• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Juan Páez y el virus de la escritura

Viaje a la incertidumbre, de Juan Páez Ávila

Viaje a la incertidumbre, de Juan Páez Ávila

Juan Páez se parece a unos hombres de hace mucho tiempo, que leían y luego comentaban

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Decía George Steiner: "Cuando la palabra eligió la tosquedad y flaqueza de la condición humana como morada de su propia vida imperiosa, la persona humana se liberó del gran silencio de la materia. O, para emplear la imagen de Ibsen, golpeado por el mar tillo, el mineral insensato se ha puesto a cantar".

El hombre es un ser lanzado al infinito a través del lenguaje, trasciende por el habla y la lengua, por la capacidad de dialogar. Y sin embargo, cuando hace uso constante de esa comunicabilidad que lo define, puede parecer un afiebrado, un infectado de palabras.

Porque curiosamente, la mayoría de los seres humanos le da poca importancia a ese milagro de hablar y de escribir. No lo considera altamente necesario o imprescindible. Hasta que pierde la voz o se queda sin la conciencia escrita.

Por eso uno celebra a los señores que sigue usando el verbo para enlazar el pasado con el presente y para construir puentes que lleven una memoria hacia el futuro, hacia las generaciones por venir, que se podrán ahorrar unas cuantas oscuridades si se toman la molestia de leer.

Desde hace muchos años a Juan Páez Ávila lo agarró el virus de la escritura. Ese es un virus que se introduce hasta el último rincón de la mente, de la memoria, ahí donde se acumulan los vapores subterráneos de la nostalgia. Es un virus que sólo se cura con reposo y con olvido y por eso se apodera cada vez más del cuerpo y la mente de Juan Páez Ávila.

Es un hombre que no reposa debido al hecho inevitable de que su memoria es como una maquila de recuerdos. Por eso siente la necesidad vital de escribir y de contar sobre las historias que escucha, que ha escuchado y que ha vivido. Esa es, por cierto, su particularidad: aunque los lectores crean en algún momento que Juan Páez está inventando historias, la verdad es que se trata de hechos que ocurrieron o que ocurren. Él se dedica, con paciencia de joyero, a entrelazar vidas y acciones, hasta llegar a la culminación de la narración fundamental.

En esta nueva novela suya, Viaje a la incertidumbre, predominan dos personajes tan interesantes y atractivos que resulta imposible soltarlos. La guerrillera que desaparece y el hombre que la busca con obsesión de enamorado.

Ellos, con el enigma sentimental que los une y los aleja a la vez, son el hilo conductor de todo lo que ocurre. Repito sin ningún remordimiento: no se puede contar de manera fiel lo que se lee. Hay que leer las obras para que cada quien pueda obtener lo suyo y entregarle lo suyo a esa escritura. Todo libro es un espejo que funciona de ida y vuelta. Las palabras escritas ejercen su poder de acuerdo a cada lector y lo que a uno le parece revelador a otro le resulta una bagatela. Pero el encuentro entre el autor y el lector es algo poderoso, donde no hay ni habrá un tercero interviniendo. Uno sólo puede dar luces, precisar datos, motivar para que la gente agarre un determinado libro y acepte caminar por ese precioso laberinto.

A mí me interesa lo que hace Juan Páez Ávila, en primer lugar por amistad: tengo ese privilegio, soy su amigo y él es mi amigo. Y luego me asombran en demasía su tenacidad, su pasión historiadora, su vocación de cronista y esa belleza trovadora, que de repente aparece en sus frases, con tono de canción que se ha filtrado entre las rocas de su paisaje anímico.

Confieso que siempre leo sus libros porque me atraen sus títulos: son una carnada perfecta. Después de leerlo, me siento como si lo escuchara en una de esas conversaciones en que Juan Páez comienza a contar esto y aquello, la vida de alguien que por alguna razón ha rozado la suya. Así como sus historias rozan la vida de uno.

Juan Páez se parece a unos hombres de hace mucho tiempo, que leían y luego comentaban y relataban en una plaza muy íntima, todo lo ocurrido en el pueblo o en el universo.

Cada libro suyo es una plaza infinita con un hombre contando historias conmovedoras.