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José Ovejero: “La realidad está sobrevalorada”

José Ovejero / Lisbeth Salas

José Ovejero / Lisbeth Salas

El ganador del Premio Alfaguara de Novela 2013 estuvo en Venezuela como parte de las actividades de promoción del libro con el que obtuvo el galardón, La invención del amor, y Papel Literario conversó con el autor español

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José Ovejero (Madrid, 1958) acumula centimetraje en la prensa de habla hispana: ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013 con su libro La invención del amor, que urde una historia en la que la ficción y loa afectos son protagonistas. Durante semanas el escritor ha viajado por Latinoamérica y España para presentar la novela y hablar sobre ella. El año pasado Ovejero también había sido noticia cuando recibió el Premio Anagrama de Ensayo por La ética de la crueldad.

Narrador, poeta, dramaturgo y ensayista, Ovejero pertenece a una generación de escritores que han habitado durante décadas en un entre lugar geográfico y lingüístico: esos que han decidido mudarse de sus países de nacimiento y han recorrido varios lugares. Y eso él lo ve como un síntoma de la época que toca vivir.

“Los escritores no somos independientes de nuestro tiempo, eso es un poco lo que le está pasando a mucha gente que no se queda en su país, eso que antes era evidente. La mayoría de los escritores españoles del siglo XIX, de principios del siglo XX vivían en España y no sabían ningún otro idioma que el español. Pues ahora los escritores de mi edad y de las generaciones más jóvenes, por mil razones, hemos vivido afuera más o menos tiempo. Y algunos ya se quedan fuera, no son capaces de volver a su país y se quedan en ese no lugar que tú dices o entre lugar, en el que no son de aquí ni son de allá, como dice la canción de Atahualpa”.

La distancia de su lugar de origen no ha provocado sentimientos de añoranza o melancolía en Ovejero, “soy poco nostálgico”, dice. De hecho cuenta que cuando se fue de España pasó mucho tiempo sin volver a ese país, a pesar de que vivía en Europa. Ahora, Ovejero ha regresado a Madrid para vivir y para reencontrarse con la ciudad. Entonces, ¿de qué modo ha influido ese entre lugar a su literatura?

“Eso ha afectado al tipo de temas de mi literatura, a los escenarios de mi literatura. Durante mucho tiempo España ni aparecía. Tengo una novela ambientada en Palermo y en Bélgica, cuentos como Mujeres que viajan solas que suceden en un montón de sitios del mundo. Últimamente sí estaba volviendo más literariamente a España con La comedia salvaje y ahora con esta novela, y es, quizás, porque en los últimos años he estado manteniendo más contacto con España, ahora acabo de volverme a vivir a España”.

—¿Te ves a ti mismo como un escritor español?

—Soy español aunque nunca he tenido un sentimiento patriótico. Soy español porque mi primera formación literaria y personal es española: crecí con El lazarillo, con la picaresca, con Cervantes, con Cela, entonces eso sí me ha marcado. Lo mismo que me ha marcado vivir en España en los tiempos de la dictadura o en la transición a la democracia. Sí, soy español, un español poco nostálgico. Lo que pasa es que luego en mi formación más adulta me he ido alejando de lo español. He leído a alguien decir sobre mí que soy un escritor muy atípico para España y que mis modelos están sobre todo fuera de España, lo que es verdad.

En la obra literaria que ha articulado Ovejero trabaja distintos registros y géneros. Saber qué idea, qué situación o trama va de determinada forma es un conocimiento intuitivo. “Es algo que ni me planteo, es algo que surge ya con su género. No me planteo ‘voy a escribir sobre este tema’, sino ¿ voy a escribir una obra de teatro sobre esta situación’”.

En La invención del amor Ovejero apuesta por el poder de la imaginación y narra una historia que, como una pequeña matrioska, contiene ficción dentro de la ficción, invención dentro de la invención. Al hablar de esta novela, la mayoría de los comentarios y entrevistas se decantan por hablar del asunto del amor, sin embargo, creo que es una novela sobre los afectos, en general, de la vida, entre ellos el amor de pareja.

—Vivimos una época en la consumimos mucha realidad. La literatura de ficción se vende muchísimo, están los reality shows, la televisión vende realidad, y tú escribes un alegato por la ficción, por el poder de la imaginación.

—Sí, de hecho, probablemente no es casual que la televisión de Samuel (el protagonista de La invención del amor) esté estropeada y eso es lo que le permite también meterse en otras historias.

La realidad está sobrevalorada, en el sentido de que lo que nos dan es un sucedáneo de la realidad, de la realidad que vivimos quiero decir. En lo que vivimos también hay ficción, pero todas esas representaciones de la realidad que se presentan como inmediatas, auténticas y espontáneas son un montaje siempre.

Siempre me ha parecido un poco ridículo lo de que “esta novela está basada en hechos reales”, ¿a mí qué me importa?, ¿qué más me da? O es una buena novela o no es una buena novela. Y si es una novela se aleja de los hechos reales. Creo que ahora mismo lo más interesante que hay no es escribir basado en la realidad sino escribir ficción. Una ficción que, como yo entiendo la literatura, no sea un mundo paralelo al que escaparse de una realidad que no nos gusta. A mí me interesa mucho más una ficción que crea un mundo paralelo que lo pone en contacto con el nuestro, es decir, la ficción no es la realidad, no creo ya como los realistas que la novela muestra a una sociedad o al individuo, no, es una representación como el teatro pero que no pone en contacto con nuestra realidad. Y, en ese sentido, me parece que la ficción sigue teniendo valor.

—¿Cómo ves hoy la novela como género?

—Quienes hablan del fin de la novela, normalmente hablan del fin de la novela como ellos la entienden y son incapaces de darse cuenta de que hay transformaciones que son una continuación de la novela. Como cuando James Joyce escribió el Ulises, eso no es novela en el sentido decimonónico y supongo que a mucha gente le pareció que aquello no era una novela y, sin embargo, no tenemos problemas en verlo hoy como una evolución de lo que había antes.

Ahora mismo me parece muy lógico que en el mundo en el que vivimos entrañe también una especie de disolución de los géneros, es decir, no pasa nada porque el ensayo y la ficción se entrecrucen, por ejemplo. De todas maneras no es nada nuevo porque Unamuno también lo hacía. Pero sí es verdad que se aleja un poco de la novela tradicional. Y los que están haciendo por ahí una novela más collage, en la que hay poca trama, pocos personajes y muchas más impresión pues también me parece que es novela y quién dice que no. Yo no veo ningún tipo de decadencia de la novela.