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Leer a Victoria de Stefano

Victoria de Stefano, escritora venezolana / William Dumont

Victoria de Stefano, escritora venezolana / William Dumont

El pasado mes de noviembre, del 20 al 23, tuvo lugar en Mérida la IX Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, en cuyo marco la Universidad de Los Andes otorgó a la narradora y ensayista Victoria de Stefano el Doctorado Honoris Causa. Papel Literario suma hoy su homenaje a esta emblemática autora venezolana

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Desde hace algunos años, cuando me preguntan quién es a mi juicio el mejor narrador venezolano vivo, respondo sin vacilación y sin consideraciones de género: Victoria de Stefano. Por esta y otras razones me sumo encantado al merecidísimo homenaje que le rinde la ilustre Universidad de Los Andes al concederle a la gran dama de la literatura venezolana el Doctorado Honoris Causa en Letras dentro del marco de la IX Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, acto que se realizó el 21 de noviembre de este año en el Paraninfo de la ULA. En este breve escrito me referiré de manera sintética a la obra narrativa de Victoria de Stefano, centrándome en las ocho novelas que nuestra autora ha publicado hasta el presente. 

 

1. El desolvido (1971)

Los años sesenta en Venezuela son considerados como la década violenta. A partir de 1961 surgen movimientos subversivos que se rebelan contra el gobierno de turno. Esos intentos utópicos de cambiar el mundo fracasaron. De ese proyecto malogrado trata El desolvido, en un tono realista y descarnado, que en el concierto de voces de sus protagonistas pudiera leerse como un testimonio autobiográfico. La autora recurre al expediente de la ficción y le imprime a su relato un carácter autocrítico y cuestionador, que incluye una propuesta ética.

 

2. La noche llama a la noche (1985)

Es esta una novela acabada, sin fisuras, una demostración de madurez. Aquí Victoria de Stefano se muestra dueña y señora de su oficio, juega y baraja sus cartas como un consumado tahúr. Novela dentro de la novela, La noche… es una apuesta arriesgada por la postmodernidad narrativa. Matías, el personaje central, que pareciera pertenecer al mundo de El desolvido, hace su aparición sumergido en una acción desesperada. Pronto desaparece, pero se mantiene como una presencia viva en la memoria de su hermano Ramón y en la mente del novelista, amigo de aquél, que va reconstruyendo y reinventando la historia.

 

3. El lugar del escritor (1992)

En esta novela está condensada la esencia de la escritura de Victoria de Stefano, sus mejores y más refinados atributos. Predomina la conciencia vigilante y crítica de la narradora, su aguda inteligencia, el hábil manejo de los instrumentos de su oficio, su apego a una labor que es su razón de ser, su conocimiento de lo humano y el reconocimiento del lugar que ocupa sobre la tierra. La acción central del relato, que en algunas instancias hace guiños a una novela de Virginia Wolf (Entre actos), se cumple en el transcurso de una fiesta de artistas. La narradora-protagonista observa a los personajes de una fauna que conoce muy bien, y los va describiendo en sus detalles más íntimos y significativos. Y también se observa a sí misma, reflexiona acerca de su condición de novelista y se regocija en su labor.

4. Cabo de vida (1993)

Aquí la autora explora el mundo de los otros, lo ajeno y distante, aquello que sólo la ficción hace posible. Los personajes, ocupados en tareas de supervivencia, adquieren un carácter épico donde se manifiesta el heroísmo de lo cotidiano. Vaciada en un molde realista y escrita con un lenguaje terso, pulcro y cuidado, Cabo de vida pareciera ser un homenaje a los desheredados de la fortuna, a los pequeños seres tan próximos y lejanos. Y en su minuciosa descripción se convierte en un alegato donde predominan los más puros valores de la solidaridad. Se entiende en esta narración el significado de la compasión.

5. Historias de la marcha a pie (1997).

Esta es la apuesta mayor de Victoria de Stefano, su opera magna. Densa y rica en matices, se abre como un abanico de múltiples relatos, y funciona como una profunda indagación en la memoria prodigiosa, suculenta y voraz de la narradora que emprende una marcha a pie con el propósito de visitar a un amigo suyo de toda la vida aquejado de una grave enfermedad. La marcha se convierte en una fascinante peregrinación por los territorios del lenguaje, acompañada por el ritmo y la musicalidad de la narración y por el desarrollo de una trama rizomática con resonancias proustianas. Novela total, semejante a una caja de Pandora, donde cada historia encuentra su lugar.

6. Lluvia (2002)

Formidable escenificación del mundo del escritor: la puesta en escena, a dos niveles, de su drama existencial. Arriba, en lo que se considera un plano superior, el lugar de la creación. Y abajo, a ras del suelo, el sitio donde se cuecen las habas. El espíritu que flota y el cuerpo que se asienta en el piso. Arte y naturaleza, que para nuestra autora no son elementos contradictorios sino complementarios. Vida y escritura, dos temas que son uno y que han sido motivo de reflexión permanente para Victoria de Stefano, encuentran en esta narración sutil y magistral su más esclarecedora y equilibrada consideración.

7. Pedir demasiado (2004)

Relato limpio que plantea un conflicto existencial: el padre acompaña a su hija en el duelo que esta sufre por la pérdida de su amado, se ocupa de ella, provee sus necesidades e intenta conducirla al lugar de la normalidad. En ese intento recurre a ideas fantasiosas dictadas por la desesperación. Y luego va comprendiendo que en la vida no funcionan las leyes de la compensación, que al sufrimiento no le sigue ninguna dicha, que el destino no es dictado por ningún ente superior. Al final prevalece la existencia en su estado natural, con sus alegrías y tristezas danzando en el mismo espacio.

8. Paleografías (2011)

Cuando se creía que Victoria había alcanzado el cenit de su escritura con Historias de la marcha a pie, nos sorprende con esta magnífica e impecable novela. Augusto, un exquisito pintor al borde de la vejez, recibe un oscuro diagnóstico acerca de su salud. Y decide entonces aislarse de su mundo cotidiano, se refugia en un lugar apartado, cerca del mar. Allá, luego de una serie de señales enigmáticas en el marco de una naturaleza violenta y feraz, encontrará una nueva razón de ser encarnada en la belleza de una mujer. Pasada la tormenta, Augusto se siente renacer. Para un lector avezado, advertir en Paleografías la presencia de Thomas Bernhard y de W. G. Sebald, autores predilectos de Victoria, es algo más que un descubrimiento: es la constatación del parentesco de nuestra autora con dos de los más grandes narradores de lo que podríamos llamar la zona oscura de nuestros tiempos.

Leer a Victoria. Leer a Chuang Tzu

Una de mis más grandes fortunas como lector es haberme encontrado con Historias de la marcha a pie. Desde entonces me convertí en adicto a la escritura de Victoria de Stefano. El año pasado tomé algunas notas para un trabajo (todavía inconcluso) sobre Paleografías. Hoy, cuando hojeaba la libreta donde registré esas notas, al lado de unas citas del Chuang Tzu tropecé con ésta que no he podido comprobar si pertenece al sabio chino o a la novela de Victoria: “Muerte y vida, existir y perecer, éxitos y fracasos, pobreza y riqueza, deshonras y honras, hambre y sed, frío y calor son mudanzas de las cosas y la marcha del destino”. Si me apropio de esta frase, estaré homenajeando a ambos autores por igual, pues como escribía el mismo Chuang Tzu: “La palabra no es una mera emisión de aire”.

Mérida, 8 de noviembre de 2012.