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Juan Carlos Chirinos: “Yo quiero ser un agente fantasma”

Juan Carlos Chirinos / Foto Vasco Szinetar

Juan Carlos Chirinos / Foto Vasco Szinetar

El derecho y el revés de la literatura venezolana hoy (Parte II): Entrevista

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1. ¿Puede enumerar los momentos iniciáticos mas emblemáticos de su vida? Hable de uno de ellos, por favor.

Creo que los momentos más «iniciáticos» de mi vida siempre fueron los de la víspera del primer día de clases, cuando le sacaba punta a todos los lápices, arreglaba los creyones y forrábamos los cuadernos. Esa era una noche mágica, si he de ser sincero. Otro momento importante fue el día en que dejé Venezuela, cuando el avión levantó vuelo de la pista de Maiquetía y se fue. Me recordó el momento en que dejé Valera para mudarme a Caracas. Y cada libro importante de mi vida ha llegado como una iniciación. La última ha sido La marcha Radetzky, de Joseph Roth. Un universo.

2. ¿A qué edad supo que quería ser escritor? ¿Cuánto tiempo transcurrió entre ese momento y la elaboración  de su primer libro (publicado o inédito)? ¿A quién se lo dijo por primera vez?

Puede ser que lo haya hecho consciente a los 18 años, pero seguramente ese deseo siempre había estado allí, desde que leí Platero y yo, a los siete años. No se lo dije a nadie, realmente; no parecía ser una noticia importante, solo una decisión que esperaba. Mi primer libro, Leerse los gatos, lo terminé en 1993, y aunque luego ganó un premio, no se publicó sino hasta 1997. Eran los años de la crisis bancaria en Venezuela.

3. ¿Autores de cabecera? ¿Han cambiado con los años?

Muchos, y han cambiado con los años, desde luego. Libros que persisten en mi memoria: Platero y yo, La rosa y el anillo, Ana Isabel, una niña decente, Viajes de Gulliver, Caballito loco, La trepadora, Sobre héroes y tumbas, El falso cuaderno de Narciso Espejo, Rayuela, Percusión, El bosque de la noche, Ulises, Ficciones, Cien años de soledad, La montaña mágica; y biografías, que siempre me han gustado mucho. Ah, y cómics: Lucifer es mi preferido. El Cid y Don Quijote, son dos aficiones que no pienso dejar jamás. Estos autores quedan y siempre vuelvo a ellos; y se van sumando nuevos. Los últimos, Joseph Roth, Benito de Nursia, Isidoro de Sevilla, Adam Thirwell, Benito Pérez Galdós, Rafael Chirbes. Por fin he leído –en una sentada– Persona non grata, de Jorge Edwards, una obra maestra del testimonio novelado. Es un libro que, como todos los buenos libros, quiero releer. Cada año que pasa sé que he leído menos de lo que deseaba. Es una lástima, pero es así.

4. ¿Se ha descubierto imitando inconscientemente a un autor? ¿Cómo se ha sentido? ¿Cómo detener esa imitación?

No me he descubierto: lo he hecho a propósito. Jamás me ha acomplejado imitar a quienes me parecen grandes. Los dos primeros fueron, por cierto, William Thackeray y Guillermo Meneses: Adolescencia es un cuento que siempre he querido escribir. No trato de detener la imitación; no sé lo que pasa, pero de alguna manera dejo de hacerlo, quizá porque se incorpora de manera invisible al discurso. Ojalá sea eso.

5. ¿Gregario o solitario? ¿Ha formado parte de grupos literarios? ¿Cree en las generaciones literarias?

Más bien un solitario sociable preocupado por las preposiciones. No sé si he formado parte de un grupo literario; creo que en eso que llaman la generación de los noventa, pero no estoy seguro. Aquí en Madrid tenemos un grupo, más de amistad que literario, los Bandini; hicimos una revista web y todo –La Mancha–, pero sin manifiestos y esas cosas. En principio, éramos cuatro amigos que escribían y almorzaban juntos para hablar de libros y demás cosas: Melini Pérez Zúñiga, Méndez Guédez y yo. Seguimos siendo amigos y seguimos almorzando.

6. ¿Usted quiere ser un artista muy famoso o de culto?

Yo quiero ser agente fantasma.

7. ¿Publica todo lo que escribe? ¿Lleva diarios personales? ¿Escribiría su autobiografía?

No publico todo lo que escribo. He tratado muchas veces de llevar un diario, pero me da pereza, o no tengo el hábito. Y la autobiografía la escribiría si me la pagan. Pero en mi última novela hice un experimento: fui escribiendo un diario de notas mientras trabajaba en la novela, para ir aclarando ideas estructurales, formales, estilísticas, y me resultó de lo más útil. Descubrí detalles que si no los hubiera verbalizado se habría perdido en los recovecos de la memoria. Puede que siga esa costumbre, porque me anima a seguir en la novela; pero que la pereza dicte sus deseos.

8. ¿Qué opina de la crítica? ¿Hay un crítico solapado en cada autor artista?

La crítica es indispensable; sin ella, la literatura está coja. Sí, cada autor es de alguna manera crítico cuando corrige. Pero un autor de ficción no tiene la obligación de ejercer la labor crítica como no sea para entender su propia obra. Hay que ser muy puntilloso con esta idea, porque el trabajo del crítico es distinto: es el espejo que explica al mundo lo que hace el otro, y lo orienta y lo ilumina. También es muy útil y entretenido cuando un escritor vierte sus ideas sobre novela en un libro; pero es algo diferente a la crítica. Mientras escribo, de Stephen King es una joya; pero él no es un crítico. Ni Garmendia, ni Highsmith, ni Vargas Llosa. Son escritores que piensan la escritura. Aunque en el caso de Vargas Llosa dudo, y pienso que quizá haya escritores anfibios que hacen ficción y crítica por igual. Una cosa es cierta y perentoria: en Venezuela hacen falta muchos críticos. Por lo menos cien Jesús Semprum y cien Cyril Connolly. Las escuelas de letras deberían saber cubrir esa función.

9. ¿Cómo soporta el peso del mundo?

No lo soporto. Por mí, que el mundo se caiga y quedemos solo los gatos.