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Juan Iribarren subvierte a Mondrian

Sin título. Óleo sobre lienzo, 40”x 48” (2012) de Juan Iribarren

Sin título. Óleo sobre lienzo, 40”x 48” (2012) de Juan Iribarren

Serie Artistas venezolanos en la Bienal de São Paulo 2012

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Hay quienes les disgusta pensar o admitir que, como seres culturales que somos, inevitablemente venimos cargados de referentes culturales colectivos y particulares que determinan conductas, hábitos, convicciones, vicios y, por supuesto, gustos. Por ende, traemos un cúmulo de influencias artísticas.

En el mundo del arte esa negación existe, sobre todo cuando el artista está emergiendo. No comprendo por qué tendemos al desconocimiento de “lo anterior”, si además es una certeza que vivimos en un mundo cada vez más cargado por lo visual y cuyas imágenes nos penetran. Ciertamente, desde el surgimiento del modernismo y  de las vanguardias, la originalidad estética ha sido una gran preocupación. Sin embargo, hay que tener presente que muchos artistas representativos de la época tenían en mente “rehacer” y no tanto “hacer lo nuevo”: Manet quería rehacer a Giorgione, Cézanne rehacer a Poussin. Las formas o representaciones, digamos heredadas, integran nuestro inconsciente colectivo y la genialidad artística no creo que escape de ello.

 

“Un vanguardista en nuestros hogares”

En este transitar de imágenes y discursos, el arte muchas veces es reproducido en serie, casi siempre sin mayor sentido que el de obedecer a fascinaciones hacia la moda: nuestra obra favorita no sólo la admiramos en un museo sino que, muchas veces, podemos conseguirla como diseño de la cortina de la ducha o decorando alguna de nuestras piezas de vestir favorita. Las Composiciones de Piet Mondrian ejemplifican a la perfección este fenómeno de tiempos de reproductividad técnica, unas veces para bien y otras para mal: obra que se creó dentro de lo contracultural caló en exceso en el discurso cotidiano.

Tal vez como acto irreverente hacia esa fascinación del mundo mass media y de la moda hacia las Composiciones neoplásticas de Mondrian, es que Juan Iribarren (Caracas, 1956) decide subvertirlas y llevarlas aún más allá alojándolas en su propio imaginario. Las piezas exhibidas durante la 30ª Bienal de São Paulo lo comprueban. El artista venezolano “rehizo” el lenguaje estético de Mondrian en tanto que lo extiende en libertad. Al ver un Iribarren en principio nos puede llevar a evocar a las famosas Composiciones (incluso a Mercedes Pardo, como referente venezolano), pero pronto esto se nos olvida porque traslada ese discurso a una poética personal, que no mimesis: “Es una estructura mondrianesca, pero con mi pintura atmosférica. Manipulo las líneas de Mondrian. Fue un gran reto. Yo sólo jugué feliz con eso. Colores de sombras y un compás de rectángulos atmosféricos no planos sino con estructuras de sombra". Iribarren dialoga con el artista neerlandés, pero también lo hace con su propio genio para crear otra estética: toma los bloques de color y líneas, las subvierte y rehace mediante el empleo de otros códigos visuales en los cuales imperan la luz del sol que baña los espacios y esquinas de su taller.