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Líneas tardías: Manos de piedra, la adrenalina del ring en el cine

La película de Jonathan Jakubowicz es protagonizada por el actor Edgar Ramírez

La película de Jonathan Jakubowicz es protagonizada por el actor Edgar Ramírez

El largometraje cuenta una historia de superación que mantiene en suspenso a un espectador que sabe muy bien cómo descartar un filme que no corresponda a la emoción del boxeo 

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Jonathan Jakubowicz logra que Roberto Durán vuelva a emocionar sobre el ring. Lo consigue a través de Edgar Ramírez, quien encarna acertadamente al boxeador en la película Manos de piedra.

El actor transmite la emoción y euforia del pugilista. Cada golpe se siente y se celebra, así como su prepotencia y antipatía desagrada. La victoria reconforta, aunque a veces también se quiere su derrota como lección

El cineasta es hábil en su trabajo. No es fácil hacer una película de boxeo, menos aún sobre uno de los personajes más emblemáticos de ese deporte en las décadas recientes. El panameño todavía tiene dolientes, y muchos aún poseen la agitación casi intacta de cada uno de sus triunfos.

Muestra a un personaje confiado en su don. Hay razones. Desde pequeño ha sabido superar adversidades, por lo que la vida pareciera no tener mayores golpes que darle cuando se convierte en un peleador eficaz en cada asalto.

Manos de piedra es una buena película en lo biográfico y en lo deportivo. Logra combinar los tormentos de un personaje con la libertad de quien encuentra en el boxeo la expiación de tanto martirio.

Jakubowicz hacer ver a un Durán maniqueo, con una visión del mundo rencorosa debido a los desmanes que observa desde niño por parte de Estados Unidos, país entonces ocupante del Canal de Panamá.

Sin embargo, la trama lo alecciona. Los entornos no suelen polarizarse en lo más íntimo. Por eso, en su vida van cobrando más peso figuras como el estadounidense Ray Arcel (Robert De Niro), el entrenador que lo ayuda a convertirse en leyenda. Su fama además requiere de procederes en tierras gringas. No hay encierro en el mundo que depende de una industria tan creciente. Por eso, mientras Durán ve cada campeonato como la reivindicación de su pueblo, también el director –guionista además del filme– acaba paulatinamente con un mundo binario que se va quedando meramente en la cabeza del boxeador.  

Jakubowicz es responsable de un largometraje de adrenalinas. Sin embargo, no está exento de debilidades. Al buscar abarcar varios aspectos de la vida del boxeador, hay momentos que quedan en el limbo, sin mayor explicación o emoción en su desarrollo.  Claro, estos detalles no son lo suficientemente débiles para derrumbar toda una obra bien lograda.

Manos de piedra contiene el típico mensaje de superación, pero con el condimento necesario para hacer que lo que parece rutinario devuelva por algunos el misterio a lo que se considera conocido o previsible.