraní Taxi (2015) un joven estudiante de cine desdeña las producciones taquilleras de Hollywood y las películas sobre zombies. Sorprendido ante la presencia del director Jafar Panahi, le comenta que ha visto todos los clásicos y le pregunta al premiado cineasta por algún filme reciente que valga la pena ver.

El director, consciente de la predisposición del muchacho ante todo lo que no sea encumbrado, le responde: “Creo que todas las películas merecen ser vistas. Lo demás es cuestión de gusto”.

Así, sin ninguna otra acotación, el realizador despacha lo que pudo haber sido una discusión llena de juicios de valor y hasta discriminación, como suele haber entre aquellos que consideran cierto cine como el elixir de las lumbreras y todo lo demás lo agrupan como baja categoría embrutecedora.

Actualmente en la cartelera venezolana la predisposición es evidente tan solo con el afiche de Me Before You (2016). Ese título, aunado con la imagen de dos jóvenes enamorados a punto de besarse, genera la más insoportable piquiña en el más ilustrado espectador.

La película dirigida por Thea Sharrock y escrita por Jojo Moyes, autora también de la novela en la que se basa el filme, cuenta la historia de la joven Lou Clark (Emilia Clarke) que pierde su empleo en la cafetería de un tranquilo pueblo británico. La precariedad económica hace apremiante encontrar un trabajo. Finalmente es contratada como la persona encargada de acompañar el tedio de un tetrapléjico llamado Will Traynor (Sam Claflin), un joven millonario que dos años antes fue atropellado por una moto.

El accidente lo convierte en un tipo amargado, insoportable, que en principio cuestiona la decisión de sus padres de llevar a casa a alguien que pase el día con él. El objetivo es que ambos entablen una amistad y haya algún arraigo a la vida.

Desde su sinopsis y tráiler es fácil prever el camino que tomará el filme. El hombre baja las defensas ante los encantos de una mujer, que se enamora perdidamente de quien ve en la eutanasia la salida a una vida que detesta. La trama cumple cabalmente un esquema conocido –por eso la inevitable comparación con títulos recientes como Intouchables (2011)– tanto en el acercamiento paulatino entre ambos personajes como en el conflicto que surge por la decisión de él de acabar con su vida.

Otro aspecto familiar es la forma en las que se presentan los contextos. Por una lado figura una familia aristócrata con una madre desconfiada ante las aptitudes de la joven y por el otro la familia de clase trabajadora sencilla y honrada.

No hay variantes en el entorno presentado. El pueblo en el que se desarrolla la historia es apacible, pero odiado por el millonario que anteriormente vio y disfrutó todas las ciudades y paisajes posibles. En cambio, ella lo ve como un lugar lejano a intrigas e impostaciones de aquellos señores del compromiso y la imagen. Eso alimenta la antitesis de los dos protagonistas.

Pero el largometraje deja a un lado esos aspectos para tener como conflicto la determinación del protagonista. En ningún momento toma otros derroteros que menoscaben la atención que surge en la pareja principal.

Sin embargo, esa trama se sostiene en buena parte gracias a la interpretación que hace Emilia Clarke del personaje de Lou Clark. La actriz sale de las encasilladas expresiones en Game Of Thrones para encarnar a una ocurrente, impertinente, divertida y estrafalaria joven que logra ganarse a su contraparte. Por momentos luce exagerada, sobreactuada, pero es que los responsables de las películas la presentan como una casi utopía. Inflan de una manera agradable y convincente a un personaje necesario para darle al irritable Will Traynor la opción de un sentimiento que lo haga cambiar de opinión.

Me Before You es una sorpresa. Quien entre a la sala con pocas expectativas o soberbia, verá una película que si bien puede prever, da un tratamiento ameno e irónico a un tema tabú, pero también a la arrogancia de entornos que pueden resultar hostiles.