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Juan David Correa: “Este es un proyecto vital”

Álvaro Robledo y Juan David Correa, editores de El Peregrino /  Cortesía El Peregrino Ediciones

Álvaro Robledo y Juan David Correa, editores de El Peregrino / Cortesía El Peregrino Ediciones

La editorial El Peregrino Ediciones, creada por dos escritores colombianos, en un poco más de dos años ha creado un catálogo con delicadas ediciones de libros de narrativa, crónica, relatos de viajes, memorias y álbumes para niños y jóvenes 

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Un señor delgado y alto, vestido con pantalón y chaqueta negra, quizás con un corbatín o un pañuelo, tal vez con un cuidado bigote. Al lado de él una maleta. Es un viajero. Va de salida (¿o de entrada?). Dispuesto a descubrir, recorrer, sorprenderse, imaginar, esperar. Dispuesto a todo eso que implica un viaje, en este caso literario. El personaje es el logotipo que identifica a la editorial colombiana El Peregrino Ediciones.

Juan David Correa, editor junto con Álvaro Robledo de la casa de libros, explica que a ambos les gusta la literatura de viajes, la idea de movilidad, de no permanecer en un solo lugar y de allí viene el logo de El Peregrino. “A Álvaro le gustan mucho las viñetas, la literatura del siglo XIX, el diseño un poco deco, y el logo es este personaje que creamos nosotros como una suerte de símbolo de lo que nos gusta. Los libros son viajes que te permiten entender y conocer otras realidades. Y un lector es un viajero con una maleta siempre dispuesta para partir hacia cualquier lugar. Esa idea de no estar y no permanecer siempre en un mismo lugar nos gusta mucho, creemos que eso le falta a un país como Colombia, tradicionalmente mucho más provinciano que Venezuela, un país con tradición de migración casi nula, Colombia cerró las puertas en los años cincuenta a muchos extranjeros que sí llegaron a Venezuela, a Perú y a otros países de América Latina. Eso creo que ha perjudicado nuestra mirada cultural hacia el mundo, hemos vivido encerrados sobre nuestra propia realidad y lo que pretende El Peregrino es decir que otras realidades existen, que somos parte del mundo, que nos interesa el mundo y no solamente mirarnos el ombligo como colombianos”.

Con un poco más de dos años de creada, El Peregrino tiene un precioso catálogo compuesto por obras de ficción y no ficción. Correa y Robledo, ambos escritores, fundaron la editorial pensando en retomar la idea de un editor más cercano al autor. “Los dos fundamentalmente hemos sido escritores y hemos publicado con casas grandes en Colombia y, sin embargo, nos daba la sensación en ese entonces que el oficio de la edición, del editor como un interlocutor cierto y como un guía para los escritores se había perdido en Colombia. Así que nacimos con la idea de ser editores que son, antes que todo, interlocutores de quienes presentan manuscritos.

Somos editores literarios, si se quiere, publicamos literatura de ficción y de no ficción, hacemos algunos libros para niños. Nuestra idea fue hacer los libros que nosotros quisiéramos tener. Comenzamos con una colección pensada por nosotros que se llama Inmigrantes, que viene en una pequeña caja, son cinco libros de bolsillo y cada uno corresponde a una ciudad distinta, narrada por un escritor o por alguien que escriba que ha vivido allí y que no es originario de ese lugar. Eso nació por una conversación entre Álvaro y yo en la que nos preguntábamos cuál era la marca de nuestra generación y nos encontramos con que la inmigración, la idea de irse de nuestros países, ha sido algo que nos ha marcado mucho por nuestras convulsas realidades

Hemos hecho otra serie de libros pensando en que queremos publicar libros de nuestros amigos, de la gente que quizás no se ha atrevido a publicar en editoriales más grandes por miedo al rechazo. Acabamos de publicar dos autores consagrados en Portugal. La idea nuestra es tener un promedio de cinco libros publicados al año más o menos”.

—¿Qué ha sido lo más difícil de asumir la editorial?

—Tiene una complejidad muy grande porque, finalmente, tenemos que trabajar en otros oficios para ganarnos la vida. Este es un proyecto vital que hacemos porque nos gusta, porque creemos que el libro es un objeto cultural.

Todo lo que rodea a una editorial de manera pragmática es muy complejo, es pesado, es duro, requiere una inversión, requiere una fuerza de trabajo constante no sólo para editar textos, que es el oficio más agradecido y más bonito de la labor editorial, sino también para la distribución, para llevar los libros hasta las librerías, para tener presencia en ferias internacionales.

Por fortuna, en Colombia ha ocurrido un fenómeno en los últimos ocho años y es que han aparecido un promedio de diez o doce editoriales que nos hemos reunidos en una suerte de colectivo informal que se llama La Ruta de la Independencia, nos hemos unido incluso para abaratar costos y para alivianar el trabajo pragmático que tiene una editorial.

Nosotros comenzamos de una manera un poco frugal, haciendo libros e imprimiéndolos y llevándolos nosotros mismos a las librerías, pero creo que a medida que pasa el tiempo y uno empieza a hacer un catálogo esto requiere de una profesionalización, de tener un distribuidor, de tener una parte contable seria.

Creo que quien hace libros para quejarse es mejor que cierre la editorial y ya. El oficio editorial es un oficio duro en nuestros países, hay unos niveles de lectura muy bajos pero eso no implica que uno no crea que hay un grupo de lectores interesados en lo que uno hace y eso lo demuestra, de alguna manera, el pequeño éxito que nosotros modestamente hemos tenido.

—A las editoriales independientes se les asigna tres grandes características: su vocación cultural, el descubrimiento de nuevos autores y la edición de un catálogo de calidad, ¿crees que hay alguna otra característica esencial de los editores independientes?

—Yo diría que hay una especie de idea de estar a la contra de lo que dicen los gurúes del mercado. Creo que hay una apuesta por unos mercados pequeños, hay una idea de negocio muy distinta a la de los negocios tradicionales, hay una idea de crear libros específicos para nichos específicos de lectores interesados. Creo que sí hay una vocación cultural, hay una creencia en el libro como un objeto cultural que ha permanecido a lo largo de la historia.

—Ustedes apuestan al libro impreso, pero ¿cómo ven el tema del ebook?

—Creo que es tonto pelear con el ebook y decir que no nos interesa, claro que nos interesa pero hemos querido hacer un crecimiento gradual. Nosotros no empezamos esta editorial con la idea solamente de que nos leyera mucha gente, sino con la idea de publicar lo que nosotros queríamos publicar.

Creo que es necesaria la entrada al ebook, pero creo que los objetos que hacemos como libros son los suficientemente poderosos y valiosos como para que se defiendan solos. Evidentemente en el tema de narrativa o de crónica hay que entrar al mercado digital, eso todavía no lo hemos hecho, estamos estudiando cómo entrar a ese mundo, no por las dificultades técnicas ni mucho menos porque eso ya es muy fácil en este momento, sino porque nos interesa posicionarnos primero como una empresa cultural que defiende un valor físico que tiene el libro y, más adelante, nos meteremos en el mundo digital.